16 de febrero 2006 - 00:00

Apareció una FAEC argentina que ahora critica a los críticos

El debate sobre las papeleras deja ver algunas opiniones fundamentadas y muchas otras livianas, que aportan poco o sólo confunden.

Ayer, la prensa uruguaya dio aire al punto de vista de una poco conocida Fundación Argentina de Ecología Científica (FAEC).

Eduardo Ferreyra
, titular de la entidad, acusó a la organización internacional Greenpeace de pretender instalar «un pensamiento único fascista».

El problema surge cuando este experto, cuyas declaraciones iniciales fueron al diario «El Puntal» de Río Cuarto, se lanza a apoyar la instalación de las papeleras con una suma de vaguedades e inexactitudes.

Dice Ferreyra que «antiguamente se utilizaba cloro puro para blanquear la pulpa... Pero ahora hay dos tecnologías que se están utilizando para procesar la pulpa de papel: la libre de Cloro Elemental (ECF) y la Totalmente Libre de Cloro (TCF); en el caso uruguayo se utilizará ECF, aprobada por protocolos de los países europeos».

• Irreal

El «antiguamente» al que se refiere Ferreyra no es real. En Puerto Piray, Misiones, hay una planta en fideicomiso que aplicaría la técnica de cloro elemental, lo que motivó una queja la semana pasada del gobierno de Paraguay por la contaminación del río Paraná que marca frontera con la Argentina.

Greenpeace y otras organizaciones también apuntan a la planta de Celulosa de Capitán Bermúdez, Santa Fe, por el supuesto uso de cloro elemental.

En segundo término, nada indica que la técnica ECF, con dióxido de cloro (que se utilizará en Fray Bentos), no sea contaminante
. De hecho, la Universidad Austral de Chile encaró una investigación por la contaminación de ríos de Valdivia, cuyas causantes serían las celulósicas Constitución y Arauco. Esta última opera en la Argentina con el nombre de Alto Paraná, y tanto en Chile como en nuestro país, el debate está abierto.

La singularidad del problema de Fray Bentos está dada por la dimensión de la futura producción de pasta de celulosa
. Ambas empresas sumadas, la española ENCE y la finlandesa Botnia, verterán desechos en una proximidad de ocho kilómetros sobre el río Uruguay en un volumen muy superior a lo producido por la totalidad de las papeleras que hay en la Argentina. En concreto, el problema está dado por la concentración de semejante producción, que se conoce en pocos lugares del mundo. Para tener una idea, Uruguay cuenta hoy con una papelera en Juan Lacaze (Colonia) que produce 35.000 toneladas de pulpa, contra más de 1,5 millón de toneladas del proyecto de Botnia y TCF (40 veces más).

Es cierto que el sistema TCF (libre de cloro) que propugnan Greenpeace y el gobernador
Jorge Busti se aplica principalmente en Alemania y en pocos lugares más. Pero como sobre el ECF hay tantas dudas, es entendible que hay que evitar la concentración y maximizar los controles.

Por último, Ferreyra dice que Finlandia está a la cabeza del control medioambiental. No hace falta ahondar en que un país puede ser riguroso puertas adentro y desaprensivo hacia afuera. En definitiva, opinión poco seria.

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