La misión del FMI vuelve a agitar la incertidumbre política, que se ha venido acentuando tras el resultado que arrojaron las PASO, así como también podría acortar los tiempos para encarar importantes desafíos económicos a futuro.
El Fondo en el centro del laberinto de la política y la economía
El economista Gustavo Ber señaló que la aprobación del próximo desembolso por parte del FMI es una condición indispensable.
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El saliente Roberto Cardarelli.
Ello se debe a que por estos días están teniendo importantes reuniones con las principales fuerzas políticas, y las lecturas iniciales están profundizando entre los inversores las inquietudes respecto a como seguirá la relación con el organismo.
Esto resulta relevante no sólo por los abultados créditos otorgados al país hasta el momento, sino también porque tenía programado nuevos desembolsos hasta fin de año que estaban siendo considerados en el programa financiero para poder atender las necesidades ante eventuales menores ¨roll-over¨ en la deuda local.
La importancia por recibir dichos recursos en esta etapa de transición política y económica, dado que aún restan dos meses hasta el 27-O y más de tres hasta el 10-D, viene en ascenso a raíz de la negativa dinámica de las variables financieras.
Ello se debe a que el BCRA ya ha desempolvado la intervención en el contado, con el consiguiente descenso en las reservas, tras haber utilizado inicialmente los futuros y la validación de mayores tasas en la Leliq, la cual habría perdido eficacia para sostener a la demanda de pesos en el actual escenario de incertidumbre.
A esto se suma la retracción de los depósitos en dólares en las últimas semanas que acentúan el deterioro de las reservas, un dato que es monitoreado a diario por los operadores y cuya dinámica viene despertando una creciente preocupación.
En dicho sentido, los activos domésticos - tanto acciones como bonos - han sufrido una vertiginosa destrucción de valor ante agresivos desarmes de posiciones por parte principalmente de fondos del exterior, y aún así siguen sin poder encontrar una demanda capaz de ponerle un piso a pesar de las castigadas valuaciones.
Ocurre que crece la percepción de la que deuda deberá transitar algún tipo de renegociación a futuro, por lo cual los inversores ya sólo analizan las deprimidas paridades - inferiores al 50% - e intentan proyectar diferentes escenarios de ¨recovery-value¨, más cuando el riesgo país supera los 2.000 puntos básicos.
Este complejo escenario financiero no hace más que actuar de ¨caja de resonancia¨ ya que refleja la cautela de los agentes económicos en la actual coyuntura, donde únicamente la política - a través de maduros consensos - tendría la capacidad de apaciguar los ánimos y frenar la peligrosa escalada de la desconfianza.
En dicho sentido, que el FMI apruebe el próximo desembolso se convierte en una condición indispensable no sólo para cumplir con los compromisos financieros futuros, sino también para intentar que todos los actores puedan transmitir orden y consensos básicos a la sociedad en esta compleja transición política y económica.
Las turbulencias financieras, acentuadas por las tensiones políticas, no hacen más que profundizar los deterioros en la economía y complicar aún más los desafíos de la próxima administración, además en un mundo en desaceleración y con disputas comerciales entre EE.UU. y China que derivan en una guerra de monedas global.
* Gustavo Ber es economista




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