30 de noviembre 2007 - 00:00

"La Fed va a bajar las tasas en diciembre"

El periodista dialoga con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», quien opina que la Fed bajará la tasa en diciembre, aunque a su titular, Ben Bernanke, le costará convencer al resto de los miembros. También analiza el desembarco árabe en el Citi.

La Fed va a bajar las tasas en diciembre
Wall Street, por fin, pudo sacar la cabeza fuera del agua. Tomarse un respiro. ¿Tan potente sigue siendo la promesa de una baja de tasas? ¿No la descontaban acaso los mercados de futuros?

Gordon Gekko: Las palabras de Donald Kohn, me imagino que a él se refiere, provocaron una reacción inmediata. Es verdad que los futuros de fed funds tenían anotada una reducción de un cuarto de punto, pero carecían de certeza. El discurso oficial sugería inacción. Kohn, quien es el número dos de la Fed, proveyó, con nombre y apellido, la primera corroboración de que las proyecciones del mercado tenían asidero.

P.: Los futuros auguraban un recorte con 98% de probabilidades. ¿No es lo mismo? Después de todo, Kohn tampoco se comprometió en firme. Sólo hizo un guiño favorable.

G.G.: Si me apura, le diría que la Fed va a bajar las tasas, pero no será una tarea fácil convencer a los miembros del Comité de Mercado Abierto. No pienso en una decisión unánime. Es verdad que Kohn argumentó a favor, pero si revisa otras exposiciones contemporáneas -Fisher, Evans, Plosser-, encontrará posiciones hostiles...

P.: Pero ellos -a diferencia de Kohn- no votan.

G.G.: Evans -de la Fed de Chicago- está en la rotación. Tiene voz y voto. Hoening, de Kansas City, también. Y ya en octubre mostró su disconformidad. Es difícil que ahora mude su postura. Plosser, el titular de la Fed de Filadelfia, no emite sufragio, pero ha subido los decibeles de su discurso beligerante. No tengo dudas de que la línea dura se hará escuchar.

P.: Los presidentes de distrito suelen ser halcones. Los gobernadores adoptan posicionesmás flexibles, son más blandos. Y también son más -siete contra cinco- a la hora de contar los votos. ¿Es así? ¿O se trata sólo de un estereotipo? Los gobernadores -como Kohn- inclinarán la balanza de la decisión.

G.G.: En principio, votarán diez personas, ya que hay dos sitiales vacantes. Y ambos pertenecen a gobernadores. O sea que, a priori, la relación de fuerzas está nivelada. Pero Bernanke debería conseguir el respaldo de la mayoría. La Fed tomó una decisión importante en setiembre, cuando se zambulló con una baja de medio punto. Saltear un recorte en diciembre sería dejar la faena a medio concluir justo ahora que los mercados interbancarios -después de una tregua- han vuelto a erizarse. Las razones que enumeró Kohn (un hombre que proviene de la línea, con gran experiencia) son las que, a mi juicio, empujarán a Bernanke a pedir un último sacrificio a sus pares. Tal vez, deje sin cambios la tasa de descuento como concesión para los que promueven una estrategia de prescindencia.

P.: ¿Hasta dónde la decisión de la compañía de inversiones de Abu Dhabi de poner un pie en Citigroup no marca un punto de inflexión en la crisis bancaria? No está diciendo -con dinero y no sólo con palabras- que los temores exageran.

G.G.: El fondo árabe adquirió 4,9% del capital de Citigroup con un desembolso de u$s 7.500 millones. No lo haría si no tuviese confianza en el futuro de la firma. Desde ya. Fíjese, además, que el precio por el que compra las acciones no está determinado con exactitud. Hay una franja de entre u$s 31,83 y u$s 37,24 en la que si el papel del Citi sube de precio, el inversor no participa de la ganancia. Le recuerdo que cuando la operación se anunció, la cotización era de u$s 30.

P.: A cambio recibe un cupón anual de 11% durante un par de años largos.

G.G.: No se olvide de que el accionista ordinario del Citi cobra u$s 2,16 de dividendos por año. Un rendimiento de 7,2%, cuando el papel cotiza a u$s 30.

P.: Si es que el Citi mantiene su dividendo. No está obligado a hacerlo, aunque Robert Rubin lo haya prometido.

G.G.: Correcto. Y es probable que deba recortarlo. En cambio, el fondo de Abu Dhabi se aseguró el rendimiento de 11% hasta que comience a recibir sus acciones, escalonadamente, a partir de marzo de 2010.

P.: Leí un comentario que me pareció interesante. Decía que pagar 11% era mostrar una señal de desesperación.

G.G.: Para el Citi, el costo después de impuestos no es 11%. Sino 6,76%. En línea, si usted quiere, con lo que paga por las acciones ordinarias (en la medida, claro está, de que no pode los dividendos actuales). Es verdad que el Citi necesita reforzar su posición de capital, pero lo ha hecho sin desaliño. Dadas las urgencias, hasta con cierta elegancia.

P.: ¿Cree que esta operación completa sus necesidades de capitalización?

G.G.: Es un paso en la dirección correcta, pero luce insuficiente. Y si el Citi tuviera que incorporar -como lo hizo HSBC- los activos de los vehículos especiales de inversión que patrocina, a su propia hoja de balance; entonces, estaría de nuevo a foja cero.

P.: ¿Será el caso?

G.G.:
Si el «superfondo» de los grandes bancos no consigue ponerse en marcha, no quedará más remedio que imitar a HSBC.

P.: En 1990 hubo otra crisis bancaria de proporciones. Su antecesor -Citicorp- se vio forzado a cortar dividendos. Y a colocar 7% de su capital en manos de un jeque saudita, el príncipe Alwaleed. La posición remanente del jeque tiene hoy un costo histórico que no llega a los u$s 3. Fue una inversión brillante. ¿No estamos repitiendo la historia? ¿No asistimos al punto de inflexión de la crisis?

G.G.: ¿Es una «remake»? La sensación de déjà-vu es innegable. Pero aun si esta película fuera una copia rigurosa del original, no se olvide de que después de Alwaleed, la acción tuvo impulso para caer más de 40% antes de estabilizarse. Lo cual es lógico si usted tiene que invertir una fortuna en una operación hecha a medida. No puede aspirar a ver el piso para cerrar un trato tan complejo. Bank of America puso un pie en Countrywide con una apuesta condicional en agosto: un convertible a u$s 18 por acción. Hoy el papel vale la mitad. ¿Un fracaso? Temprano para pronunciarse. Joseph Lewis, el magnate inglés que desembarcó en Bear Stearns, en setiembre, puso u$s 860 millones; hoy su posición no vale u$s 800 millones. Le diría que luce promisoria. Pero no hay que esperar el éxito inmediato.

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