En Uruguay se les dio amplio despliegue a los argumentos de las empresas europeas que planean instalar dos plantas de celulosa en Fray Bentos, pero casi nada a la postura contraria de ambientalistas de ese país. Esos grupos, agrupados en la Red Uruguaya de ONGS Ambientalistas, tuvieron gran incidencia en las conclusiones a las que arribó el martes en Montevideo la Corporación Financiera Internacional (CFI), del Banco Mundial. Tras analizar un sólido documento de 18 páginas que los defensores del medio ambiente en Uruguay entregaron a través del grupo Guayubira, los representantes de la entidad financiera -que hoy se reunirá en Buenos Aires- reconocieron que el estudio preliminar del Banco Mundial «era perfectible».
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En efecto, los ambientalistas orientales coinciden con la explicación que el canciller argentino, Jorge Taiana, expuso ante el Congreso. Dijo que la cercanía de las dos plantas que pretenden instalarse provocaría un «impacto ambiental acumulativo» que duplicaría el daño que ocasiona la decena de celulosas instaladas en la Argentina.
En los argumentos expuestos por Guayubira se sostiene que «la escala del proyecto acumuladoes extraordinaria (1.500.000 toneladas anuales de celulosa) en una perspectiva internacional y para Uruguay, un punto que el informe de la CFI no hace notar».
La Red Uruguaya analiza que esa proyección «ubica al proyecto acumulado en uno de los más grandes del mundo, mientras que la producción acumulada de las diez plantas existentes en la Argentina es la mitad de la producción del proyecto acumulado». «Pero ese conjunto de empresas -concluye- sedistribuye en un extenso territorio.» «En Europa, las plantas más grandes se ubican en el entorno de 700.000-800.000 toneladas por año, pero son mucho más frecuentes tamaños menores», ejemplifica el estudio ambiental.
Otro dato interesante aportado por sectores sociales tiene que ver con la explotación forestal que se planea para la zona en cuestión: «Es inadmisible argumentar que las plantaciones de eucalipto no causarán impacto por el mero hecho de que otras plantaciones mayores no lo tienen. Nunca se ha evaluado esto seriamente». «El Banco Mundial -agrega- locompara con los cultivos de soja, pero es imposible comparar el suelo que exigen una y otra especie.»
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