"La Fed recortará un cuarto de punto las tasas mañana y otro en diciembre"
El experto en mercados mundiales que se escuda tras el apodo de Gordon Gekko, personaje principal de la película «Wall Street», descuenta que la Fed recortará un cuarto de punto las tasas mañana y otro en diciembre. Asegura que la caída del dólar comenzó a preocupar a la entidad, pero que igualmente a «nadie le quita el sueño».
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P.: ¿Le parece sensato?
G.G.: La Fed probó las aguas de no hacer nada -recuerde la avalancha de oradores oficiales que ventilaron esa alternativa- y no le fue bien. La inestabilidad se recicló rápido.
P.: La Fed sorprendió tras su última reunión. ¿No volverá a intentarlo?
G.G.: No creo que se resistaa una reducción de las tasas de interés. Por la sencilla razón de que es mejor conducir el proceso que verse arrastrado por los acontecimientos. Sobre todo, si de una forma u otra, se termina obrando de la misma manera.
P.: ¿Quiere decir que si la Fed no baja las tasas mañana, las terminará talando poco tiempo después, arrastrada por la vorágine propia de los mercados?
G.G.: Es una buena descripción.
P.: ¿Hasta dónde la Fed conduce las riendas si la política la dictan las fragilidades de los mercados de crédito?
G.G.: ¿Usted soñó que el barril de petróleo iba a cotizar por encima de los 90 dólares? Tal vez sí. Tal vez no. Lo que nunca se le habrá ocurrido es que, en semejante ocasión inaugural, existiría consenso en que la Fed se apronta a podar las tasas de interés.
P.: Es una Fed limitada en su capacidad de acción. Que se bate a la defensiva. G.G.: La prioridad es domar la inestabilidad financiera. Es un esfuerzo comprensible. Más allá de la recesión inmobiliaria, el daño sobe la economía real es todavía pequeño.
P.: ¿No alcanzó con la merma de medio punto?
G.G.: No era esperable, tampoco. Contra el telón de fondo de la baja de tasas, se precisa que se barra la basura escondida bajo la alfombra. No sólo los bancos y otros intermediarios financieros. También las agencias calificadoras deben ajustar sus apreciaciones. No es un proceso sencillo. Ni automático. Llevará tiempo. Y, con una economía débil, con una arquitectura crediticia dudosa en sus agregados recientes, cabe esperar que la situación empeore antes de mejorar. La política monetaria deberá mantener su compromiso. No sirve aquello de «toco y me voy».
P.: ¿No se corren riesgos inflacionarios?
G.G.: La política monetariaes una manta corta. Si se tapan los pies, se descubre la cabeza.
P.: El riesgo de inflación duerme al fresco.
G.G.: Es evidente. La Fed confía en que se trata del mal menor. Después de todo, las expectativas de inflación minorista son tolerantes. Se ubican por debajo del nivel de principios de año.
P.: Las expectativas de inflación no están escritas en piedra.
G.G.: Permanecen todavía bien asidas. Pero si uno abusa, pueden soltarse.
P.: ¿Qué más haría falta? No se me ocurre. El petróleo desbocado al alza, el dólar cayendo a plomo y el Banco Central gestionando una baja en continuado de las tasas de interés.
G.G.: Lecturas más elevadas de inflación ayudarían si fueran sostenidas.
P.: Fuera de los EE.UU., las tasas de inflación marcan una tendencia nítida a la suba.
G.G.: La Fed es un sastre a medida. A la medida, lógico, de quien paga sus cuentas: EE.UU. No hay dudas de que la política monetaria del dólar puede resultar muy holgada para terceros. Es lo que ocurre hoy en día. En especial, si se combate la depreciación nominal del dólar.
P.: ¿Cree que a EE.UU. lo tiene sin cuidado la pérdida de valor de su moneda?
G.G.: La Fed ha comenzado a incluirla en sus oraciones. Ya figura en las minutas de sus reuniones. Fuera de eso, no se nota que a nadie le quite el sueño.
P.: Ese es un lujo que puede agotarse en forma abrupta.
G.G.: Eso es sabido. Está en la agenda del Tesoro. En el momento en que la suerte del dólar provoque inestabilidad fuerte, el G-7 intervendrá. Pero no antes.
P.: ¿Frenará su caída si derivase en tumulto?
G.G.: Colocará las balizas. Y restringirá el descenso contra el euro. Este tema ya fue motivo de fricción entre EE.UU. y tres países europeos en la última reunión del G-7.
P.: Sin solución aparente.
G.G.: La solución de emergencia fue conminar a un no miembro del club. Es por eso que, hoy por hoy, todos los cañones apuntan a China. No en vano Pekín aceleró ayer el ritmo de la apreciación del yuan renminbi.
P.: ¿Guardará la Fed alguna sorpresa? Quizás aplicando, otra vez, una dosis de medio punto de rebaja.
G.G.: Recordaría la tesis de Mishkin en Jackson Hole.
P.: Mishkin es gobernador y, por lo tanto, cuenta con voz y voto en el comité que define las decisiones. No es cualquiera.
G.G.: Correcto. Habrá que ver hasta dónde la Fed ve una correspondencia entre su trabajo y la realidad que le toca enfrentar. El ensayo de Mishkin partía de un escenario de caída de precios de los inmuebles -un declive de 20%- mucho más severo que lo que estamos observando. Y argumentaba -tiene razón- a favor de una respuesta pronta y agresiva. Será interesante corroborar hasta dónde sirve de guía efectiva para anticipar las decisiones de la Fed.



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