7 de marzo 2001 - 00:00

Alivio

Adolfo Bagnasco debió sentirse aliviado cuando pudo demostrar que no tuvo nada que ver con una presunta sociedad off shore denominada «Los Naranjos», la misma que sus adversarios habían convertido en un verdadero altar de las supuestas operaciones financieras que le achacaban al atribulado ex juez. Sin ese peso que él negó tantas veces, la última en un reportaje ante este diario, Bagnasco se animó ayer a trasladarse hasta la Casa de Gobierno para entregarle su renuncia en mano al propio Fernando de la Rúa, con quien estuvo unos 40 minutos en total soledad. Tamaña audacia, al menos para el recoleto ámbito judicial, debería haberse completado con un saludo similar hacia Carlos Menem, quien hace 7 años, 7 meses y 7 días -su sentido cabalista como los artistas o los políticos lo llevó a renunciar un día 7- lo ungió como juez de la Nación ante la insistencia de su nuevo socio: el ex juez de la Corte y ex embajador en Roma, Mariano Cavagna Martínez, quien como él hace tiempo que se distanció del menemismo para dejarse encandilar por las tentadoras promesas de Carlos Ruckauf. En el estudio de su amigo y conmilitante peronista, Bagnasco deshojará la margarita a la espera de una oferta para ser diputado nacional por el PJ bonaerense o en todo caso, sumarse al proyecto «Ruckauf presidente».

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