Un clásico de Aldo Rico: habla de revolución y contra Kirchner
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Aldo Rico ayer en un reportaje a este diario donde explicó su visión de los problemas del gobierno en torno a la inseguridad y la diferencia entre ser revolucionario y progresista.
Periodista: El fenómeno masivo de Blumberg le sacó la calle al oficialismo, al peronismo, a la izquierda. Pero, además, ¿también le quitó la bandera de la seguridad a figuras que parecen especializadas como usted?
Aldo Rico: No lo creo en mi caso. Lo que logró Blumberg es un no al progresismo y modificó la opinión de que todo lo que no era progresismo debía ser anatemizado. Blumberg, creo, es un problema para toda la dirigencia política, porque el problema no es Blumberg sino la inseguridad. Es como Castells, que revela el problema de la pobreza y desocupación. Son caras de la misma moneda, son representaciones paralelas.
P.: Pero yo no le preguntaba por la semejanza entre Blumberg y Castells.
A.R.: Mire, más allá de que no esté de acuerdo con muchas cosas que dice Blumberg, y eso que él repite cosas que eran plataforma de nuestro partido (como los juicios por jurado para limitar a los jueces y fiscales), su fenómeno ilumina la crisis de la representatividad política. Es decir, frente a él, hay políticos que no representan a nadie y los administradores a cargo no hacen las cosas que corresponden para solucionar los problemas del ciudadano.
A.R.: Es cierto, viene desde el '94 con la reforma de la Constitución, porque entonces se insistió en ponerle tutores a las instituciones en lugar de cambiarlas o transformarlas. Y, luego, minimizar o deteriorar la representatividad política con la presencia del ombudsman -un instituto de las monarquías-, el defensor del pueblo, los foros de seguridad, el consejo de la magistratura, y muchas otras expresiones que significan la depreciación de los representantes, sea a nivel de municipios, provincias o Nación.
P.: ¿No le gusta Kirchner?
A.R.: Yo no lo analizo por lo que dice, sino por lo que hace. Creo que es poco tolerante, como la mayoría de los políticos argentinos.Y que no sabe hacer funcionar su estado mayor. Sin un gabinete que funcione, el sistema de decisión es vertical. Y esos sistemas ya no rigen en el mundo, se apela al estado mayor, a la horizontalidad. Lo dice un militar, fíjese, pero la técnica de la consulta, de la opinión de otros, es fundamental. Sirve para entender los temas, resolverlos y anticiparlos. Si así se hubiera procedido, la inseguridad no sería un problema tan grave, del mismo modo que la desocupación.
P.: De cualquier manera, creo que a usted le debe gustar que ahora Aníbal Fernández se ocupe de la seguridad.
A.R.: Soy amigo de Aníbal, le tengo respeto. Es rápido, capaz de defender lo indefendible -lo digo con toda amabilidad y cariño-, honesto y con entidad intelectual. Creo que también es hombre de no dejarse llevar por delante y, su nuevo rol, también significa que el presidente Kirchner ha cambiado de estrategia, se dio cuenta de que estaba equivocado.
P.: Tanto entusiasmo con Fernández y, al mismo tiempo, irritación con León Arslanian.
A.R.: Mire, ocurre que este hombre no sabe conducir luego de cómo ha desordenado a la Policía Bonaerense. Hay principios básicos que deberían explicarle: centro de gravedad, objetivos y sorpresa. Son fundamentales para la acción policial y él no entiende nada de eso.
P.: Mucha crítica, pero usted funciona en el sistema duhaldista de la provincia de Buenos Aires.
A.R.: Mire, soy peronista de la provincia. Conduzco una línea interna del PJ y voy a participar de las internas del partido. Hace mucho que no hablo con Duhalde, pero soy leal a mis compañeros. Tengo buena relación con todos, incluyendo a Felipe Solá.
P.: ¿No comulga con los transversales de la provincia?
A.R.: Están muertos en la provincia, no tienen más de 20 meses en cada distrito.
P.: Entonces, Duhalde hace mayoría y minoría.
A.R.: Tal vez, él va a integrar las listas como lo hizo con Menem. Además, basta con eso de echarle toda la culpa a los '90 y a Menem, si los que están en el gobierno votaron todo lo que él pidió siempre, Kirchner lo acompañó y su secretario Oscar Parrilli fue miembro informante de la privatización de YPF.
P.: Bueno, esos parecen detalles afines a la historia del peronismo, hay otras cuestiones...
A.R.: Claro que no: lo principal hoy es distinguir el significado de revolucionario y progresista, ya que esto último nos llevó a una decadencia al permitir burlar ciertos límites, la tolerancia frente al delito, frente a la aculturización.
P.: ¿Para usted, progresismo es sinónimo de Néstor Kirchner, para identificar sus palabras?
A.R.: Sí, puede ser Kirchner. Pero quiero explicarme. Tener pensamiento revolucionario en la Argentina es volver hoy a la Constitución del '53. O sea, ser republicano, representativo y federal. La aparición de los Blumberg, Castells o las ONG demuestran falta de representatividad . No tengo que explicar que la República funciona cuando los tres poderes son independientes y en la Argentina, desde 1983, con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner los diputados han hecho las leyes no porque lo querían sino porque se los indicaba el poder político. Obediencia debida pura. Hasta votaron leyes en contra de sus principios y los de su partido. No le tengo que contar el rol de la Justicia.Y en lo federal, hemos dejado también de ser federales para soportar el ahogamiento económico y fiscal que determina la Casa Rosada.
P.: ¿Ve a alguien interpretando ese pensamiento revolucionario?
A.R.: Creo que es lo que les falta a Blumberg y a Castells, por supuesto al gobierno y no veo a Macri en esta línea. Pero tampoco lo veo a López Murphy y mucho menos a Lilita Carrió, quien me hace acordar un cuento de Saramago en que plantea la hipótesis de que en cierto país de pronto vota en blanco 83% del electorado: eso es lo mismo que la conciencia moral de Carrió.




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