En los últimos días hemos vuelto a escuchar, sobre todo por parte de algunos referentes opositores, fuertes cuestionamientos a los partidos políticos. No se trata de un discurso novedoso: las críticas que ponen el acento en las dificultades para encontrar acuerdos y la intensidad de los enfrentamientosinternos tienen muchos antecedentes en la historia argentina. Los cuestionamientos tienden a ignorar el papel fundamental que cumplen los partidos políticos como articuladores de intereses y conciliadores de las voluntades sectoriales de los ciudadanos.
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Así como los sindicatos se encargan de representar a los trabajadores, las organizaciones empresariales defienden los intereses del capital y las organizaciones no gubernamentales (ONG) se constituyeron en los referentes de la sociedad civil, los partidos tienen la misión fundamental de expresar políticamente a la sociedad y actuar como mediadores entre los ciudadanos y las instituciones. No son un actor más del sistema político: son los actores excluyentes para cumplir esta función.
Puede tratarse de un sistema bipartidista, organizado alrededor de dos fuerzas que se alternan en el poder, como en Estados Unidos o España. La vida política puede estar dividida en dos grandes coaliciones, como en Chile, o fragmentada en muchos partidos, como en Brasil. Puede tratarse de un sistema en mutación, como sucede en la Argentina, donde podríamos asistir al tránsito de un sistema bipartidista a uno multipartidista. Las variantes son muchas, pero tienen algo en común: una democracia sólida implica, necesariamente, partidos políticos sólidos. La competencia electoral entre
partidos es la forma más adecuada para confrontar proyectos, definir rumbos de acción y seleccionar a los gobernantes. Al mismo tiempo, los partidos políticos expresan la continuidad histórica de algunas ideas y valores fundamentales de la sociedad: el compromiso del peronismo con la justicia social y la democracia o la defensa de las instituciones por parte del radicalismo son valores que han perdurado más allá de cualquier cambio de coyuntura.
• Rol central
Pero el rol de los partidos no se limita exclusivamente a la encarnación de estas ideas. Desde 1983 hasta ahora, las fuerzas políticas jugaron un rol central en la defensa de la democracia, papel que quedó de relieve en dos grandes momentos de protagonismo. El primero ocurrió en los años posteriores a la recuperación democrática: ante los levantamientos carapintada, el peronismo decidió cerrar filas junto al gobierno de Raúl Alfonsín y enfrentar el fantasma del golpe de Estado que, en momentos de extrema debilidad del sistema, ponía en jaque la continuidad institucional.
El segundo momento sucedió luego del colapso de la gestión de la Alianza, el derrumbe del modelo económico y el estallido de diciembre de 2001: en aquellos meses dramáticos, el justicialismo, sectores del radicalismo histórico y algunas fuerzas provinciales respaldaron desde el Parlamento la gestión de Eduardo Duhalde, que logró garantizar el funcionamiento de las instituciones y buscar un camino cierto de recuperación económica. De todo esto no debe inferirseque los partidos políticos no hayan cometido errores o, más grave aún, no arrastren vicios y fallas cuya resolución es necesario solucionar cuanto antes. El internismo es uno de ellos, así como también lo es la campaña electoral permanente a la que apelan equivocadamente algunos políticos. Esto crea dificultades a la hora de establecer un rumbo nítido de acción, ubica la discusión por los candidatos y las listas por sobre los proyectos y programas y pone en jaque la relación de los partidos con importantes sectores de la sociedad.
Algunos teóricos sostienen que el formato del tradicional partido de masas está cambiando y que estamos en presencia de una mutación del sistema político. La fuerza imparable de la globalización, el impacto de los medios de comunicación y las crisis económicas recurrentes, entre otros factores, explicarían el agotamiento del antiguo esquema y la emergencia de un nuevo formato partidario. Si esto es así, los dirigentes políticos tenemos la obligación y la responsabilidad irrenunciable de trabajar para buscar formas novedosas de relación con la sociedad.
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