Qué falta para que el "Estado de Bienestar" se convierta en "Estado de Malestar"

Opiniones

Sin reformas profundas para generar riqueza, producción y trabajo genuino, en la Argentina el "Estado de Bienestar" post pandemia habrá llegado a su fin de ciclo. Si no hay cambios, nos quedará un "Estado de Malestar" social permanente.

Por Damián Di Pace.-

El modelo de Estado de Bienestar se expandió luego de la Primera Guerra Mundial, la gran depresión en la década del 30´y la Segunda Guerra Mundial. Durante esta pandemia ese Estado se hizo nuevamente presente en el mundo, con grandes asistencias fiscales en materia social, económica y salud, que en algunos casos de Europa, llegan al 35% del PBI, como en Alemania o Italia.

El sociólogo británico Thomas Marshall describió a este Estado como una combinación de democracia, bienestar social y capitalismo. El orden de la combinación no es aleatorio. En la Argentina, el último eslabón fue reducido década tras década, con la pérdida de protagonismo del sector privado, la producción, la creación de riqueza y la generación de empleo.

¿Cómo son los Estados de Bienestar en Europa?

Los países nórdicos socialdemócratas son tomados como ejemplos de asistencia social, educación y salud, basados en altas tasas impositivas. Sin embargo, el modelo cierra en que sus niveles de producción y desarrollo vía generación de riqueza, alta productividad e innovación permanente, generan altos nivel de ingreso.

El modelo anglosajón (Irlanda y Reino Unido) tiene subsidios de desempleo con poca protección del trabajo.

El caso continental (Austria, Bélgica, Francia y Alemania) es un modelo combinado del nórdico y anglosajón.

Pero todos se basan en Estados que en el tiempo generaron las condiciones para la generación de riqueza, producción, incentivos a la innovación, niveles de productividad y grandes economías de escala, que han permitido altos niveles de desarrollo en sus economías en el tiempo.

¿Cómo le fue al Estado de Bienestar en la Argentina?

De acuerdo al Informe “El Estado Asistencialista. Modelo de Dependencia y Fracaso”, presentado por la periodista especializada en materia previsional Clara Salguero, en la Argentina con el regreso de la democracia en 1983 hasta la participación actual del Estado en la asistencia social, la pérdida de participación del sector privado y empleo fue en progresión permanente en los últimos 37 años.

Gobierno tras gobierno -independientemente del partido político- han recibido peor situación social de su precedente, incrementando el gasto social sobre el gasto público por la pérdida de producción y empleo en forma permanente. Solo se logró revertir esa situación entre los años 2003 y 2008.

Entre los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner se logró equilibrar las variables macroeconómicas (baja inflación, superávit fiscal, superávit comercial, tipo de cambio competitivo, buen precio de los commodities, estabilidad cambiaria, baja presión impositiva respecto del PBI, entre otros) y se generaron condiciones de crecimiento y desarrollo. Pero el cambio de condiciones del contexto de comercialización internacional provocó un nuevo agotamiento y deterioro del campo social.

El primer plan social de la vuelta de la democracia como describe Salguero en base a datos de Anses se implementó en 1984, con el surgimiento de la “Caja Pan” luego reemplazado por el “Bono Salud”.

Unos 12 años después, en 1996, aparece el primer Plan Trabajar; Barrios Bonaerenses y Plan Jefes/as de Hogar, que implicaba solo 118.000 planes sociales. Para el 2002, luego de la crisis económica que había estallado en diciembre de 2001 con la salida de la convertibilidad, ya teníamos 2 millones de personas asistidas.

Pese a los años de crecimiento previos, en 2009 comenzó la nueva etapa de “asistencialismo social” con:

  • Plan Asignación Universal por hijo (AUH), con 4.282.032 personas asistidas;
  • Plan Asignación Universal por Embarazo (AUE), con 78453 personas;
  • Pensión Universal para Adulto Mayor (PUAM), con 172.356;
  • Pensiones no contributivas (PNC), con 1.399.536 personas;
  • Plan Progresar, con 565,918 personas.

