17 de abril 2003 - 00:00

Aficiones

José Pampuro, quien se reparte entre la Secretaría General y la campaña de Néstor Kirchner, se ha convertido últimamente en el principal vínculo entre la Casa Rosada y los negocios de algunos sectores privados. No solamente se encarga de reclutar voluntades, usando el teléfono oficial, para que la familia Rocca (Techint) controle la Unión Industrial Argentina. Tampoco descuida la afición principal del duhaldismo, los juegos de azar: tanto que desde hace un par de meses lo denominan «Pampuro Libermann», en alusión al empresario Samuel Libermann, interesado hoy en introducir el negocio del juego en la Capital Federal. Como si hubiera ganado, por lo menos, un nuevo apellido.

La relación con Libermann pone de manifiesto la plasticidad de Pampuro. Libermann fue uno de los hombres de negocios más allegados a Alfredo Yabrán durante los últimos años de vida del empresario postal. Curiosidades de la historia, «Pampuro Libermann» fue uno de los alentadores de lo que se presentaba como una campaña de adecentamiento público, a la que él colaboraba aportando desde la Casa de la Provincia de Buenos Aires a la creación de Acción por la República, el partido de Domingo Cavallo. Esa cercanía con Cavallo es la que lo vinculó a Alberto Fernández y a Juan Carlos Mazzón, sus socios hoy en la batalla por ubicar a Kirchner en el eventual ballottage.

Abrazo

Larga pirueta la de «Pampuro Libermann»: su gobierno terminó poniendo preso al antiguo amigo, Cavallo, y él abrazado al socio de quien debía ser condenado. Después de todo, también los Kirchner lucen más tolerantes. La senadora Cristina, por ejemplo, viajó ayer a Catamarca usando un avión de Royal Class, la empresa de taxi aéreo de la familia Yabrán. Menos mal, no utilizó el avión oficial de Santa Cruz, como le reprocharon cuando se discutía en el Senado la derogación de la Ley de Subversión Económica.

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