29 de septiembre 2004 - 00:00

Falta una moneda de mayor calidad

Una manera de medir la bancarización de un país es relacionar el total de depósitos sobre el valor del PBI. Dicho coeficiente permite ordenar los distintos países según sea ese ratio o ver la evolución de un país a través del tiempo.

El caso argentino es sorprendente, ya que habiendo llegado a una proporción de los depósitos sobre el PBI en 1945 de 45%, cayó de allí en adelante a representar como promedio 15%, con un mínimo de 10% en 1990. Posteriormente existió un proceso de rebancarización que llega a un máximo de 30% en el año 2000. Cifra que ya había sido superada en la década del '20 y más aún durante la Segunda Guerra Mundial.

En pocas palabras, la desbancarización argentina fue y es un fenómeno estructural que responde a causas que deben ser exploradas cuidadosamente.

Hay países con un alto coeficiente de bancarización, más de 100%; otros intermedios, más de 50%; y finalmente los que están debajo de este número, entre los cuales se encuentra la Argentina. El caso argentino es bien extremo con una proporción por debajo de 25%.

Estos casos de 25% o menos se corresponden con aquellos países con una fuga estructural de capitales ( Colombia, México, Venezuela, etc.).

• Bancarización

Cuando uno quiere saber si el ahorro apoya el crecimiento local (crédito interno) no sólo debe mirar los depósitos bancarios sino también la dimensión del mercado de capitales, tanto de deuda como de acciones.

Los países con altas tasas de crecimiento tienen ambas características, un alto grado de bancarización y un profundo mercado de capitales: España, Irlanda, Portugal, Tailandia, Malasia, Corea, etc. Son países con una bancarización superior a 80% y con amplios mercados locales de capitales.

Es muy difícil encontrar un país con un crecimiento sostenido que no tenga estos dos atributos, alta bancarización y amplio mercado de capitales local.

Hay excepciones, se trata de aquellos países cuyo crecimiento se basa en la entrada de capitales extranjeros (México). Pero aún en los casos de amplia inversión extranjera directa (China), sólo es posible explicar su alta tasa de crecimiento por el crédito interno disponible, cuya fuente principal son los depósitos bancarios.

• Desmonetización

Muchas veces se ha confundido un fenómeno con otro, especialmente en el caso argentino.

En rigor, el fenómeno que precede a la desbancarización es el de la mal llamada desmonetización. No es que la gente decide no tener más moneda sino que cambia de moneda.

Los argentinos históricamente (ahorristas de todos los niveles) cambiaron la moneda local por dólares estadounidenses. Este es el fenómeno relevante para entender la mal llamada desmonetización ( dolarización) y la consecuente desbancarización.

• Ahorro para el crédito

La dolarización de los activos monetarios y la desbancarización estructural, tienen como consecuencia que el ahorro local sólo se transforme en pequeña proporción en crédito interno. Este es un tema crítico de la economía argentina.

Hay quienes erróneamente creen que el problema está en la estructura del sistema financiero; más capitalización bancaria, más o menos bancos extranjeros, más banca estatal, etc.

El tema central es la actitud de los ahorristas y de los demandantes de crédito. Ellos son los actores del mercado financiero.

Los ahorristas no creen en la moneda local, ni tampoco ven al Estado como un defensor de sus derechos de propiedad. Ante esta percepción dolarizan sus saldos financieros. Los demandantes de crédito quieren lo opuesto, deber pesos (devaluables) y, si es posible, a instituciones estatales ante las cuales se pueda no honrar las deudas sin graves consecuencias.

En definitiva el mercado de crédito en la Argentina está herido por la desconfianza de los ahorristas. Esta es la cuestión central.

La magnitud del crédito dependerá de lo que dispongan los ahorristas y los potenciales deudores. Al final del día unos y otros sólo estarán satisfechos si sus derechos de propiedad no están amenazados por el populismo distribucionista.

Una condición necesaria (aunque no suficiente) es tener una moneda (como unidad de cuenta) de mayor o igual calidad que el dólar. Sólo así los ahorristas mantendrán sus activos financieros en el país y entonces será posible recrear el crédito interno.

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