Felipe II: la muerte postergada del monarca español

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Felipe II de España fue el hombre más poderoso de su tiempo. Su imperio se expandió a lo largo de su vida por conquistas, guerras y alianzas. Murió el 13 de septiembre 1598 entre pústulas, piojos y miasmas insoportables, en el Escorial, como un mendigo.

Dicen que para acceder a los féretros reales en la capilla de los reyes en el Escorial, es necesario que los poderosos monarcas hayan pasado 25 años en el "Pudridero", cámara vecina a la capilla Real donde, como lo da a entender su nombre, la naturaleza se encarga de degradar los restos de estas damas y señores hasta conservar solo su osamenta. En el caso de Felipe, el creador de esta necrópolis Real, su estadio en el tal pudridero llevó menos tiempo porque su cuerpo entró muy pronto en descomposición, como si se tratase del más miserable de sus súbditos.

En España le decían el Rey Prudente, aunque periódicamente se involucraba en contiendas para expandir su imperio y defender la fe. No bastaba todo el oro y la plata de su imperio para sostener las guerras y campañas por lo que contraía empréstitos que no siempre podía honrar. Sus reinos cayeron en default rres veces a lo largo de los 40 años que condujo los designios de la nación, pero estos desastres económicos no impidieron que proliferasen las letras y las artes.

Sus enemigos denunciaron su insaciable sed de poder, su intolerancia religiosa y lo acusaron de crímenes, como aquel que comprendía la muerte de una de sus esposas y del príncipe Don Carlos - que fue inmortalizado en una inexacta y tendenciosa ópera de Verdi-, conformando así lo que dio en llamarse la leyenda negra de Felipe II, tan negra como el color de las ropas que solía vestir.

Tantas responsabilidades y sinsabores mermaron su salud, y cuando Felipe rozaba las siete décadas, sufrió un ataque de fiebre que lo hostigó por un mes. Sus médicos, los más prestigiosos de su tiempo, y entre los que se encontraba el célebre Vesalio, poco podían hacer más que pronosticar un ominoso final. Sin embargo el monarca se repuso, y aunque debilitado, siguió conduciendo los destinos de su imperio -y podríamos decir del mundo- durante tres años más. Entonces, las fiebres y dolores le hicieron comprender que su final se acercaba, y aunque estaba muy débil para emprender el viaje, Felipe condujo a su séquito hacia San Lorenzo del Escorial para pasar allá sus últimos días.

San Lorenzo fue construido en forma de parrilla, como la usada para martirizar al santo. No se imaginaba don Felipe que le esperaba una suerte semejante. Uno pasó a la historia como santo y otro como un opresor, aunque ambos hayan abrazado la misma fe con igual vehemencia. Como dijo Fray Sigüenza, Felipe se sintió “asado y consumido del fuego maligno que tenía en los huesos”, como su venerado San Lorenzo.

Antes de morir, su enfermedad se había intensificado a tal punto que apenas soportaba el roce de una sábana. Un tofo gotoso afloró en su pierna mientras las llagas cubrían su cuerpo. Sea por incapacidad de moverse o por incontinencia, su habitación se convirtió en muladar, y en medio de sus tormentos su secretario lo visitaba para mantenerlo al tanto de los asuntos del Estado, que siempre coqueteaba con la quiebra.

El hedor que despedía su cuerpo lo tenía consternado. Él, que había sido un maniático de la limpieza, como correspondía a un obseso compulsivo, minucioso y ordenado, ahora debía sufrir la descomposición de su anatomía.

Desde la muerte de su hija Catalina Micaela, el monarca había perdido las ganas de vivir. El 8 de septiembre de 1598 Felipe tomó la comunión, pero de allí en más le prohibieron la ingesta porque temían que se ahogase al tragar la hostia. A pesar de estas limitaciones su agonía se prolongó por cincuenta horribles jornadas. El día de su muerte el Rey convocó a su hijo para que presenciase su estado desesperante. “Hijo mío, he querido que os halléis presente en esta hora -le dijo al futuro Felipe III- para que veáis en que deparan las monarquías de este mundo”.

(*) Médico oftalmólogo, investigador de la Historia y el arte y escritor. Autor del sitio Historia Hoy.

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