Sin hacer alharaca pero con ambiente fiestero, en los reductos de Ricardo López Murphy se festejaba el anuncio -tal vez no cierto- de que Cristina Fernández de Kirchner, aliada al aparato duhaldista de la provincia de Buenos Aires, se presentará el año próximo como candidata a senadora. «Palo y carambola» celebraban con un lenguaje más de aspirante bonaerense que de técnica económica.
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En rigor, se alientan con la perspectiva de que reunidos en un mismo polo los Kirchner y los Duhalde, eso beneficia a la coalición que forma López Murphy para disputar las legislativas de 2005. Aunque, claro, sospechan que el «estadista» Duhalde imaginará alguna jugada para fragmentar la alternativa de centro que hoy el economista integra con sectores independientes y núcleos disidentes del radicalismo de la provincia (convencidos de que el tándem Moreau-Storani es funcional al oficialismo duhaldista y conduce al partido a una derrota epopéyica).
Aun así, los radicales bonaerenses que ayer estuvieron con López Murphy -entre ellos, Gustavo Posse, intendente de San Isidro- confesaban que el ex ministro contenía su alegría por el anuncio de la postulación de la primera dama: no cree en ese tipo de bendición electoral, más bien estima que la Kirchner finalmente evitará comulgar con Duhalde. A pesar, claro, de que reconoce a la Casa de Gobierno como propiciadora de la versión que impuso en ciertos diarios la candidatura de la esposa del Presidente.
Ese tema de trascendidos a la prensa -de «operaciones» tan típicas en la política- centró parte de la reunión en sus oficinas de la Galería Jardín con los radicales. Para él, el encuentro que había mantenido con Mauricio Macri -difundida no precisamente desde su sector- ha marcado un corte en su relación con el empresario que preside Boca Juniors. «No tengo nada contra él, voy a seguir conversando, pero Macri entiende que para tener posibilidades electorales debe concurrir con un sector del peronismo. Eso de la pata peronista, a mi juicio, es ideal para Duhalde y, naturalmente, no estoy de acuerdo. Yo voy con ustedes para ser senador por la provincia.»
• Confesión
Esa frase casi triunfalista entusiasmó a los radicales, quienes confesaron que la coalición imaginada hace 4 meses con López Murphy, que parecía forzada y no del todo posible, ahora tomó otro carácter. «Antes teníamos que llamar a gente para que adhiriera, ahora vienen solos», puntualizó Posse. Al mismo tiempo, se sabe que prospera la idea de Enrique «Japonés» García, intendente de Vicente López, quien fuera amigo del padre de López Murphy: ha planteado que los intendentes y otros hombres del radicalismo con vocación de acompañar al economista no necesariamente deben renunciar al partido. Esa no es una exigencia de López Murphy. En todo caso, su iniciativa apunta a que las autoridades de la UCR admitan que, todos aquellos que lo deseen, puedan integrarse a otra coalición electoral desde agrupaciones vecinales. Como el aluvión de pedidos impresiona -según estos dirigentes-, la negativa sería un cisma que la UCR provincial no podría resistir. En rigor, al mejor estilo Yrigoyen, su propuesta de apertura a López Murphy es una rebelión interna que si se consagra hasta podría suponer una oxigenación al radicalismo que lo sacará de su actual estado comatoso.
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