Para qué sirve un Consejo Económico y Social

Opiniones

Es un espacio para el diálogo, el consenso y el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática.

Días pasados, el gobierno nacional dio el puntapié inicial para la conformación del Consejo Económico y Social para el desarrollo de la Argentina (CES). La iniciativa había sido adelantada el año pasado por el presidente Alberto Fernández durante la apertura de las sesiones de la asamblea legislativa. En dicha ocasión el presidente anuncio que enviaría el proyecto de ley para su creación, sin embargo el gobierno optó por dejar de lado él envió de dicho proyecto de ley- cuestión que no comparto porque podría haberse incorporado incluso en una sesión extraordinaria - y avanzo en dirección del armado del mismo.

Es para destacar que estos mecanismos de diálogo sociedad-gobierno cumplen el papel de promotores de la democracia no sólo participativa, sino además representativa y deliberativa. Ante una crisis de representación de los partidos políticos desde hace años en nuestro país y una cierta desconfianza ciudadana a los gobernantes, los CES pueden llegar a cumplir una labor de transición a la cohesión social tan necesaria en toda nación.

Hay que decir que el CES no es una experiencia novedosa en la Argentina. En diferentes períodos históricos fue uno de los ámbitos institucionales de articulación y diálogo entre el estado y las organizaciones de la sociedad civil. Los antecedentes nos revelan que anteriores consejos, quedaron básicamente centrados en los acuerdos de precios y salarios y esto si bien es necesario en un contexto como el actual, debe ser una parte de los ambiciosos objetivos que debe proponerse dicha institución. Estos organismos si bien son Ad-hoc y sus opiniones son no vinculantes, deben asumir el desafío y darse a la tarea de convertirse en ámbitos de diálogo y consenso de los temas nodales de la realidad social, económica, sanitaria, educativa, medioambiental y cultural de nuestra nación.

Ahora bien: ¿qué formato tendrá el CES argentino? y ¿qué organizaciones participarán en el organismo?. En tal sentido, opino que convendría incorporársele la pata política y en consecuencia convertirlo en un Consejo Económico Social y Político. Es central esto último, dado que la incorporación de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, forjaría la posibilidad de constituir un espacio institucional destinado a la construcción de acuerdos que logren traducirse en leyes y subsiguientemente en políticas públicas, dándole así un mayor marco de legitimidad, previsibilidad y acción concreta a los compromisos logrados.

Lo cierto es que más allá del tipo de modelo a adoptar, lo esencial debe ser definir si habrá de ser un espacio de “representación corporativa” – riesgo cierto que corren estos CES- o si por el contrario, habrá de constituirse en un espacio de “gobernabilidad democrática”. Precisar esto, no es una decisión entre tantas, sino que por el contrario, es la decisión a tomar, dado que de ella dependerá el éxito en el funcionamiento y resultado de dicho consejo.

El concepto de “gobernabilidad democrática” supone la “horizontalidad” en la gestión del poder, con miras a la resolución de problemas complejos y con la participación de los actores involucrados. Dicha noción se opone al concepto clásica de “gobierno”, la cual es empleada para designar a la autoridad tradicional del Estado que asume funciones de interés general por medio de una estructura vertical y delegativa. La gobernabilidad democrática apunta a modalidades de debate, de entendimiento, de negociación y de decisiones colectivas que logren contener a todos los actores involucrados. Con la gobernabilidad democrática se apunta a nuevas prácticas colectivas forjadas en la negociación y el consenso para establecer la toma de decisiones en las democracias representativas modernas.

Es importante entender que el solo discurso sobre el diálogo social, si bien es importante, no es suficiente si se propone hacerlo de manera efectiva. En efecto, la democracia supone pluralismo y reconocimiento de la existencia de grupos autónomos con intereses diferentes y a veces hasta contrapuestos; por consiguiente, la articulación de dichos conjuntos, conlleva necesariamente de su reconocimiento y participación”. En definitiva, todo espacio de diálogo y consenso debe estar regido por esta concepción de la democracia y el dialogo social. Para que organismos como los CES se desempeñen realmente como actores sociales para el desarrollo, se debe tener la primicia que el diálogo social sirva para la búsqueda de acuerdos y solución de los conflictos y no que se instituya como un simple referente de representaciones sectoriales y de mantenimiento de canales corporativistas. De otra manera, estos organismos corren el riesgo de asemejarse a espacios decorativos donde el gobierno los usa para legitimar sus propuestas de política pública sin mayor trascendencia en sus acciones.

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La plana mayor del gabinete económico participó de la primera reunión por el acuerdo de precios y salarios con los sindicalistas en el Museo del Bicentenario de la Casa de Gobierno.

La plana mayor del gabinete económico participó de la primera reunión por el acuerdo de precios y salarios con los sindicalistas en el Museo del Bicentenario de la Casa de Gobierno.

Es necesario comprender que los CES no sólo son instancias que conforman una alternativa de diálogo social, al conjugar a los sectores más representativos de las sociedades (empresarios, sindicatos, academias, organizaciones de la sociedad civil). Es preciso entender que los CES enriquecen la gobernabilidad democrática al generar dictámenes y políticas públicas que den respuesta a las problemáticas centrales de la realidad socioeconómica, como son el fomento al empleo y trabajo digno, la integración y movilidad social con educación, salud y alimentación de calidad y la promoción y protección de los derechos civiles, sociales y humanos como garantía del sistema democrático.

Solo así podrá sostenerse en el tiempo y servirá como un instrumento de fortalecimiento del sistema democrático, convirtiéndose en el posibilitador de los consensos imperiosos para alcanzar un mejor porvenir. Para lograr tamaña empresa, será necesario del compromiso no solo del actual gobierno, sino de las dirigencias políticas, sindicales, empresariales y sociales de nuestro país. Ya es tiempo que las dirigencias demuestren que a pesar de sus diferencias, sus preconceptos y desconfianzas existentes entre sí, tienen la capacidad de poder sentarse en un marco institucional a consensuar, acordar y desarrollar políticas de estado en beneficio del pueblo argentino. Exclusivamente de ellas dependerá si habrán de utilizar este CES para lograr este cometido, o lo habrán de utilizar como un escenario más de disputa y defensa de intereses particulares y sectoriales. Hagamos votos para que este CES sirva como un espacio institucional que ayude a buscar las soluciones que necesitan nuestro pueblo y nuestra nación.

(*) Licenciado en Ciencia Política y Gobierno (Univ. Nac. de Lanús), profesor en Docencia Superior (UTN), miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP). (@fidalgomarcelo)

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