23 de septiembre 2004 - 00:00

Lejos de una explosión; también, del crecimiento

En los últimos días se sucedieron una gran cantidad de hechos de los cuales se puede extraer una visión bastante concreta sobre dónde se encuentra la Argentina tanto en materia política e institucional como social y económica. Veamos:

1) El presidente Kirchner decidió no renovar el mandato de Alfonso Prat-Gay como presidente del BCRA. Si bien la elección de Martín Redrado al frente de la entidad de alguna manera refirma la voluntad del Presidente de contar con colaboradores capaces de llevar adelante una gestión razonablemente prolija, no por ello el episodio no constituye una prueba más del escaso valor que se le asigna a la cuestión institucional y cómo ésta queda, en definitiva, relegada a un plano secundario toda vez que se contrapone a la « coherencia de pensamientos». El BCRA (con 5 presidentes en los últimos 4 años) es, lamentablemente, un ejemplo similar al de otras instituciones, como la Corte Suprema. La Argentina muestra así el poco interés que le despierta contar con un marco institucional sólido y estable, en el cual la independencia de poderes constituya el principio básico sobre el cual se construyen límites efectivos al apetito (por cierto voraz) de una clase política muy proclive a utilizar el poder de manera discrecional y con objetivos que no siempre se identifican con el bienestar general.

2) Se presentó el proyecto de Presupuesto Nacional 2005. Una lectura similar a la del hecho anterior se desprende del proyecto de presupuesto para el próximo año. Amén de las desprolijidades que llevaron al ministro Lavagna a concurrir al Parlamento el pasado 15/09 (fecha tope prevista para su presentación) sin una versión definitiva, en él se subestiman recursos, se sobrepresupuestan gastos (se subestima el resultado primario). Amén de ello, se le otorga al jefe de Gabinete máxima discrecionalidad para manejar el gasto y (precisamente) cualquier excedente de superávit primario que se produzca. En definitiva, al igual que en 2004, se ha privilegiado, una vez más, mostrar un Presupuesto que:

a) no deja margen para presiones de aumento del gasto, ni de baja de impuestos, ni para mejorar la oferta a los acreedores privados (dado lo ajustado del programa financiero resultante);

b) otorga máxima discrecionalidad al Poder Ejecutivo para manejar el gasto a través de decretos y resoluciones administrativas, sin control legislativo de ningún tipo.

¿Es este Presupuesto indicación de que la administración Kirchner es fiscalmente responsable? Sólo a medias. Emite señales positivas porque está claro que en la medida en que el sector público alcance niveles récord de superávit primario (como los previstos en el proyecto), la estabilidad financiera y monetaria resultan más perdurables. Emite, empero, señales dudosas al restarles importancia a cuestiones institucionales clave. Es un proyecto que no puede ser analizado como herramienta de política, ya que fue elaborado con el ánimo más de esconder que de mostrar la verdadera performance fiscal, y que además va a ser seguramente cambiado a medida que avance el año.

3) Mientras continuaron los rumores (y notas periodísticas) acerca de que la oferta argentina a los acreedores privados podría tener mejor respuesta que la esperada, y el FMI decidía prorrogar vencimientos por unos u$s 1.000 millones, el N° 1 de dicho organismo, Rodrigo de Rato, arremetió con viejos reclamos. Si bien la decisión del FMI representa un alivio en términos financieros, no debe ser interpretada como una flexibilización de la postura del organismo. Recordemos que la Argentina ya había logrado refinanciar vencimientos de capital durante 2002, en momentos en que la relación con el FMI era más precaria que la actual. Además, incluso a través de recientes declaraciones de su N° 1, el FMI no ha dejado de reclamar que se avance con las reformas, que por cierto son necesarias independientemente de lo que piense el Fondo. Por si había alguna duda, De Rato dejó bien en claro que la complacencia internacional ya no es la misma.

• Acuerdo cercano

En cuanto a la reestructuración de la deuda, hay quienes aseguran que el «deal» o acuerdo está cerca, basándose en la idea de que los acreedores finalmente terminarán aceptando los términos oficiales, a sabiendas de que un mal acuerdo siempre es mejor que un buen juicio. Sin embargo, un mal acuerdo demorará en el tiempo una solución al problema « dinámico» que representa la imposibilidad de contar con un flujo de ahorro externo que permita financiar la inversión de riesgo y el crecimiento de largo plazo.

4) Se desaceleró el crecimiento del PBI durante el 2° trimestre, lo cual se reflejó en los índices de desempleo y pobreza. A pesar de que el crecimiento de la economía en 2004 se ubicaría por encima de 7%, lo cierto es que la desaceleración que se produjo durante el 2° trimestre resultó la confirmación de que lo mejor en materia de crecimiento ya pasó. Si el PBI arrojara un crecimiento nulo en la segunda mitad de 2004, el crecimiento de 2004 se ubicaría en 6,5%, del cual 70% se debería a lo que dejó el año previo y sólo 30% se explicaría por lo sucedido en los primeros seis meses de este año.

• Preocupante

Esta desaceleración resultapreocupante por cuanto impacta de manera casi directa en la evolución de los índices de desempleo y pobreza y, consecuentemente, en el humor de la población. Como respuesta, el gobierno impulsa políticas tendientes a incrementar el ingreso disponible de la población a través de mejoras de salarios y jubilaciones y otros proyectos (por el momento demorados) como la reducción del IVA y el aumento en las asignaciones familiares. Políticas que si bien pueden impulsar la demanda agregada en el corto plazo, no están en condiciones de colocar a la Argentina en un sendero de crecimiento de más largo plazo (e, incluso, en algunos casos, lo comprometen).

En síntesis, a pesar de que el gobierno sigue demorando la salida del default y no muestra avances significativos en ningún área de gestión, una política monetaria responsable, la buena performance fiscal de 2004 y la que se espera para 2005 favorecen un escenario sin explosión a la vuelta de la esquina. Pero tales políticas no son suficientes para que la recuperación económica vuelva a retomar el ritmo de 2003 y del primer trimestre de este año. Tanto la recuperación del nivel de actividad como la relativa paz social alcanzada se ven, entonces, amenazadas incluso en el corto plazo, y sólo algunas políticas distributivas activas tienden a morigerar los efectos negativos que la desaceleración económica produce sobre el empleo. Esto es así, amén de que en el largo plazo ambas resultan severamente condicionadas por la falta de una institucionalidad capaz de crear las condiciones que el crecimiento económico demanda.

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