Petróleo y gas natural: consumiendo reservas y el saldo comercial
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Desde el punto de vista fiscal, las retenciones representaron en 2005 más de mil millones de dólares, previéndose para 2006 unos 800 millones. Esta caída se corresponde en gran medida a la merma del saldo exportable de crudo (de 6,8 a 3,5 millones de tep), producto que paga las retenciones efectivas más altas (31%).
En términos de los escenarios futuros se pueden hacer ejercicios simples que permiten dimensionar mejor el problema. Por ejemplo, si se supone que la producción de crudo y gas se reduce a un ritmo anual de 2% y el consumo crece a 3% anual, las exportaciones de crudo prácticamente desaparecen en 2008, y los saldos exportables netos de gas en 2009, para luego importar cerca de 27 millones de m3/día en 2013. En este escenario se hace imprescindible la construcción de un nuevo gasoducto desde Bolivia, que utilizaría a pleno su máxima capacidad.
No obstante ello, en 2013 se mantendría aún un excedente de refinados exportables por 5,7 millones de tep, aunque el saldo energético global será de -2,6 millones de tep, comparado con los casi 20 millones de excedente comercial en los que cerraría 2006.
Un escenario más optimista supone que la producción de petróleo se mantiene constante y la de gas ligeramente creciente. Incluso en este caso desaparecerían las exportaciones de petróleo en 2009 y el saldo comercial de gas sigue siendo ligeramente positivo en 2013.
En ningún caso se supone que se importará crudo en cantidades significativas (la variable de ajuste es el uso de la capacidad de refinación). Las empresas no importarán crudo a preciointernacional más flete para obtener derivados que pueden exportar a precio internacional menos flete y retenciones.
El crecimiento esperado de la demanda de energía, en función de la variación del PBI, augura un faltante de gasoil a mediano plazo. Este faltante es hoy día subsidiado por las empresas que tienen excedente de crudo, pero difícilmente esto pueda sostenerse si falta petróleo. Naturalmente este déficit se hará más significativo en la medida que se mantenga la tendencia declinante de producción de crudos livianos.
Cada escenario tiene asociado un resultado comercial y una recaudación por retenciones. En el primero (producción declinando), el saldo comercial cae a un ritmo anual del orden de 1.000 millones (partiendo de alrededor de u$s 6.000 millones en 2006, u$s 3.200 millones en 2009 y se vuelve negativo recién en 2013) y la recaudación se reduce en el entorno de u$s 800 millones esperados para 2006 a algo más de u$s 300 millones en 2008 y valores casi nulos en 2013. En el escenario más optimista, el saldo comercial y la recaudación caen en forma más pausada.
La política energética actual ha alentado al sobreconsumo de todos los productos energéticos y castigado la producción de gas natural. Eso se ha « financiado» por dos vías: la reducción drástica en las reservas de gas y del excedente comercial de petróleo crudo. Este juego puede continuar durante algún tiempo, pero más allá de que se introduzcan paliativos en la forma de incentivos fiscales, el camino hacia una solución definitiva depende de que los precios reflejen los costos económicos (incluyendo los costos de la inversión). La Argentina pasó de tener energía abundante, confiable y a precios competitivos en los 90 a una energía mucho más barata, pero cada vez más escasa y menos confiable. El desarrollo de mediano plazo requiere, entre cosas, dar una respuesta adecuada a este problema que permita que el Estado capte la renta petrolera, las empresas recuperen sus costos y los consumidores paguen precios realistas.
(*) Daniel Artana es economista jefe de FIEL y Sebastián Scheimberg es consultor en Energía.




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