En los últimos tres años de caída económica -y uno de crecimiento sándwich-, con pérdida de empleo y cierre de empresas, la asistencia social aumentó. Hoy en medio de la pandemia, los números de la Asistencia Social vuelven a mostrar una tendencia:

  • Seguro de Desempleo, con 117.382 personas;
  • Potenciar Trabajo, con 580.000 personas;
  • Tarjeta Alimentar, con 1.530.153 personas;
  • Plan Jóvenes, con 224.463 personas;
  • Seguro de capacitación empleo, con 9.772 personas;
  • Plan Promover, con 25.088 personas;
  • Inserción al Trabajo, con 107.062;
  • Entrenamiento para el Trabajo (EPT), con 135.303;
  • Incluir Salud, con 1.019.153 personas.

Por su parte, en el medio de la pandemia se creó el Plan de Asistencia Social más grande de la historia de nuestra vida económica: el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), con una previsión inicial de cobertura a 3.500.000 personas, que terminó siendo de 9.000.000. El Gobierno argumentó que el Estado desconocía la situación social de millones de personas y las incluyó.

Pero además, tenemos la incorporación del Plan Sumar, que es una ampliación del Plan Nacer, con 17.242.496 personas, destinado a aquellos que no tienen obra social ni prepaga. A su vez, se aplica una Tarifa Social a los servicios públicos (luz, gas, garrafa, transporte, agua, saneamiento y comunicaciones), que llega a 6.883.704 personas.

¿Cómo se financia el asistencialismo social?

De acuerdo a un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la Argentina tiene más planes sociales que cantidad de habitantes. En la actualidad contamos con 32 planes sociales que son sostenidos por 165 impuestos nacionales, provinciales y municipales. Ese crecimiento de la presión impositiva sobre las micro, pequeñas y medianas empresas no solo han sido el freno para generar riqueza, eliminar gradualmente la asistencia social y disminuir la pobreza, sino que han sido la causa de cierres de las pymes en ciclos de caída de la actividad económica con desincentivo fuerte a la inversión privada, como el que vivimos desde el 2011 a la fecha.

De la crisis del 2001 se salió con sustancial incremento del Plan Trabajar, para sostener niveles de pobreza intolerables.

De la crisis del 2020 -post pandemia- saldremos con un nuevo IFE, pero para la clase media que ya venía tecleando con la gestión de Mauricio Macri y que ahora tuvo el toque de queda con la cuarentena extendida.

Increíblemente, monotributistas, autónomos, prestadores de servicios profesionales y microempresarios pasaran a depender de los planes IFE.

La reforma tributaria y laboral post pandemia ya debería estar en debate. Ya debería estar proyectándose y alentando a los “caídos”, “por caer” y a los “que solo se sostienen” en esta guerra contra el enemigo invisible. Las moratorias ya no serán suficientes. El que cerró y quebró no tiene moratoria. La Argentina quedará con su actividad económica destruida y con incentivos hacia la inversión más ausentes que antes de la pandemia.

Estado de Bienestar vs. Estado de Malestar

En los últimos 37 años la asistencia social a través del Estado provocó un deterioro permanente de la situación económica y la actividad privada, generadora de empleo. El “Estado de Bienestar” en la Argentina se convirtió en “Estado de Malestar” social permanente, hasta llegar al extremo de pérdida de dignidad de la clase media que vio cómo su industria, comercio, prestación de servicio o emprendimiento quedo en el camino frente a los ciclos fluctuantes de una economía arrastrada por malas decisiones políticas. Las mismas políticas que a lo largo del tiempo minaron al sector privado de impuestos y arrastraron a la marginalidad a millones de argentinos.

Sin reformas profundas para generar riqueza, producción y trabajo genuino, en la Argentina el “Estado de Bienestar” post pandemia habrá llegado a su fin de ciclo. Si no hay cambios, nos quedará un “Estado de Malestar” social permanente. Ya se observa en el medio de la pandemia, con la actividad económica paralizada en el AMBA y activa en el Interior del país. Los vestigios en todo el país han sido enormes y solo se puede sostener la asistencia social vía emisión monetaria, por que la recaudación fiscal que tenía su límite en la pre pandemia, tocará piso en durante la pandemia y no podrá volver a niveles previos sin cambios que generen reapertura de miles de comercios, industria y servicios post pandemia.

El círculo vicioso durante y después de la pandemia económica será: déficit fiscal, emisión monetaria, inflación, suba de tasas de interés y devaluación. Un círculo muy conocido en la Argentina, y del que no podemos salir hace décadas.

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