A La Haya, para discutir Malvinas
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A raíz de ese estancamiento, en 1999 los diputados Dante Caputo y Rafael Flores presentaron un proyecto llamando al gobierno a someter la cuestión de la soberanía de las Malvinas a la decisión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Los argumentos que, según algún trascendido en la prensa, hicieron que en las postrimerías del gobierno de Menem no se avalara el proyecto Flores-Caputo fueron meramente coyunturales y no son ya valederas.
La presión de los isleños ante el Reino Unido para restringir la presencia de argentinos en las islas y lograr con el proyecto de Constitución su autodeterminación se acelera. El 30 de setiembre pasado se informó que «las fuentes del gobierno (británico) consultadas admiten desconocer la reforma sobre la cual, dijeron, protestarán en su momento». Por la propuesta isleña de nueva Constitución este pedido de autodeterminación ya no figura en el preámbulo del texto, sino en el primer capítulo, en sintonía con los términos de la Carta de las Naciones Unidas, ya aceptada por el Foreign Office. Y según el sitio Mercopress, se busca frenar «el persistente reclamo de soberanía» que la Argentina le hace al Reino Unido.
Frente a esto:
1) La Cancillería debería ordenar la preparación de la demanda invitando a participar a los mejores expertos en la materia. En la demanda, la Nación autolimitaría su reclamo territorial admitiendo el estatus de gobierno autónomo nacional, que no puede estar sujeto a intervención federal, ni a impuestos nacionales, leyes de conscripción militar y que tendría zona franca.
2) Promover el consenso popular sobre el proyecto, citando a los partidos políticos y organizaciones sociales, culturales, académicas y profesionales para que apoyen la decisión.
3) Con el resultado preliminar favorable enviar el proyecto al Congreso.
4) Citar oportunamente al embajador británico para exhortar a que el Reino Unido consienta la jurisdicción del tribunal internacional para resolver la cuestión en forma pacífica, sin que ello impida la apertura de conversaciones en el seno del tribunal para resolver la cuestión por acuerdo de partes.
5) Comunicar la decisión a los países miembros del Mercosur, de la OEA y las Naciones Unidas que apoyen la decisión y la exhortación al Reino Unido a aceptar la jurisdicción de la Corte Internacional.




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