Niegan reconciliación
(El periodista dialoga con un influyente religioso de la Iglesia Católica sobre la relación con el gobierno y la delicada situación interna entre los obispos.)
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Religioso: ¿Usted lo dice por la entrevista de monseñor Casaretto en la Casa Rosada?
P.: Diría que es una aproximación.
R.: No se equivoque. La tirantez sigue y lo de Casaretto era una cuestión que estaba prevista hace varios meses, puntual. El no fue como emisario ni creo que se complique en ninguna negociación. Al contrario.
P.: ¿Cuál es la señal de que la tensión se mantiene?
R.: El dato es que los obispos han empezado a demorar una reunión con el Presidente cuando ellos eran, justamente, los que parecían más interesados. El responsable de Culto no sabe cómo hacer para reunirlos.
P.: Pero ustedes son hombres de paz y acuerdo, no demorarán la audiencia.
R.: Es probable, pero vea usted que los ataques del Presidente a monseñor Héctor Aguer, en verdad, sirvieron para robustecerlo a éste dentro de la Iglesia. Primero, porque pudo explicar una situación que lo comprometía y, segundo, porque apareció una voz en la Iglesia que parecía necesitarse. Le ha venido bien aAguer esta situación y, ahora, saldrá más robustecido por la presencia en la Argentina del secretario sustituto delVaticano, Leonardo Sandri.
P.: Usted lo dice porque al banquero Francisco Trusso -por el cual Aguer salió como garante para la libertad- cuando fue detenido lo apresaron en la casa del hermano de Sandri, en la costa argentina.
R.: Ese es un dato no menor y el cual, me parece, Kirchner no tuvo en cuenta cuando lo atacó a Aguer. Creo que, aparte de las palabras del obispo platense, al mandatario lo afectó que las hiciera en un programa que produce Esteban Caselli, quien estaba con Carlos Ruckauf en la gobernación de Buenos Aires. Me parece que él imaginó combinaciones políticas que no estaban en la cabeza de Aguer, como ya quedó demostrado. Fue un apresuramiento.
P.: De cualquier manera, quien parece más cerca del gobierno para tratar los desacuerdos es Jorge Bergoglio, el arzobispo de la Capital. Era él con quien se iban a entrevistar en la Casa Rosada.
R.: Me parece que ésa es una impresión no del todo correcta. La influencia de Bergoglio se resintió luego del episodio de Aguer: no impulsó otras voces y ni siquiera él salió a respaldarlo. Esas cuestiones, en un cuerpo colegiado tan sensible, son tenidas en cuenta.




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