La inteligencia artificial dejó de ser una promesa a futuro y ya se convirtió en uno de los actores más relevantes en el tablero global de las inversiones. Y la línea divisoria no es si debemos invertir en tecnología o no —es evidente que sí—, sino separar a los que proveen el insumo escaso que la IA necesita de los que venden aquello que la IA vuelve prescindible. Entender esa grieta es hoy la principal tarea de quien arma una cartera.
Ganadores y perdedores de la disrupción de IA: cómo posicionar el portfolio de acciones
La IA puede ser extraordinariamente favorable para las inversiones, pero también introduce riesgos de cola mayores. Es aconsejable optar por la selectividad y diversificación.
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La línea divisoria no es si debemos invertir en tecnología o no —es evidente que sí—, sino separar a los que proveen el insumo escaso que la IA necesita de los que venden aquello que la IA vuelve prescindible.
En el primer grupo están los dueños de los chips necesarios para el entrenamiento y la inferencia de los modelos de IA: los fabricantes de las palas y los picos. El caso más emblemático es Micron. La fabricante de memorias reportó a fines de junio el trimestre más importante de su historia: ingresos por 41.460 millones de dólares, un salto de 346% interanual, con márgenes brutos récord de 85%. La ganancia por acción pasó de 1,91 a 25,11 dólares en un año, una suba de más de 1.200%. La causa es estructural: la memoria de alto ancho de banda que requiere la IA está agotada, y el propio CEO admitió que solo puede cubrir la mitad de la demanda y que espera que la escasez continúe más allá de 2027. Pese a la fuerte suba de la acción en los últimos doce meses, cotiza a 7 veces ganancias proyectadas, lo que representa una valuación aparentemente atractiva siempre y cuando se cumplan las estimaciones de los analistas, especialmente considerando que implica un descuento cercano al 70% frente al promedio del mercado, que se ubica por encima de 20 veces.
En el segundo grupo están los intermedios como Apple. La compañía está repleta de caja y bien posicionada para monetizar la IA en el futuro, pero mientras tanto sufre lo que el mercado bautizó "memflation". El paralelismo con Micron es notable: operan como espejo. El mismo mes que Micron mostró márgenes históricos, Apple tuvo que subir los precios de sus MacBook, iPad y otros equipos —no el iPhone, todavía— para compensar el costo de la memoria, que según sus propias palabras se cuadruplicó en tres trimestres. La acción cayó 6% en un día, su peor jornada en más de un año, y perdió 265.000 millones de dólares de valor. Algunos analistas calculan que el próximo iPhone debería subir hasta 270 dólares solo para sostener márgenes. Lo que uno gana como productor, el otro lo sufre como comprador.
Los riesgos y las oportunidades de una revolución que recién empieza
Ahora bien, lo verdaderamente relevante es que estamos ante una incertidumbre que corre para los dos lados. La IA puede ser extraordinariamente favorable para las inversiones, pero también introduce riesgos de cola mayores. ¿Qué pasa el día que los robotaxis dominen la logística mundial, con el altísimo porcentaje de empleos que dependen de esto? Y en un contexto donde los déficits fiscales de los principales países desarrollados ya están al límite y el crecimiento está presionado, financiar un ingreso universal para los desplazados no luce sencillo: la única vía sería subir impuestos.
Del otro lado de esa misma moneda está el "riesgo de no tener riesgo". Si la IA resulta ser todo lo que prometen los más optimistas, estar invirtiendo en Nvidia, Amazon, Alphabet, Broadcom, TSMC o Micron puede ser verdaderamente redituable, incluso desde los valores actuales. Más aún si consideramos que esas acciones no están en máximos sino que por el contrario algunas corrigieron fuerte, con valuaciones en varios casos más atractivas que en gran parte de la última década.
La conclusión, entonces, no es optar por blanco o negro. Es selectividad y diversificación. Tener exposición a los dueños del insumo escaso, ser prudente con los intermedios hasta que muestren cómo monetizan, y exigirles a los presionados pruebas concretas de reinvención. La correcta alineación de cada cartera al perfil de cada inversor sigue siendo la brújula más importante a seguir.
Gerente Comercial de Max Capital.




