18 de febrero 2023 - 00:00

Semáforo en amarillo en el inicio del año electoral

Los números de la economía son claros y adversos para el oficialismo. Empezando por la inflación.

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La coalición gobernante se encuentra en la marcha de su último año de gestión al frente del ejecutivo nacional. El panorama económico social es apremiante mientras que en todas las fuerzas políticas se debaten candidaturas, previo a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se darán en el país y en los distintos distritos subnacionales.

A escala país, de acuerdo con encuestas que fueron oportunamente difundidas en los medios de comunicación, ningún candidato tiene imagen positiva mayor al 40% y la mayoría de ellos posee mayor índice de negatividad que de positividad.

Los números de la economía son claros y adversos para el oficialismo. Empezando por la inflación de enero que arrojó un contundente 6% que evidencia un piso para el primer trimestre del año y que, salvo un ocasional plan antiinflacionario, superará en el 2023 el 60% estipulado en el presupuesto, con una interanual enero a enero del 98%.

En esa línea, la inflación mayorista escaló al 100% en enero 2023, lo que le pone un piso elevado para los meses venideros, que, mensualizado, representan el 6,5% mensual. La gestión de Alberto Fernández que, con las particularidades propias del contexto local e internacional después de 3 años, acumula un 339%, el más alto desde la hiperinflación.

La situación económica es tal que una familia tipo necesitó 2,5 salarios mínimo vital y móvil para no ser pobre, ya que, la canasta básica total tuvo un incremento del 108% interanual contra un 98% de inflación y, la alimentaria de 109,8%. Mientras, en 2022, el sector privado no registrado tuvo una variación salarial del 65,4% y los asalariados totales del 90,4%. Es decir, un incremento evidente de la pobreza por ingresos que se evidenciará en el próximo informe del INDEC y superará el 40% con amplitud. La inflación es el impuesto que pagan principalmente los pobres.

Además, la sequía será arrasadora con los ingresos de divisas. La estimación acerca del impacto en la caída de las exportaciones agrícolas es de poco más de 10 mil millones de dólares si la situación climática no se profundiza, pudiéndose alcanzar los 18 mil millones como mayor monto negativo. Esto generaría a su vez, una merma en la recaudación por retenciones de por lo menos 3 mil millones de dólares. Con este contexto, el BCRA acumula ventas de divisas en el MULC en 2023 por 1.100 millones de dólares que no puede salvar con los muy buenos precios de las commodities que, además, se acompañan con una mejora en los futuros de soja, trigo y maíz.

Sumado a esto, el frente monetario no es el mejor. El stock de pasivos remunerados del BCRA excede los 11 billones de pesos, que genera intereses a los tenedores, principalmente bancos, por 675 mil millones de pesos mensuales. Es un problema evidente que va a continuar a medida que, siendo un año electoral, mediante emisión se incremente el gasto público para mejorar artificialmente el ingreso y el consumo de los ciudadanos y luego, se esterilice por más pasivos remunerados que atacarán durante la próxima gestión de gobierno, sea cual sea.

No hay todavía planes sobre que va a hacer el próximo gobernante pero el mercado lee, analiza y planifica. Los futuros de diciembre 23 descuentan un aumento del 8,3% mensual mientras que en términos de cercanía, el crawling peg se pricea a 6,9% promedio. Sabe que la inflación no va a bajar y por ello, en la última licitación demandó instrumentos atados al CER + tasa en detrimento de la tasa fija, calculando el piso del 6% mensual para los próximos meses. Los gremios no están seguros de acatar el techo del 60% para las próximas negociaciones paritarias y el primer paro está a la vuelta de la esquina, a sabiendas, que van a tener que negociar un incremento salarial en términos reales positivo para tener chances de llegar al eventual balotaje de la contienda electoral.

Sin embargo, a pesar de este escenario complejo, el 2023 recién comienza y faltan más de 6 meses para la primera elección primaria nacional. Los datos de la macroeconomía no son buenos, pero también es cierto que un porcentaje de los votantes define su sufragio en los últimos días previos a la elección. Pareciera que el escenario electoral está dividido en tres polos y la cuestión económica es importante, sobre todo en las familias de ingresos bajos, medio bajos y medios, aquellos que suelen votar “con el bolsillo”.

Moratoria previsional, bonos en dinero fijas a jubilados y sectores bajos, cambios en el mínimo no imponible de ganancias, paritarias positivas en términos reales antes de la elección, inauguraciones de obras públicas y todo lo que esté al alcance de la mano para alcanzar el triunfo.

No hay que hacer futurología sobre cuánto es el índice de inflación que permite una derrota electoral, si 6% o si 3% es victorioso, sino que, si el poder de compra de los asalariados mejora, es probable que cambien las expectativas y haya más votos hacia el oficialismo y si eso no sucede, hacia la oposición. El año transcurre y en la macro argentina, 6 meses es el largo plazo, una eternidad.

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