En todo el mundo se está discutiendo la política monetaria. En Estados Unidos., Europa, China. No es extraño que también aquí estemos confundidos. ¿Qué nos dice el mercado?: 1. La gente vende dólares porque es la única vía para obtener los pesos que faltan. En las actuales circunstancias, faltan pesos. El superávit fiscal y las mayores necesidades de liquidez de una economía en crecimiento absorben pesos a la población. La única forma de obtenerlos es entregando divisas a la autoridad monetaria. Por eso, no se debe criticar al Banco Central por suministrar el circulante demandado. Debemos aceptar que la actual política monetaria consiste en sostener el dólar alrededor de 2,9 a 3 pesos. La alternativa, dejar caer esa cotización, presionaría a reducir los precios internos, originando oferta excedente de bienes y desocupación, mientras dure el ajuste.
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Como explico en el libro «La riqueza de los países y su gente», no se puede decir que la flotación -el mercado determina el tipo de cambio; y los funcionarios, la emisión monetaria- sea más libre o de mercado que fijar el valor de la divisa -el mercado determina la cantidad de dinero; y los funcionarios, el tipo de cambio-. Es más, la gobernanza, o administración, del sistema monetario es más transparente y sencilla con fijación de la divisa que bajo la flotación. 2. El Banco Central está ofreciendo un gran negocio a los tenedores de Lebac. La emisión de Lebac alcanza a 22.500 millones. El costo de los intereses sobre esa deuda está tendiendo a una tasa de 7% anual. Como el Banco Central sólo percibe menos de 3% por la colocación de reservas, la pérdida es de unos 900 millones anuales, que ganan los colocadores. Estas perspectivas de ganancias exacerban la demanda de pesos y las consiguientes ventas de dólares. Aún más significativo, a causa del abultamiento de las tasas de interés, la actividad económica pierde dinamismo. 3. El dilema. Perseguir dos objetivos conflictivos lleva al fracaso seguro. Las autoridades deben decidir y transparentar cuál es la política monetaria. Si cometieran el error de inclinarse por la flotación, deberían dejar caer la cotización del dólar; y las empresas, aguantar el exceso de producción.
Porque, bajo flotación, la única manera de satisfacer la demanda excedente de pesos -»producir» los pesos que están faltando-es haciendo caer los precios internos.
• Precios
El otro sendero, reconocer la meta cambiaria, lleva a emitir todo lo que el mercado solicite, entregando pesos contra dólares al tipo de cambio correspondiente. Habiéndose ya embarcado en esta variante, parecería ser la menos traumática. Por supuesto, los precios internos se ajustarán a las necesidades de aumentar la ocupación mejor remunerada. Recordemos que, desde diciembre de 2001, los precios al consumidor apenas subieron 63%, y los mayoristas lo hicieron en 148%. Tamaña alteración de precios relativos perjudica al sector servicios, que es el mayor ocupante de personal. No es sostenible ni saludable.Especialmente, para los que permanecen infrapagados y al ejército de marginales. Los precios y salarios deberán irse adecuando a las posibilidades de una economía más productiva.
Las políticas monetarias que se apoyan en un tipo de cambio fijo no son peores que las indefinidas o indecisas, como suele ser la denominada flotación en las naciones periféricas. Hong Kong lleva 18 años de convertibilidad. La República China superó los 10 años, con el crecimiento más dinámico del mundo. Ahora, la incomprensión de la principal potencia la está induciendo a modificar su curso. En nuestro país, la regla cambiaria duró 10 años y medio, todo un récord en un ambiente de alteraciones continuadas, y sucumbió por el caos al que nos llevó una constelación fatídica. Que las autoridades expliciten la política para que la sociedad gane información, disminuya la incertidumbre, se dejen de subsidiar las colocaciones de deuda del Banco Central y no se pongan frenos artificiales a la actividad. Los controles al ingreso de capitales no han funcionado en los países que lo aplicaron y parecen un contrasentido en una nación ávida de ellos. Las exigencias de depósitos previos o pagos anticipados de las importaciones, tampoco. El Banco Central demostrará, como en el pasado, que no tiene dificultades de sostener el tipo de cambio establecido.
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