24 de enero 2008 - 00:00

"El problema básico era que la recesión no estaba incorporada en los precios de las acciones"

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- para quien la decisión de la Fed de reducir drásticamente las tasas de interés obedece al «pánico». Advierte que «el problema básico era que la recesión no estaba incorporada en los precios de las acciones. Y ahora estamos en pleno proceso de adecuación». Veamos.

El problema básico era que la recesión no estaba incorporada en los precios de las acciones
Periodista: La Fed no acostumbra servirse desayuno. Menos que menos, digiriendo una rebaja de tres cuartos de punto en sus tasas de interés. Gatillada además fuera de la agenda ordinaria de reuniones. ¿Pánico? ¿Se descubrió, de repente, algo que ignoramos? ¿Es el reconocimiento oficial de una recesión?

Gordon Gekko: Es el temor a las consecuencias potenciales de un derrumbe en Wall Street.

P.: Pánico.

G.G.: En frasco grande. La alta dosis es lo inusual...

P.: La Bolsa le arrancó la baja a la banca central...

G.G.: A mi modo de ver, así fue.

P.: No es la economía, entonces, el objeto que conduce las decisiones de la Fed, sino los avatares de los precios de las acciones, una materia volátil por naturaleza. ¿No se perdió ya la brújula de la política monetaria?

G.G.: Un colapso bursátil abrupto puede generar efectos reales. Entiendo que Bernanke y sus colegas reaccionaron -ante ese escenario por juzgar- lo dañino y altamente probable. La magnitud y el «tempo» del movimiento no son fáciles de justificar fuera de ese entorno.

P.: De hecho, el titular de la Fed de Saint Louis, Bill Poole, no estuvo de acuerdo.

G.G.: Correcto. Es una apreciación subjetiva, muy sensible. Nadie se quejó después del crac de octubre de 1987 porque la Fed revirtiera el curso de la política monetaria en un santiamén. Pero la evidencia del derrumbe estaba a la vista. Es más fácil tomar la decisión cuando se camina entre los escombros...

P.: El Dow Jones se precipitó 22% en una rueda y la Fed respondió con un módico recorte de tasas. Pero ni siquiera entonces aplicó tres cuartos de punto de un zarpazo. Y conste que no hubo recesión.

G.G.: Yo pensé lo mismo. Por eso creo que hablar de temor reverencial -o pánico, a secas-no es una exageración. La Bolsa mordió la banquina (no la economía) y la Fed pegó un volantazo...

P.: Curiosamente, el Banco Central Europeo -que asiste a la misma función en sala contigua-parece ver otra película. Se mantiene firme en sus trece. Y nada sugiere que Europa esté expuesta a terribles penurias...

G.G.: Nadie era más duro que el Banco de Inglaterra hasta que estalló la crisis de Northern Rock. Esta es una carrera contra el tiempo. Se verá cuál es el mejor enfoque en la última milla y no en las declaraciones iniciales de principios. La Fed en agosto también militaba contra la receta del dinero fácil y ahora, a esta velocidad de crucero, en la comparación, está dejando a Greenspan en el papel de una lenta tortuga...

P.: ¿Puede ser que la reacción de la Fed obedezca a que se haya convencido, finalmente, de que la economía de los EE.UU. se precipitó en una recesión?

G.G.: No de un día para el otro. No hay argumentos para sostenerlo.

P.: Más allá de las discusiones sobre la conveniencia o no del paso tomado, lo más dramático es que la iniciativa de la Fed no torció el curso declinante de las Bolsas mundiales.

G.G.: El mercado pide más.

P.: Para la reunión de la semana próxima ya se descuenta entre medio y tres cuartos de punto de poda. Más que descontarse, diría que se exige.

G.G.: Siempre se pide más. Es obvio que la Fed no puede sostener ese juego. No es su función. Debe velar por un funcionamiento ordenado de los mercados, pero ello no excluye, si corresponde, caídas significativas de cotizaciones. Y si la economía coquetea con un escenario de recesión y cae en la trampa, un mercado «bear» («bajista») es la regla. Esto es, valores para el Dow Jones y el S&P 500 20% por debajo de los máximos...

P.: Pese a todo el alboroto, ninguno de los dos índices traspasó todavía ese umbral...

G.G.: La economía se deterioró en diciembre y lo que va de enero. Pero muy poco, en comparación con el cambio brusco de sentimiento en las Bolsas. El problema básico era que la recesión no estaba incorporada en los precios de las acciones. Y ahora estamos en pleno proceso de adecuación.

P.: La magia de la política monetaria, por lo visto, no funcionó. Y a este ritmo la Fed se quedaría muy pronto con escasa munición. ¿Cómo sigue la película?

G.G.: Un mercado «bajista» promedio supone una retracción de 30% desde los máximos. Si los inversores no son seducidos por el canto de sirena de la Fed -y tienen razón en sospechar que la venta de casas no va a repuntar pronto por el mero influjo de las menores tasas-deberán ser alentados por cotizaciones más atractivas, con un margen de holgura que cubra las vicisitudes de una eventual recesión. Tasas de interés más bajas y estímulo fiscal van en camino. Podrán no ser eficaces de inmediato ni contrarrestar el momento negativo, pero no son elementos desdeñables.

Cuando se calme la ansiedad sobre la suerte de los bancos, lo cual llevará su tiempo, volverán a pesar en el radar.

P.: ¿Qué ocurrirá con la tesis del desacoplamiento? La percepción de mayores riesgos de recesión en Washington ha comenzado a perforar también la idea de un oasis perenne fuera de los EE.UU.

G.G.: Una recesión severa no pasará inadvertida. La idea de un boom persistente de la energía -y de los commodities-supone de suyo un trastorno internacional de poca monta. No es casual que con las turbulencias del momento, el barril de petróleo se haya replegado. Pero un barril de 87 dólares requiere una de dos: una economía mundial en expansión o, caso contrario, un paralelo recorte de la producción. Como el petróleo lo maneja un cartel, el segundo escenario no es descabellado. Pero para las demás materias primas, el requisito para extender la bonanza generalizada es que la demanda mundial no se dañe.

Dejá tu comentario

Te puede interesar