5 de agosto 2004 - 00:00

"La mano dura es una obligación del Estado"

Francisco Santos Calderón, quien fue secuestrado y es actualmente vicepresidente de Colombia, dijo sentirse «aterrorizado» por el manejo informativo de la televisión argentina sobre los casos de secuestros.
Francisco Santos Calderón, quien fue secuestrado y es actualmente vicepresidente de Colombia, dijo sentirse «aterrorizado» por el manejo informativo de la televisión argentina sobre los casos de secuestros.
"¡Qué pregunta idiota!», exclamó Francisco Santos Calderón, vicepresidente colombiano y ex periodista, cuando escuchó por radio en mayo de 1991, en sus últimas horas como secuestrado, a un periodista preguntarle a su padre, Hernando Santos: ¿Qué le parece la inminente liberación de su hijo anunciada por el Cartel de Medellín (que dirigía Pablo Escobar)? Tras su libertad, luego de ocho meses de cautiverio, contados en el vertiginoso relato de Gabriel García Márquez en «Noticias de un Secuestro», Santos fundó la organización País Libre para combatir el secuestro y se volcó a la política, lo que le valió enemistarse con su familia, propietaria del diario «El Tiempo». Una de sus obsesiones desde hace más de catorce años es el rol de los medios de comunicación en los casos de secuestro. Acerca del papel de la televisión argentina en la materia, en diálogo con este diario, Santos Calderón dijo sentirse «aterrorizado» por lo que vio. Los siguientes son los tramos principales de la entrevista al vicepresidente colombiano:

Periodista:
Ciertas voces indican que la Argentina inició el camino para parecerse a Colombia en cuanto al auge de los secuestros. ¿Le parecen casos comparables?

Francisco Santos Calderón: La comparación de la situación argentina con la de Colombia es exagerada, ya que en mi país hubo 2.998 secuestros registrados en 2002. Pero no por eso deja de ser una situación que si no se le presta atención, puede tener graves efectos. El hecho de que la sociedad esté movilizada, y de que el gobierno y la Policía estén preocupados, es importante. Pero la delincuencia aprende muy rápido y lo que es un quiste se puede convertir en un cáncer rápidamente.

P.: El gobierno argentino señaló a la corrupción policial como uno de los factores que favorecen los secuestros. ¿Cómo se afronta ese problema?

F.S.C.: Lo primero que uno no puede hacer es generalizar. Es muy grave desinstitucionalizar y generarle problemas a la única institución que nos puede ayudar a terminar con este delito. La Policía tiene que ganarse la confianza con resultados y transparencia, pero si de entrada decimos que toda la policía es corrupta, lo que es mentira, nos estamos quedando sin el instrumento para luchar contra los secuestradores.


P.:
¿Qué papel les toca a los medios de comunicación en los casos de secuestros, en especial a la televisión?

F.S.C.: Le enumero: sensibilizar a la sociedad sobre el problema. No dar más información de la necesaria a los secuestradores. Convertir al secuestrador en un ser despreciable, estigmatizarlo. Ser muy prudentes y tener sensibilidad frente a las víctimas.


P.:
¿Es peligrosa la sobreexposición mediática de los casos?

F.S.C.: Lo que está pasando en la Argentina es gravísimo. Se le añade valor al secuestrador, se les entrega información a los secuestradores sobre cómo está la familia de la víctima, le dan estatus al secuestro, de verdad lo están haciendo muy mal. Quedé aterrorizado cuando vi los noticieros de acá.


P.:
Si bien la realidad de Colombia es muy distinta. ¿Es efectiva la política de mano dura?

F.S.C.: Sí. El Estado tiene la obligación de utilizar su poder coercitivo para darle seguridad y protección al resto de los ciudadanos. Hay que hacerlo dentro de la ley y la Constitución, con respeto a los derechos humanos; entiendo la preocupación por los antecedentes de Latinoamérica, pero hoy la democracia es fuerte y hay que pensar hacia adelante.


P.:
Durante los dos años del presidente Alvaro Uribe, ¿la mano dura dio resultado en el combate a la guerrilla?

F.S.C.: Totalmente. Cinco mil hombres han desertado uno a uno. Los secuestros han disminuido. El homicidio cayó más de 30%, los desplazamientos (de personas amenazadas por la guerrilla o los paramilitares) se redujeron 50%. También los atentados han disminuido dramáticamente.


P.:
¿La desmilitarización de la zona del Canare para los paramilitares no se parece un poco a la desmilitarización que llevó adelante el ex presidente Andrés Pastrana en la región del Caguán para las FARC, que ustedes tanto criticaron?

F.S.C.: Para nada. El Estado permanece en esa zona, puede entrar cuando le dé la gana y éstos son 300 kilómetros y no 42.000 como en el Caguán
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Entrevista de Sebastián Lacunza

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