El calendario electoral inclina a los inversores hacia el "wait and see"

Opiniones

A los activos domésticos les cuesta acoplarse a las mejoras de los mercados externos, incluso de los emergentes, y en cambio sufren en aquellos ambientes de debilidad global que se vienen intercalando dentro de un clima de mayor volatilidad.

Los inversores se encuentran cada vez más encaminados a reconocer que el año ya quedó en manos de la agenda electoral, y de ahí que vengan activando el modo "wait and see" que se refleja principalmente en la apatía en su cotidiano comportamiento.

Así es que a los activos domésticos les cuesta acoplarse a las mejoras de los mercados externos, incluso de los emergentes, y en cambio sufren en aquellos ambientes de debilidad global que se vienen intercalando dentro de un clima de mayor volatilidad.

Ocurre que la escalada de la UST 10 años, así como las fuertes subas acumuladas en los últimos tiempos hasta niveles máximos, han llevado a Wall Street a transitar una etapa de consolidación, donde prevalece una mayor prudencia y rotación en carteras.

Aún así, el viento del norte se convierte en la principal "brújula" para motorizar los vaivenes de los bonos y acciones locales, que siguen exhibiendo castigadas valuaciones, tal como reflejan un riesgo país por las nubes alrededor de los 1.600 pb. y un Merval en los 320 dólares, a menos del 20% de los niveles de tan sólo unos años.

La ausencia de "drivers" de corto plazo, en combinación con un clima de incertidumbre política y económica, imposibilita activar con decisión apuestas tácticas por parte de fondos externos que busquen usufructuar de deprimidas cotizaciones.

A ello se suma una segunda ola que se teme tenga consecuencias negativas una vez más sobre la actividad económica, aún cuando se contaría con el beneficio de un fuerte rebote desde el "arrastre estadístico", así como en la delicada situación social.

Es por ello que durante el año podrían llegar a acentuarse los desequilibrios fiscales y monetarios proyectados inicialmente, dado que nuevas asistencias podrían resultar necesarias en caso de profundizarse los efectos adversos de la crisis sanitaria.

Así es que la demora en el acuerdo con el FMI, ya descontada hasta después de los comicios, podría complicar el entendimiento en dicha instancia ya que la convergencia requeriría de mayores esfuerzos dentro del plan económico a ser consensuado.

Más allá de que los DEGs por unos U$S 4.300 millones resultan un importante alivio para atender los compromisos financieros de este año con los organismos, resulta indispensable que el acuerdo no se demore mucho post elecciones ya que el año próximo las amortizaciones son demasiado abultadas y requieren ser refinanciadas.

Ante dicho escenario local, es que los operadores -más allá de reconocer que las valuaciones se encuentran en niveles deprimidos- no logran por el momento detectar argumentos suficientes que pudieran despertar un mayor interés hacia los activos.

Es por ello que la atención continuaría orientada hacia las señales que lleguen especialmente desde la política, en busca de poder aclarar el panorama, y así evaluar la viabilidad de las medidas ¨macro¨ que podrían despertar finalmente a la demanda.

Mientras tanto, es de esperar que los inversores sigan desplegando tácticas defensivas y de "wait and see", que apunten principalmente a la preservación de capital. Sólo quedaría espacio para apuestas de ¨trading¨ de operadores al ritmo de los vientos globales que apunten tácticamente a capturar las ventanas de "risk-on".

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