14 de mayo 2004 - 00:00

La FAO, clave para eliminar subsidios

Quizá Jacques Diouf sea aún una persona poco conocida por el gran público argentino, pero este ingeniero agrónomo, que estuvo hace una semana en la Argentina, es el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma. La esforzada acción de la FAO por terminar con los subsidios de los países desarrollados al agro es sólo un ejemplo, entre muchos, de la correspondencia entre la actividad internacional de esa organización y los intereses de la Argentina. El reciente viaje de Diouf puede ser un nuevo punto de partida en la vinculación de la Argentina con la FAO, lo que permitiría negociar oportunos y convenientes apoyos técnicos, institucionales y económicos, así como su respaldo en las negociaciones que se entablen con la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). En tal sentido, hay dos temas que surgen con clara prioridad. El primero es la compartida posición en contra de las políticas, practicadas por la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, de subsidios y subvenciones al sector agrario, así como de imposición de aranceles exagerados a las importaciones agropecuarias y pretextos paraarancelarios para coartarlas.

Desde el comienzo de su primer mandato como titular de la Organización (ahora está promediando el segundo), Diouf levantó como una de sus banderas institucionales la de la lucha contra el hambre en el mundo. Con el abierto apoyo de un ilustre convecino romano -Su Santidad, Juan Pablo II-Diouf convocó, en 1996, a la primera Cumbre Mundial contra el Hambre.

La cumbre, en la que participaron casi todos los países del mundo, mayoritariamente representados por jefes de Estado o de gobierno, aprobó por consenso una meta cuantitativa para proponerse en la lucha contra el hambre, así como un listado de la media docena de causasque dan lugar a la indignidad de que más de 800 millones de seres humanos todavía la padezcan. La resolución final aprobada por la cumbre a propuesta de la FAO afirma que una de esas causas es, precisamente, la falta de libertad y transparencia en el comercio de commodities alimentarios, imputable al proteccionismo de los países desarrollados.

En cuanto a la meta cuantitativa, consistió en proponerse que en 2015 la cantidad global de hambrientos fuera reducida a la mitad.

En la Argentina, al problema sanitario de la aftosa deben agregarse otros de magnitud igual o mayor que involucran diversos cultivos, así como la falta de respuesta frente al avance de plagas vegetales y animales, y el incumplimiento de las normas internacionales en el registro de productos agroquímicos y de medicina veterinaria. Esta realidad, que es inocultable para la FAO, la OMS, la OMC y los países a los que vendemos alimentos, fue agravada en años recientes por intentos, estériles y grotescos, de evitar sincerarla, con el daño consiguiente para nuestra credibilidad internacional.

La FAO puede dar un invalorable respaldo para que los países del Mercosur se adecuen a los estándares internacionales en materia agrosanitaria. Las consecuencias de esa colaboración serían de alta significación comercial, sanitaria y ambiental. La Argentina está en condiciones de liderar esa gestión dentro del mercado común.

(*) Presidente del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica

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