Inquisición en el INDEC no cede, se acrecienta
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Ciñéndonos exclusivamente a la información estadística (la falta de transparencia alcanza a otras áreas, como la gestión fiscal y monetaria), la Dirección de Cuentas Nacionales -a donde también llegó el Inquisidor- ha dejado, asimismo, de ser fiable.
Hemos quedado sin termómetro ni instrumentos para conocer el estado del paciente; la provisión de datos económicos fiables es otra área propia del Estado y en la que éste cede su lugar a los privados.
No hay esperanzas de que en el segundo mandato kirchnerista se termine con el falseamiento estadístico. La presidente Kirchner ha defendido la intervención en el INDEC.
La publicitada adopción de una nueva metodología, con elementos del sistema español y del estadounidense, está encaminada a ocultar y disimular previsibles reacomodamientos de precios para los próximos meses. La modificación más evidente en ese sentido sería el reemplazo por sustitutos de aquellos productos que registren subas significativas. También se podrán tomar listas de precios enviadas por las empresas o cámaras en lugar de efectuar relevamientos de campo (como ya ocurrió con el turismo, donde fuertes subas fueron trocadas por fantasiosas caídas de precios y tarifas).
La nueva canasta del índice se basará en los resultados de la última encuesta de gasto de hogares, lo que servirá para reducir la incidencia de los servicios, donde se esperan las mayores recuperaciones relativas. Del sistema estadounidense quieren tomar la medición de la inflación núcleo, que no computa alimentos ni energía. Todo vale en la versión K del combate a la inflación.
Es que no es sólo una cuestión de imagen. También está en juego la caja, verdadera espina dorsal del poder kirchnerista. Es que con cada punto de inflación que se oculta se ahorran casi u$s 600 millones de ajustes a aplicar sobre la deuda indexada por CER (entelequia elaborada para evitar hablar de indexación por inflación). A ello hay que sumar los ajustes e intereses que deberían aplicarse en el tiempo sobre ese mayor capital ajustado. Jugoso rendimiento para el gobierno el de la digitación de la inflación, aunque ello signifique una nueva quita a los futuros jubilados, que fueron forzados por el mismo presidente Kirchner a recibir esos títulos en el momento de la reestructuración de la deuda.
Todo sirve. La subestimación de la inflación tiene como contracara -no menos beneficiosa políticamente- la sobreestimación del crecimiento económico. Es que el crecimiento se mide a través del PBI a precios constantes. Y para ello, al PBI a precios corrientes se le aplica como deflactor de algunos componentes la inflación minorista y mayorista. Si el deflactor es pequeño, el resultado -el PBI- es mayor. He aquí un buen motivo para comprar cupones ajustables por PBI y vender bonos ajustables por CER.
Vale aquí señalar que diferentes señales -entre ellas, la recaudación del IVA en los últimos tres meses- sugieren cierta desaceleración en la actividad. Recientes sucesos, como los cambios retroactivos en regímenes tributarios, el incremento en la presión impositiva y previsional, y reiterados fracasos de las licitaciones para ampliar la oferta energética hacen pensar que los indicadores de crecimiento durante el segundo mandato conyugal estarán compuestos cada vez más por inflación oculta y menos por actividad genuina.
Pero si queremos una solución pronta que resguarde nuestro derecho a la información, poco cabe esperar de la Justicia argentina. El juzgado de Canicoba Corral, tan expedito en otros casos, tiene desde hace meses la causa. No contento con demorar estratégicamente el trámite para después de las elecciones, se preocupó por adelantar off the record a los medios su opinión de que «no constituiría delito» la tergiversación estadística. Para ello argumentó que la metodología no está regulada por ley y que no habría tergiversación «si tomaron precios acordados u otras fuentes». Es decir, si el índice queda reducido a un mero promedio de listas de precios autorizados por el gobierno, pero no vigentes en el mercado, para el magistrado no habrá falsificación estadística.
Para cubrir con un manto de transparencia su actuación, el juez ordenó reprocesar los índices. Lo curioso es que optó por encargar esa tarea a la Policía Federal, que, más allá de su carencia de expertise en la elaboración de estadísticas económicas, está directamente subordinada al Ejecutivo, responsable precisamente de subestimar la suba de precios.
Los técnicos del INDEC que prestaron declaración testimonial contra el secretario de Comercio fueron, en tanto, desplazados de sus cargos; el fiscal de Investigaciones Administrativas responsabilizó al juez por no haberles brindado la debida protección.



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