Mejías: "Se viene tsunami para el mercado laboral"
-
Atención: el nuevo plazo fijo que le gana a la inflación todos los meses
-
Cómo fue el plan agropecuario de la dictadura y qué impacto tuvo
La consultora laboral Cristina Mejías asegura que "los empresarios sienten que la crisis actual es peor que la de 2001", y no ven una salida cercana.
P.: ¿Los empresarios no creen que el país está preparado para afrontar el golpe, como insiste el gobierno?
C.M.: Justamente, a las empresas les aterra que la dirigencia diga directamente que la crisis no nos va a tocar. Es decir, que el gobierno no ve venir el tsunami que todos vemos.
P.: ¿Cómo afecta la posibilidad de la triple indemnización?
C.M.: Terriblemente. En el mismo mes que conocemos detalles de la crisis internacional vemos los titulares que cuentan sobre un proyecto de ley que propone la triple indemnización. Los empresarios dicen directamente que no contratarán a nadie más porque lo cierto es que el capital de la empresa no alcanza para pagar indemnizaciones. Pero esto tampoco beneficia a los trabajadores. Un ejecutivo, finalmente, no descubre si en la empresa que trabaja se queda porque su carrera va bien o porque es muy caro despedirlo. Esto es como en un matrimonio: ¿qué es mejor, divorciarse y tener que ajustarse, o mantener el vínculo por conveniencia económica?
P.: ¿Pero con la triple indemnización al menos se cumple el objetivo de no perder puestos de trabajo?
C.M.: Es una mirada muy parcial porque las consecuencias en el ánimo del mercado laboral son similares a poner una bomba de tiempo. Los empresarios ven que el gobierno, en vez de protegernos en épocas difíciles y fomentar el empleo, siembran incertidumbre. Cuando se impuso la doble indemnización, el mercado de búsqueda laboral se paralizó completamente. Contratar empleados es una decisión de riesgo.
P.: ¿Se verían afectados los sueldos si avanza el proyecto?
C.M.: Se enrarece mucho el mercado. Pensemos en una persona que iba a cambiar de trabajo. Ahora pensará que es mejor quedarse porque si la echan, recibirá más dinero que si renuncia y pasa a cobrar 20% más en otro empleo. Quizás, o seguramente, no la despidan, y se perderá del aumento. Así, se nivela para abajo.
P.: ¿Por qué entonces cree que se piensa este tipo de salidas?
C.M.: Porque se piensa desde la burbuja corporativa del sindicalismo, que presupone que un empresario tiene margen de capital oculto que le permite despedir gente por deporte. No saben que todas las empresas en el mundo redujeron la cantidad de empleados. Hoy no sobra gente en las empresas.
P.: También es cierto que hay planes de grandes compañías de despedir a 50.000 personas en el mundo.
C.M.: Sí. Pero tomemos ese caso, que es el del Citigroup. ¿A alguien se le ocurre pensar que esa compañía no va a despedir a los 2.500 empleados que tiene en la Argentina porque hay triple indemnización? Las empresas ven que sus negocios estallan y tienen que adecuar las plantillas a su nuevo escenario. Nada más. Creo que hay una visión errónea, que es creer que es lo mismo un puesto de trabajo y el salario del Estado que los de una empresa privada. Es muy diferente. El Estado suma recursos y aumenta sueldos porque los paga con impuestos o deuda externa. En el ámbito privado, los sueldos los pagan los buenos negocios.
P.: ¿Qué planes escucha que barajan los empresarios para afrontar el problema laboral latente?
C.M.: Los empresarios se preguntan por qué los sindicatos no ofrecen fondos de las propias arcas de los gremios para que actúen como seguros de desempleo. Esa es una de las opciones, pero hay muchas ideas. Estuve esta semana en un encuentro en Canadá en el que se debatían las consecuencias de la pérdida de empleo y se evaluaba una idea que también circula acá: la posibilidad de que a través y con apoyo de los sindicatos se renegocien salarios para abajo, asegurando los puestos de trabajo.
P.: En este país los salarios están muy retrasados. ¿Se puede pensar que los empleados acepten una reducción del sueldo?
C.M.: Creo que hay sacar cuentas muy detalladas. Hay que ver por cuánto tiempo se puede vivir con el dinero de una indemnización (incluso la triple), calcular el tiempo que lleva un juicio y la posibilidad de que las empresas no puedan afrontar el pago, y contrastarlo con cobrar por un año 10% menos. Además, hay que pensar que un profesional es despedido de una empresa porque los negocios en ese rubro van mal. Entonces, ¿adónde va a buscar trabajo cuando consuma el dinero de la indemnización? Yo como consultora, en este contexto, creo que estamos en un momento en el que lo mejor es esperar, y no forzar decisiones.
Entrevista de Florencia Lendoiro




Dejá tu comentario