Alstom, acusada en Brasil como Siemens aquí con DNI

Política

La alemana Siemens ya no está sola en la picota por repartir presuntamente sobornos en distintos gobiernos para garantizarse contratos de obra. Otra europea y conocida de la Argentina, la francesa Alstom, quedó ayer envuelta en varias denuncias, en particular una en la que se investiga un pago de u$s 6,8 millones en la obra de extensión del sistema de subtes de San Pablo, en Brasil.

La investigación sobre el grupo Alstom, al cual el gobierno le adjudicó la construcción del tren bala Buenos Aires-Rosario-Córdoba, arrancó en la Justicia francesa después de una denuncia por sospechas de pago de sobornos en sudamérica y Asia que realizaron fiscales suizos.

La fiscalía de París abrió el 7 de noviembre de 2007 una pesquisa por presunta «corrupción activa de agentes públicos extranjeros» y «abuso de bien social». En realidad, Francia fue alertada del asunto en mayo de 2007 por las autoridades suizas, que descubrieron en 2004 movimientos de fondos hacia «empresas pantalla» del grupo que transitaban por un pequeño banco de Zurich.

  • Destinatarios

    Estos fondos eran destinados a responsables de marketing de Alstom en Singapur, Indonesia, Venezuela y Brasil. «La naturaleza de las transacciones y los documentos, que muchas veces eran escritos a mano, llevaron a la conclusión de que había corrupción», se afirmó en el «The Wall Street Journal» que el martes reveló la investigación.

    El grupo ayer emitió un comunicado: «Alstom no es blanco de ningún procedimiento judicial. Unos funcionarios fueron escuchados como simples testigos en el marco de una comisión rogatoria».

    Así, Alstom reconoció que algunos de sus empleados fueron interrogados como testigos en una investigación en Suiza, pero insistió en que «no hay procedimiento legal que tenga como objeto a la compañía en asuntos de corrupción».

    Además de esos interrogatorios, la Justicia Suiza ya citó a un ex consultor del grupo, Michel Mignot y un ex funcionario de una filial de Alstom, Yves Barbier de la Serre, que también fueron llamados por la Policía francesa.

    De allí partieron las acusaciones más duras contra la empresa: ellos dijeron que Alstom habría pagado «comisiones» entre 1998 y 2002 para ganar contratos, utilizando principalmente una «caja negra».

    Hasta ahora la Policía suiza sospecha que 24 personas recibieron sobornos o facilitaron los desembolsos, lo que también fue desmentido ayer por Alstom: la información del «The Wall Street Journal» «descansa sobre hipótesis y especulaciones... nuestro código ético exige cumplir estrictamente con las legislaciones y reglas en vigor».

    Como sucede con Siemens en Munich, en esta etapa de la investigación, Alstom no ha sido aún acusado. De hecho los jueces financieros Renaud van Ruymbeke y Xaviere Simeoni aún no han inculpado a nadie. Pero ya en febrero hubo audiencias judiciales en las que funcionarios de Alstom participaron como testigos, algunos de ellos integrantes de la dirección jurídica de la empresa.

  • Paralelismo

    Las similitudes entre el escándalo de Alstom y el Caso Siemens son más que curiosas: el constructor del tren bala es sospechado de haber pagado «varios millones de dólares» de sobornos para obtener contratos en Asia y Latinoamérica entre 1995 y 2003, cuando Pierre Bilgerera su presidente. Es la misma época en la que Siemens negoció en la Argentina el contrato para la confección de los DNI y el control fronterizo y luego -tras la caída de Fernando de la Rúa- intentó reflotarlo supuestamente pagando otros u$s 10 millones en sobornos.

    De acuerdo a las fuentes en Estados Unidos, Alstom habría pagado u$s 6,8 millones para propiciar la obtención de un contrato de u$s 45 millones para la extensión del metro de San Pablo.

  • Monopolio

    En 2004 Alstom estaba al borde de la quiebra, pero ya desde 2003 había comenzado a quedarse casi con el monopolio en Francia de los trenes de alta velocidad, tranvías, subtes y hasta generación de energía. Así, gracias a ese negocio y sus contratos en el exterior, la empresa presidida por Patrick Kron -que hace una semana firmó con Cristina de Kirchner en Buenos Aires la concesión definitiva de las obras para el tren bala criollo-, consiguió subsistir y salir del apuro financiero.

    Por eso la investigación en Francia no sólo abarca a Brasil sino pagos sospechosos por un total de u$s 200 millones a otros países como Venezuela, Singapur e Indonesia.

    Mientras tanto y a pesar de que Alstom desmintiera cualquierposibilidad de haber pagado sobornos, la operadora del Metro de San Pablo comenzó a analizar los contratos que firmó con la francesa entre 1995 y 2003.

    «Apenas haya informaciones relevantes al respecto del asunto, éstas serán anunciadas públicamente», dijo ayer el directorio de los subtes paulistas.
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