"Hay un repliegue en la Bolsa a posiciones defensivas"
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York, a quien para no identificarlo se lo denomina Gordon Gekko, como el personaje que interpretara Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la baja de la Bolsa de Estados Unidos y la incidencia de los atentados: hay datos buenos, pero sigue sin recuperarse, aunque no muestra signos de debilidad.)
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Gordon Gekko: Es verdad. Le cuesta hacer pie.
P.: Y esa sensación de euforia que se adivinaba a simple vista en enero, se ha convertido en preocupación...
G.G.: Suele pasar cuando los papeles bajan.
P.: ¿El dinero está buscando refugio en sitios más seguros?
G.G.: Hay un repliegue hacia posiciones más defensivas. Y la semana pasada, por primera vez en varios meses, los fondos comunes que invierten en acciones sufrieron una salida neta de recursos.
P.: ¿Muy acentuada?
G.G.: Apenas 22 millones de dólares.
P.: Nada...
G.G.: Lo que hay que notar es el cambio de paso. En esa perspectiva es un frenazo. Brusco. La semana anterior habían entrado 3.300 millones y en todo febrero más de 26 mil millones...
P.: ¿Cree que se profundizarán los retiros?
G.G.: No me sorprendería. Estos flujos no son muy sofisticados. Más bien responden a la trayectoria previa de las cotizaciones. Son una variable que reacciona con atraso.
P.: ¿Peligrará la suba de la Bolsa -que descontaban tantos pronósticos- por falta de lubricante?
G.G.: No exagere. En lo que va del año, sólo los fondos comunes de acciones capturaron 70 mil millones de dólares en nuevos recursos. Es una cifra muy generosa. Deja un margen amplio como para absorber ahora un reflujo de salida.
P.: ¿Qué cambió en Wall Street que alteró tan visiblemente el sentimiento que uno palpaba pocas semanas atrás?
G.G.: Hasta que salió el informe de empleo de febrero (a principios de marzo), el temor era a que se recalentara la economía y ello trajera consigo una suba de tasas más rápida que lo pensado.
P.: ¿Y luego del informe de empleo?
G.G.: Exactamente lo opuesto. Se cuestiona la recuperación de la economía. Su calidad, su capacidad de mantenerse en el tiempo. Hay una búsqueda obsesiva de signos que presagien debilidad...
P.: ¿Y qué es lo que se encuentra?
G.G.: No mucho, sinceramente. Los indicadores arrojan lecturas positivas. Las órdenes de bienes durables resultaron muy robustas. Traen un ritmo de avance más acelerado que en el último trimestre del año pasado.Y también la venta de casas a estrenar sobrepasó las expectativas.
P.: Tal vez el obstáculo sea más simple. ¿El precio del petróleo -merodeando ya los cuarenta dólares el barril- no constituye una amenaza? Después de todo, las recesiones norteamericanas siempre estuvieron precedidas por subas en el valor del combustible...
G.G.: El petróleo puede hacer descarrilar una recuperación. Máxime si no está bien asentada o depende de factores de estímulo que tienden a perder vigencia con el paso del tiempo.
P.: Y bien podría ser el caso...
G.G.: Pero es la propia recuperación mundial -que es muy fuerte en todas partes menos en el continente europeo- lo que tira del carro. Y no al revés. No es un shock de oferta abrupto sino una demanda en ascenso.
P.: No cree que el villano sea el precio del petróleo...
G.G.: Podemos tomar la hipótesis y tratar de corroborarla. Es curioso, pero en un país que es un importador pleno de petróleo, que no produce una sola gota, como es Japón, la Bolsa está alcanzando nuevas cumbres en forma repetitiva. Antes y después de los atentados de Madrid. Hoy por hoy, Tokio es, casualmente, la que exhibe el comportamiento más firme entre todas las plazas internacionales.
P.: Usted mencionó las atentados de Madrid. Un misil israelí terminó con los días del líder de Hamas y se clama por venganza. El jefe de la seguridad de Londres dice que un atentado allí será inevitable. Se descubren explosivos en las vías férreas en Francia. ¿No son demasiados riesgos como para tomar otros en la Bolsa?
G.G.: Desde setiembre de 2001 estamos conviviendo con la amenaza del terrorismo. El riesgo «geopolítico», el riesgo de un atentado. Eso no va a cambiar. Pero su impacto sobre la confianza -de los inversores, de los empresarios, de los consumidores- reconoce altibajos. Y, es lógico, hoy atravesamos una fase de alto. Pero la experiencia nos dice que cuesta mantener esta tensión, que tiende a disiparse a menos que otro atentado recargue las baterías.




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