6 de diciembre 2007 - 00:00

"Luego del recorte de tasas de Canadá, le seguirán Australia y Nueva Zelanda"

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», quien opina que luego del recorte de un cuarto de punto de tasas que realizó Canadá, lo harán Australia y Nueva Zelanda. Lo mismo espera del Banco de Inglaterra, motivado básicamente por la crisis en los mercados de crédito.

Luego del recorte de tasas de Canadá, le seguirán Australia y Nueva Zelanda
PERIODISTA: Canadá dio el puntapié inicial. Es el primer banco central que le sigue los pasos a la Fed y comienza a recoger el barrilete de las tasas de interés.

Gordon Gekko: Completó la vuelta de campana. En agosto se alistaba para una suba de tasas que debió abortar de urgencia. Y ahora se aviene a reducirlas. Un cuarto de punto. A 4,25%. Como para abrir el juego.

P.: ¿Habrá más anotados?

G.G.: Australia y Nueva Zelanda son candidatos. De los peso pesado, el Banco de Inglaterra es el próximo de la lista.

P.: ¿En la reunión de mañana (por hoy)?

G.G.: ¿Por qué no? No debería sorprenderle para nada.

P.: ¿Motivos?

G.G.:
A diferencia de Canadá, cuyo vínculo con la economía real estadounidense es íntimo, el gatillo en Londres debiera ser la dinámica pura de la crisis en los mercados de crédito.

P.: Y el fin de la efervescencia inmobiliaria, ¿o no? Es una dolencia que Gran Bretaña comparte con EE.UU.

G.G.: Ese tema puede esperar. El apuro por abordarlo en 2005, no sé si lo recuerda, generó una «gaffe» de política monetaria que, tal vez, explique la morosidad actual en la toma de decisiones.

P.: La baja de tasas provocó entonces una resurrección briosa de los valores de los inmuebles. Avivó el fuego de las brasas y encendió otra fase alcista.

G.G.: Correcto. Si el Banco de Inglaterra recorta sus tasas mañana (por hoy), la razón habrá que rastrearla en la voluntad de quitarle presión al mercado monetario. Es por ello que uno de sus inveterados halcones, Sir John Gieve, quien tiene a su cargo la vigilancia de la estabilidad financiera, ya en la reunión anterior votó a favor de una poda.

P.: Los mercados de corto plazo otra vez están revueltos. Los síntomas de mejoría de setiembre y octubre se escurrieron como el agua entre los dedos.

G.G.: La desconfianza reina en el circuito interbancario. Y no es un fenómeno pasajero. La tensión se acumula.

P.: No sólo en Gran Bretaña. EE.UU. y la Europa continental experimentan la misma fiebre.

G.G.:
Así es. Sólo que Gran Bretaña es el caso más pronunciado. Con tasas de referencia en 5,75%, la Libor en libras a un mes se ubica un punto completo por encima. A partir de ello, usted asigna el costo del crédito. No es un asunto trivial.

P.: No se trata de una prima por tiempo.

G.G.: Desde ya. Es una medida concreta del riesgo que se percibe.

P.: ¿Riesgo de crédito?

G.G.:
Crédito e iliquidez. No es casual que se sufra tanto en Londres.

P.: ¿Por qué?

G.G.:
El Banco de Inglaterra no sólo mantuvo sus tasas de interés. Sino que, a diferencia del Banco Central Europeo, fracasó en su esfuerzo (tardío) por habilitar un sistema que irrigara liquidez extra. A los costos vigentes.

P.: Con la excepción notable de Northern Rock.

G.G.: Entiendo que alguna que otra institución también ha tomado fondos a una tasa con penalidad. Es lo que surge de las cifras de asistencia que publica el banco. Pero no existe un régimen «no culposo» que permita financiar inventarios de activos ilíquidos como los que montó la Fed, el BCE o el Banco de Canadá. En su momento, comentamos que las grandes entidades británicas estaban tomando pases del BCE para sortear inconvenientes. Ello significa que los bancos pequeños, sin plataforma de negocios en el continente, quedan atrapados en la trituradora.

P.: El BCE también se congrega mañana (por hoy). ¿Es razonable esperar que no ocurran cambios?

G.G.: La probabilidad de una reducción es baja. No significa que no haya demandas. Existe un consejo monetario en las sombras que, la semana pasada, abogó por una distensión. Pero no se avizora que haya masa crítica a favor de una acción fulminante. Alemanes y austríacos son renuentes. El griego Nicholas Garganas apuntó que todo se calmará cuando se conozcan los balances auditados de los bancos a comienzos de 2008. Hay otras voces -cuándo no, mediterráneas, francesas y españolas- que disienten en su foco de atención y comienzan a poner el acento sobre los riesgos de una colisión. Noyer, González Páramo. Pero no creo que alcancen.

P.: En EE.UU. gana cuerpo la tesis de que quizás, la semana próxima, se cocine una merma de medio punto.

G.G.: Es verdad que las voces hoscas se han llamado a silencio. Los oradores recientes -Kohn, Bernanke, Yellen, Poole-nutrieron la vertiente blanda. Que Canadá haya hecho punta (y se espere que otros se sumen) ayuda. La reacción positiva del dólar estadounidense -no es casual que haya ganado terreno frente al canadiense, la libra y el euro-remueve uno de los obstáculos para una intervención agresiva.

P.: ¿La cree factible, entonces?

G.G.: Mi impresión es que la Fed gatillará un recorte de 25 puntos base. Sabemos que proveerá liquidez extra hasta bien entrado el año próximo. De hecho, la Fed de Nueva York -la que comanda la mesa de operaciones-ha dejado vencer títulos (y cupones) del Tesoro en cartera. Sin renovarlos. Y no sería extraño que lleve a tres meses el plazo de sus transacciones de pase. Ese es mi escenario favorito.

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