30 de diciembre 2004 - 00:00

Mercosur, hoy no es ni zona de libre comercio

Hace diez años, en diciembre de 1994, se logró en la ciudad brasileña de Ouro Preto la firma del protocolo homónimo que dio lugar a la puesta en funcionamiento de los mecanismos de la Unión Aduanera y el inicio del Mercado Común entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En estos días se celebró una nueva reunión en la misma ciudad con la presencia de los presidentes de los países miembros del Mercosur.

El Protocolo de Ouro Preto fue el resultado de innumerables negociaciones de diplomacia comercial y, como ocurre en casos semejantes, todas las partes cedieron algo a los efectos de poder poner en funcionamiento lo que se consideraba un instrumento eficaz para el desarrollo económico y la estabilidad política de la región.

Tanto el Tratado de Asunción como el Protocolo de Ouro Preto instituían el avance hacia formas profundas de integración política y económica con un modelo de mercado ampliado que, salvando las distancias, se asemejaba al de la Unión Europea.

• Negociaciones

Debido a que el tránsito de sistemas políticos y económicos autónomos hacia un estadio de integración profundo nunca se hace de una vez y para siempre, y presenta marchas y contramarchas, siempre son necesarias nuevas negociaciones. En efecto, tanto el devenir de las variables económicas mundiales así como los cambios y las crisis de las economías domésticas provocan, entre tantas otras razones, que los procesos tendientes a la integración sean de índole dinámico y requieran de constantes negociaciones y renegociaciones. Es por ello que aquel protocolo promovió mecanismos tales como la Comisión de Comercio y los grupos técnicos. Deberían ser estas instituciones las encargadas de proponer y resolver las cuestiones explícitas e implícitas de los cronogramas de integración por la vía del trabajo cotidiano.

• Objetivos

Adicionalmente, son las instituciones antedichas las que, al ocuparse de la resolución del día a día de la negociación hacia escalones superiores, deberían liberar a las altas autoridades políticas de los países miembros de los inevitables conflictos cotidianos y que, de ese modo, se puedan abocar a la elaboración de estrategias y directrices de largo plazo para la región.

Ahora bien, recordemos que en los últimos años el Mercosur había entrado en una suerte de meseta y, en consecuencia, gran parte de los objetivos previstos hace diez años no se ha podido cumplir. De hecho el Protocolo de Ouro Preto preveía la existencia de una Unión Aduanera y hoy por hoy el Mercosur ni siquiera funciona como una verdadera zona de libre comercio.

Al haberse eliminado prematuramente instrumentos y al no completarse correctamente las fases de integración se agudiza la contradicción entre lo que el sentido común económico indica que hay que hacer y lo que las normas imponen.

Difícilmente la creación de instituciones que responden a etapas superiores de integración tales como un Parlamento puedan por sí solas evitar o canalizar conflictos comerciales. Por ejemplo, la existencia de una institución diseñada en Europa para otro tipo de realidad ¿podrá lograr la disminución y el control de las ayudas estatales discriminatorias, la existencia de barreras paraarancelarias, la falta de uniformidad del arancel externo común o el uso de subsidios en las operaciones de comercio intra-Mercosur? ¿Estamos de acuerdo en ceder soberanía a una institución legislativa supranacional cuando todavía no hemos podido eliminar la existencia de aduanas entre nuestras fronteras?

• Plazos

Sin duda cada etapa de la integración debe ir acompañada de las normas, los procedimientos y los derechos y obligaciones correspondientes. Si no tenemos un sistema de defensa de la competencia o un código de conducta para el uso de ayudas estatales o mecanismos satisfactorios de resolución de controversias, o si subsisten regímenes especiales de importación diferentes en cada país, o si cada miembro puede mantener negociaciones económicas internacionales independientes, sería conveniente rediseñar los tratados para que simultáneamente con las nuevas instituciones se solucionen los problemas mencionados.

En consecuencia, el puntono es abandonar la aspiración de tener instituciones superiores tales como
la Corte de Justicia, el Parlamento, las embajadas comunes o el Consejo Económico y Social sino realizarlo en formas y plazos simultáneos con la creación y perfeccionamiento de las normas que permitan el desarrollo del comercio y la inversión. Normas que reimpongan plazos, obligaciones y mecanismos punitivos por incumplimiento. De lo contrario se corre el riesgo de tener instituciones nominalmente superiores, pero prácticas que no están a la altura de las mismas y altas autoridades ocupándose de cuestiones que deberían resolverse en ámbitos de menor importancia política.

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