Mirada militar sobre "seguridad cooperativa"
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La actual misión en Haití consolida esta tendencia y parece indicar el momento de avanzar hacia una integración aún mayor. La preparación, adiestramiento y empleo combinado, es decir de tropas de dos o más países, deberían reducir los costos de recursos y optimizarlos en forma simultánea. Los centros de formación de fuerzas de paz, podrían especializarse regionalmente atendiendo las necesidades comunes y evitando reiteraciones que sólo satisfacen intereses parciales. La coordinación de las industrias de defensa que, en todos los casos, son de empleo dual (civil y militar) y en varios países atañen al ámbito privado, ampliarían sus potenciales mercados. En este orden de cosas, la investigación y el desarrollo recibirían impulsos ciertos y se enriquecería la experiencia al sumar los aportes de los diversos estados regionales. El paso siguiente sería, entonces, una mayor participación, tanto de las tropas (Cascos Azules) que acuden a mitigar los flagelos que sacuden a la humanidad como de los cargos directivos de la ONU y de los registros de proveedores de efectos logísticos.
Esta misma ligazón de las estructuras de defensa del Mercosur podría implementarse también en casos de catástrofes naturales. Inundaciones, terremotos, derrumbes, erupciones de volcanes e inclusive accidentes químicos, sabotajes o actos terroristas, se verían favorecidos por la intervención de medios especializados que hoy en día se repiten en el interior de cada país y en países vecinos. De hecho, ante este tipo de desastres, la ayuda humanitaria y solidaria aparece generalmente como un gesto mediático, un montaje fílmico más que como un servicio eficiente y efectivo en pro del bienestar general. De nada sirve, por ejemplo, que los aviones con frazadas y sueros partan raudos si no pueden luego verificarse los resultados.
Muchas veces se convoca para una determinada acción pero surgen imponderables que ameritan la participación de los contingentes militares en otros campos. Esto ha sucedido, sin ir más lejos, en Haití tras el paso del huracán Jeanne. Los 614 efectivos debieron pasar a desempeñar funciones en un marco sustancialmente más complejo que el originalmente previsto. De allí, la trascendencia de una instrucción y un equipamiento considerablemente especializado para poder desempeñarse con eficiencia, ligando estructuras de defensa.
La región ha discutido, durante años, la conveniencia de los pactos, tratados y acuerdos entre naciones, así como las ventajas y desventajas de la seguridad «colectiva» o « cooperativa». La primera se entiende como una integración y la subordinación de todas las fuerzas empleadas, a un solo comando, supuestamente ejercido por el o los países más desarrollados. La segunda, como coordinaciones y esfuerzos en similares niveles de participación, según los criterios nacionales ratificados para cada caso en particular.
Hoy, en el continente, ya ha sido aceptada la idea de la «seguridad cooperativa». La palabra «asociación» es utilizada como eufemismo o como un inexacto sinónimo de «integración» a fin de evitar recelos y suspicacias, pero nada más. Para que esta idea sea verdaderamente operativa, y posibilite los beneficios que imaginaron sus teóricos, debería comenzarse con una mínima célula de coordinación regional dedicada a la cooperación en casos de catástrofes así como en operaciones militares de paz.
• Responsabilidades
Esa agencia, integrada por un mínimo de profesionales probos tanto del ámbito civil como militar de distintos países, llevaría la agenda y el programa de trabajo. Las proposiciones derivadas de las orientaciones compartidas por los estados miembros quedarían entonces sometidas a las autoridades del Mercosur.
Nuestro país ha aportado a lo largo de su historia, vastas y experimentadas camadas de hombres para desempeñarse en diferentes terrenos y en distintos escenarios. Ellos han dado prueba de su idoneidad y responsabilidad en los deberes, superando incluso condiciones adversas y hasta peligrosas. Darle un mínimo soporte de defensa al Mercosur puede resultar un nuevo paso provechoso. Posiblemente, en unos años, se podría imaginar una secretaría permanente que asistiera a los ministros de Defensa y planificara empleos combinados para OMP a los que cada país pudiera, eventualmente y dentro de sus propios marcos legales, aportar fuerzas. A su vez, podría coordinarse la investigación y el desarrollo de productos para exportar como un sostén de las tropas de la ONU desplegadas en el mundo.
Esta disposición significaría un importante avance cualitativo en las relaciones internacionales y repercutiría en el prestigio y consolidación del Mercosur. Ciertamente, son muchas, y quizás obvias, las ventajas de actuar en bloque pero no por omitirlas en esta síntesis debe relegarse el avance y la trascendencia que reviste poder aunar esfuerzos en pro de los objetivos prefijados de antemano por cada nación.
(*) Teniente general (R). Ex jefe del Estado Mayor del Ejército.




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