25 de mayo 2004 - 00:00

El secreto de China: alentar las inversiones

Shanghai - En los últimos 25 años, China creció a un ritmo anual de 9,4%. De esa manera, como acaba de señalar con precisión su presidente, Hu Jintao, pudo pasar del nivel de subsistencia a uno de modesta prosperidad.

Para poder crecer a ese ponderable ritmo, China ha logrado atraer un flujo neto de inversiones extranjeras directas realmente masivo. En rigor, sólo la superó, en el mundo, la inversión extranjera directa recibida por los Estados Unidos.

Así, en 2003 China recibió unos 47.230 millones de dólares de inversión extranjera directa. En 2002 había recibido algo parecido: unos 46.800 millones de dólares. Hay toda una gama de razones de peso para haber conseguido ese éxito.

Algunas, sin embargo, son más conocidas que otras.

En primer lugar, China es ya la sexta economía del mundo. Sus casi 1.300 millones de habitantes tienen hoy un ingreso anual per cápita que supera los mil dólares por año. El poder de compra agregado de esa verdadera masa humana es, entonces, realmente fenomenal. Pero el ingreso de la población urbana, tomada como sector, supera esa cifra, desde que ella tiene ingresos superiores al promedio nacional puesto que el ingreso promedio de los 800 millones de habitantes que conforman la enorme población rural china es, en cambio, de apenas algo más de unos 400 dólares anuales.

• Placer

Además, mientras el ingreso anual per cápita urbano chino aumentó el año pasado un espectacular 9,3%, el rural, en cambio, sólo lo hizo en 4,3%, lo que es siempre bueno, pero el ritmo de aumento en el agro es, obviamente, sólo la mitad del ritmo urbano. Aunque el primer trimestre de este año sugiere un crecimiento algo más rápido, consecuencia del aumento relativo de los precios de los productos del agro.

En las megaciudades, como Shanghai, la prosperidad social es ya ostensible.
Y es un verdadero placer advertido particularmente por quienes han visitado a China hace dos décadas, porque el contraste material es inocultable.

La economía de China no está cerrada.
Sus importaciones crecen, entonces, a un ritmo también frenético, de 15% anual. Por ello, China es ya el tercer importador del mundo y el principal de Asia. Cabe ahora, además, esperar que el flujo de inversiones chinas en el exterior (que aumentan a un ritmo de 20% anual) crezca significativamenteen el corto plazo. Particularmente en el sector de los recursos naturales.

En segundo lugar está el costo del trabajo, que es también un factor de peso, desde que los salarios chinos son aún comparativamente bajos y su legislación laboral carece de la rigidez que, en cambio, caracteriza a la occidental.

• Preferencias

A todo ello hay que agregar que la administración nacional es, en China, coherente y predecible en su trato al capital extranjero.

Parte del éxito en la política de atracción del capital extranjero puede atribuirse al hecho de que China, como veremos, incentiva -muy fuertemente-la inversión extranjera.

Especialmente cuando se trata de establecerla en localizaciones elegidas por razones de desarrollo.

Para destacar en qué medida los incentivos chinos son realmente significativos veamos, como ejemplo, el «paquete» que acaba de ofrecer a sus inversores la zona de desarrollo económico de Yangpu.

Vale la pena, creemos, detenerse en advertir la magnitud de lo que sigue, para entender lo poco que entre nosotros se incentiva efectivamente la inversión, en general. Y así nos ha ido.

En Yangpu, las principales preferencias y beneficios que se extienden a los inversores externos que allí se radican industrialmente son, entonces, los siguientes:

• Cesión de la posesión de tierras de propiedad del Estado por hasta 70 años de plazo, con posibilidad de renovación. Los primeros 15 años de posesión se confieren sin alquiler alguno.

• Autorización especial para poder importar y exportarsin demoras.

• Pago del impuesto a las ganancias a una tasa de sólo 15%. Durante los dos primeros ejercicios en los que efectivamente haya ganancias, las empresas promovidas gozarán de una exención total. En los siguientes tres ejercicios, la tasa será de 7,5% solamente. De allí en adelante se aplicará la tasa de 15%, que se respeta a rajatabla. Como debe siempre ser.

• En los diez primeros ejercicios desde que la empresa inversora obtiene ganancias, se le devolverá el total de las retenciones que, por impuesto a las ganancias, le pudieran haber sido hechas por terceros. En los segundos diez años se le devolverá, en cambio, tan sólo 50% de las retenciones que por ese impuesto le pudiesen haber sido hechas por terceros.

• Durante los primeros cinco años de operación se devolverá, asimismo, a la empresa inversora el total del impuesto al valor agregado (la tasa es de 25%) que le pudiera haber sido facturado por terceros.

• La empresa de servicios y las de construcción, así como las comerciales que inviertan en la zona por lo menos 600.000 dólares, gozarán de las exenciones impositivas por el plazo de cinco años.

• Los gerentes y los altos funcionarios de las empresas que invierten en la zona tendrán, también ellos, toda una gama de incentivos fiscales personales.

Como si todo eso no fuera suficiente, hay, además, para los inversores importantes beneficios aduaneros o tarifarios y distintas facilidades y exenciones de impuestos y derechos a la importación de equipos, materias primas, repuestos y combustibles utilizados en su proceso productivo por las empresas extranjeras.

Esta -la de la incentivación sistemática-es, cabe presumir, una razón más para el notable éxito chino en atraer el capital extranjero. Por la importancia cuantitativa de los diferentes beneficios fiscales que se confieren, en un mundo que, quiérase o no, es competitivo y abierto, ellos no pueden ser ignorados. Sencillamente porque tenemos que saber que es contra todo esto que competimos, por cierto. Lo que, cuando no se hace algo parecido, no resulta nada simple.

(*) Profesor visitante.
Universidad de Michigan.

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