''La Argentina pertenece a sistema paternalista''
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Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
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Cómo fue el plan agropecuario de la dictadura y qué impacto tuvo
«Chávez es un
tirano que
quiere ocupar
el lugar de
Fidel Castro en
América
latina», dijo el
economista
Richard
Ebeling. Criticó
también
políticas de
subsidios de
EE.UU. y de
Europa.
R.E.: Así como el gobierno no debería determinar los precios, tampoco debería mantener o fijar el tipo de cambio. Existen las leyes simples de oferta y demanda. La segunda es ajustada por la primera, y el precio del bien fluctúa hasta lograr la coordinación en ambas partes del mercado. Hay un mercado de monedas, con pesos, dólares, euros... En él fluctúa la tasa de cambio hasta encontrar su valor de equilibrio. Si el gobierno es el que determina el valor de la moneda, en lugar de la oferta y demanda, se manipulan las importaciones y las exportaciones e, inevitablemente, mucha gente es herida y otra beneficiada.
P.: ¿Cree que la Argentina es un lugar seguro para invertir?
R.E.: Seguro es relativo. El ambiente en el que la inversión puede ocurrir en la Argentina no está libre de manipulación política, corrupción, falta de respeto por los contratos preestablecidos. Esto hace que sea más peligroso y riesgoso invertir en la Argentina. La inversión extranjera es buena, pero a veces los ciudadanos desconfían de ella, pensando que los inversores llegan al país para controlarlo. Lo que hay que recordar es que el extranjero que empieza un nuevo negocio en la Argentina se convierte, en cierto sentido, en un ciudadano económico de esa nación. Su progreso va a ser el progreso del país. También incrementa los ahorros de la Argentina. Por eso, lo que ustedes necesitan es respeto y transparencia de los contratos y seguir las leyes del juego.
P.: ¿Qué opina del populismo que está surgiendo en la región?
R.E.: Hay que tener cuidado con lo que se entiende por populismo. Significa que un líder político juega con las masas y les ofrece cosas que desean sin la habilidad para proveerlas. Esto sólo se hace a expensas de otros, aumentando impuestos, nacionalizando la propiedad privada, redistribuyendo la riqueza, es decir, destruyendo la riqueza del país. Otra palabra que define al populismo es demagogia: promesas utópicas que destruyen una sociedad en vez de mejorarla. Esto es peligroso para América latina y para la globalización. Los que atacan la globalización están parando el progreso, la prosperidad y retornando nuestros estándares de vida a niveles primitivos.
P.: ¿Por qué no se llega a un acuerdo con la Ronda de Doha?
R.E.: Porque hay intereses muy fuertes en Francia, en EE.UU..., que no quieren abrir sus mercados a bienes agrícolas más baratos que provienen de países en desarrollo. Lo que, por supuesto, generaría mayor bienestar en los consumidores tanto de Francia como de EE.UU. Al mismo tiempo, los países en desarrollo son reacios a abrir su economía a los servicios industriales y a la banca financiera. Hay una tendencia global al proteccionismo y, si no se soluciona, se va a desacelerar y hasta a parar lo que ha sido la gran expansión del comercio e intercambio que veníamos evidenciando. Un resultado sería la evolución de la pobreza en más partes del mundo. Para evitarla, se requieren la creatividad, los incentivos, la innovación y la competitividad de los mercados globalizados. Lo que significa satisfacer consumidores más que vivir de los privilegios de las autoridades políticas.
P.: ¿Qué opina del Mercosur y del ingreso de Chávez?
R.E,: Tenía la idea de crear el libre comercio entrelas naciones participantes, similar a la Unión Europea. Pero este ideal es manipulado políticamente en América latina. Y Chávez quiere usar el potencial de está organización no para fomentar el comercio, sino para seguir con su continua resurrección de un nuevo movimiento socialista. Chávez es un « egomaníaco» y un tirano que quiere tomar el lugar de Castro en el socialismo latinoamericano. Además, usa el petróleo que tiene bajo sus pies para manipular y ganar el apoyo de los gobiernos.
Entrevista de Laura Costa




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