"La Fed bajará nuevamente la tasa de interés"

Opiniones

Para el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», la Fed mantendrá su curso de acción y bajará nuevamente la tasa de interés -otro medio punto-. Pero pone reparos sobre el manejo de la crisis crediticia en el Viejo Continente. Este fue el diálogo que mantuvo con este diario.

PERIODISTA: ¿Es magia,es vudú? ¿Cómo puede entenderse que hayamos pasado de una crisis crediticia asfixiante a nuevos récords absolutos en la Bolsa?

Gordon Gekko: La política monetaria es una herramienta potente. Y la psicología tambiéninfluye. Ver que la Fed estaba dispuesta a jugar a fondo -como primera postura, medio punto es una apuesta fuerte- desató el nudo de la crisis...

P.: No sé si la fe mueve montañas. Pero, por lo visto, un recorte de medio punto sí hace milagros...

G.G.: La expectativa es mayor. Otro medio punto, antes de fin de año, está cargado en la cuenta. Los efectos que uno observa incorporan la idea de una reducción de un punto completo.

P.: William Poole, de la Fed de Saint Louis, alertó que se equivocan quienes descuentan una nueva baja en la reunión de octubre...

G.G.: Es difícil creerle después que la Fed se quitó la máscara. Ahora no basta con gritar que viene el lobo; habrá que soltarlo...

P.: ¿Usted qué cree?

G.G.:
La Fed eligió un cursode acción. Está a mitad de camino. Pagó los costos de reputación por todo el viaje. No dará marcha atrás hasta terminar su misión.

P.: Si la Bolsa se anima a escalar nuevas alturas, el mensaje es que la crisis ya pasó...

G.G.: Las Bolsas nunca tomaron las vicisitudes recientes muy a pecho. Correcciones como las de julio-setiembre no se apartan mucho de lo que se espera de antemano. Después de todo, hemos tenido una por año. Desde 2004. Con asistencia perfecta. La crisis profunda fue la que azotó los mercados de crédito. Allí no se había visto nada similar desde 1998. Y le diría que, en el mercado de commercial papers (deuda corporativa de corto plazo), hay que remontarse a 1970 cuando quebró Penn Central...

P.: ¿Y cuál es la lectura que arrojan hoy los mercados de crédito?

G.G.: Las señales de mejoría son notorias. Trascartón, se reabrió el mercado de colocaciones de bonos basura. RH Donnelly emitió deuda por mil millones de dólares a diez años para quebrar el hielo instalado desde julio. La venta de préstamos vinculados a la compra de First Data es otro hito importante. Los bancos que proveyeron financiamiento para la oleada de fusiones y adquisiciones pueden pensar en descargar una parte de su cartera a un precio razonable...

P.: ¿Tiene una idea?

G.G.:
Lo de First Data se cerró a un descuento de entre 3 y 4 centavos por dólar de valor nominal. Se reanuda la absorción de préstamos apalancados. Ud. sabe, uno de los platos muy condimentados que provocó indigestión.

P.: ¿Qué pasa con los commercial papers? Forman parte del menú que los bancos tienen atragantado. La última semana volvió a registrarse una caída neta...

G.G.: En dos meses, el inventario de commercial papers cayó en 303 mil millones de dólares. Lo que contrasta con su patrón natural de aumento vegetativo. Es verdad, que la última semana se produjo una caída de 10 mil millones que rompió el molde previo de recuperación. Sin embargo, el balance muestra que entramos en una meseta de estabilidad. Con una reducción sustancial de tasas y spreads. O sea, hay luz al final del túnel...

P.: Los títulos respaldados por fideicomisos, los que navegaron el ojo de la crisis, ¿qué ocurrió con ellos? ¿También se estabilizaron?

G.G.: Todas las semanas se reduce el stock. La depuración persiste pero a una tasa decreciente. Las cancelaciones de la última semana de setiembre -6.400 millones de dólares- fueron un décimo de las producidas en la última de agosto -67 mil millones-. En instrumentos de corto plazo, el transcurso del tiempo se encarga de la decantación. Lo importante es que las magnitudes ya no acarrean la pólvora necesaria para causar una gran explosión...

P.: La Fed se avino a recortar las tasas de interés. El resto del mundo, no. ¿Caben todos en la ambulancia que despachó la Fed? ¿Basta con que complete su misión -digamos, baje un punto completo las tasas- para remediar los problemas del mercado monetario del Viejo Continente o de Inglaterra?

G.G.: Mi impresión es que no será suficiente. La semana pasada, la ventanilla de descuento terminó con saldo cero en EE.UU. En Europa, hubo que prestar 3.900 millones de euros a 5% (un punto por encima de la tasa a la que se hacen los pases).

P.: Alguien está en aprietos...

G.G.: Correcto. Las primas de Libor sobre las tasas de referencia en euros y libras denotan una distensión menor que en EE.UU. Lo cual no debería sorprender. El Banco de Inglaterra entró en razones -después de mucho bregar- y entendió que debía irrigar más allá del período de un día. Ofreció 10 mil millones de libras a tres meses a las entidades...

P.: El caso Northern Rock ablandó las posturas rígidas.

G.G.: Pues bien, los bancos no tomaron una sola libra. Es la segunda subasta que fracasa.

P.: Quizás porque no las necesitan...

G.G.: Todo el mundo sabe que no es así. De hecho, las instituciones grandes se están financiando con pases del Banco Central Europeo. Es inaudito. Desconfían de la asistencia de su propio banco central. No están interesadas en salir en la tapa de los diarios. Y eso lo garantiza Francfort y no el Banco de Inglaterra. Pero los bancos chicos están acorralados. En Canadá, todavía hay congelados unos 40 mil millones de dólares en commercial papers emitidos por instituciones no bancarias. Atrapados en lo que usted llamaría un plan Bonex. También allí el banco central sigue inyectando liquidez. Todas estas señales de perturbación son las que conjuró la Fed en EE.UU. cuando cortó por lo sano y bajó las tasas. Mejor que mantener la estabilidad -por ejemplo, en Gran Bretaña- sobre la base de la garantía estatal de todos los depósitos bancarios o montando una arquitectura interminable de pases, es tomar el atajo natural, y probado, de reducir las tasas de interés. Créame, no es el temor a la inflación, sino el orgullo lastimado, lo que dilata la decisión.

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