Néstor Kirchner entendió ayer, antes del mediodía, lo que significaba para la política social del gobierno concederle la personería gremial a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA de Víctor De Gennaro), como estaba previsto. La cúpula de la Confederación General del Trabajo resolvió en una reunión matutina no concurrir al saludo de Navidad al que la había invitado el Presidente en la Casa Rosada. Y enviar solamente a su triunvirato de secretarios generales: Hugo Moyano, José Luis Lingieri y Susana Rueda.
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Nadie tenía previsto que las fiestas encontraran al gobierno a las puertas de un conflicto con la CGT. Por eso, el Presidente adujo que no había dado orden alguna de avanzar con el trámite por el cual la CTA reclama reconocimiento legal como central obrera. La declaración dejó en falsa escuadra al ministro de Trabajo, quien, a la vez, aseguró a sus interlocutores sindicales que el impulso dado al trámite se debió a una instrucción del jefe de Gabinete, Alberto Fernández. En verdad, Carlos Tomada fue durante años el principal abogado del principio de organización sindical en torno a una sola central obrera, lo que lo vuelve un inspirador poco creíble del criterio contrario, que quiere imponer De Gennaro.
La solución técnica que se encontró para salvar la instrucción presidencial y, a la vez, contener el trámite que avanzaba velozmente (ayer se iba a establecer la personería jurídica de la CTA) fue que se «dé vista» a la CGT del trámite administrativo. Es posible que tarden años en contestar los abogados de la central obrera. Se impuso, entonces, el criterio de Noemí Rial (experta en derecho laboral y viceministra de Trabajo) y de Víctor Hugo Guida, el director de Asociaciones Profesionales y Personería Gremial de la cartera de Trabajo: ellos le habían advertido a Tomada, la noche del martes, que sería demasiado conflictivo seguir adelante con el otorgamiento que pretendía De Gennaro.
• Basura
Kirchner recibió ayer primero a Hugo Moyano, quien negoció con el Presidente el conflicto por la recolección de basura en la Capital Federal. El camionero admitió aceptar una conciliación para las fiestas, pero reabrir la pelea después del 1 de enero. Después se incorporaron los otros dos gremialistas, frente a los que el Presidente aclaró que no estaba entre sus intenciones agredirlos. Ya había sido informado de la dura reunión de consejo directivo de la CGT que se había producido durante la mañana, durante la cual varios dirigentes propusieron que nadie de la conducción,ni siquiera los triunviros,asistiera al encuentro de la Casa Rosada. A cambio de esta polémica, Kirchner aseguró que habrá nuevas recomposiciones salariales una vez que pase el verano.
La resolución de no multiplicar las centrales obreras oficiales fue defendida por los visitantes de la Casa Rosada con varios argumentos. Por ejemplo, que el reclamo de la libertad sindical que viene planteando la CTA en la Organización Internacional del Trabajo no está en la agenda de 2005 de esa organización. Y que, si se mira el proceso de organización de los sindicatos franceses o italianos, en ambos casos, están regresando del principio de diversidad de centrales obreras oficializadas. A Kirchner no le interesaron demasiado esos argumentos. Para él, lo más doloroso sería postergar todavía más la legalización de la CTA, entidad con la que tiene vínculos políticos innumerables, que llevan el nombre de Luis D'Elía (su federación piquetera está afiliada a esa agrupación), De Gennaro, Claudio Lozano y hasta Artemio López (el encuestador de la Corona). Incluso, el embajador ante el Vaticano, Carlos Custer, milita en esa organización de centroizquierda.
El gobierno prefirió ayer explicar a esos amigos que sus pretensiones serían postergadas antes que ingresar en el año electoral con un conflicto con la CGT, sobre todo cuando Kirchner tiene suficientes pruebas del alineamiento de Moyano y los suyos con Eduardo Duhalde.
Sin ir más lejos, ayer hubo una demostración más sobre esa afinidad. Después del encuentro con el Presidente, se sirvió un almuerzo en la sede de la CGT para homenajear a dos duhaldistas relevantes: Graciela Camaño, la ministra de Trabajo de Duhalde a quien se le entregó una lapicera de oro por los favores recibidos por el sindicalismo durante su mandato; y Saúl Ubaldini, agasajado por su trayectoria y por la vigilancia que ejerce en el Congreso en relación con los intereses sindicales.
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