30 de octubre 2003 - 00:00

Aquellas (pocas) horas felices

Habría que escrutar en la psiquis de Néstor Kirchner para conocer si es regocijo de poder o simple impuntualidad ese casi obsesivo estilo de demorarse en demasía. Ha tenido la poca diplomacia de hacerse esperar ante el embajador de Estados Unidos y ayer la tuvo también con más de un centenar de fiscales, juristas y magistrados.

Los hombres de la Justicia fueron a escuchar la música sobre la creación de una universidad de posgrado para fiscales y terminaron enterándose de que deberán dejar sus despachos para ir a trabajar a los barrios. El 90% de los fiscales está en desacuerdo con esta medida, porque asegura que su presencia allí no reducirá los índices de seguridad y no mejorará las investigaciones como se quiere hacer creer.

El patagónico les robó la astucia a los porteños. Les abrió a los fiscales las puertas de la Casa Rosada y les brindó el Salón Blanco, todo un símbolo institucional. Había que ver la felicidad de ese centenar de fiscales por ser parte de ese histórico sitio, escenario de juras de presidentes, ministros y secretarios. Si hasta algunos imaginaron que el Presidente los había convocado para formar parte de «la nueva generación» que ayudaría a terminar con la vieja justicia y pondría las bases de una nueva. Un pensamiento inspirado, quizá, por el contacto que algunos de ellos mantuvo aquí con el fiscal criminal de la Procuraduría General de Milán italiano, Gerardo Colombo, uno de los impulsores de la investigación conocida como «mani pulite» (manos limpias).

La cita era a las 17.30, pero con el transcurrir de los minutos la «happy hour» comenzó a desvanecerse. Para las 18.30 los fiscales estaban convencidos de que Hebe de Bonafini tenía más acceso al Presidente que ellos.

Las sonrisas desaparecieron, las mujeres fueron perdiendo el maquillaje y los hombres fueron acabando sus cigarrillos. Del interés del acto se pasó al interés por los resultados del fútbol, en especial, River Plate y, obviamente, el puntero del campeonato, Boca Juniors. Alrededor de las 18.45 alguien trajo el rumor de que el Presidente estaba aún en Olivos y que llagaría las 19.30. La fiesta se terminó. Los menos pacientes optaron por abandonar el Salón Blanco y regresar a sus hogares o cumplir con otros compromisos. Así lo hicieron el ex ministro de Justicia León Arslanian y el ex ministro de la Corte Héctor Masnatta, a quien seguridad de presidencia pretendió dejarlo en espera en la vereda de la Casa de Gobierno. Obvio, el ex juez se enojó y se fue a su casa. Otros intentaron hacer mutis por el foro, pero alguien les «aconsejó» quedarse.

Finalmente, Kirchner y su troupe llegó a las 19.35. Estaban el procurador general de la Nación, Nicolás Becerra; el ministro de Justicia, Gustavo Béliz; el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; y el jefe del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra.

Arrancó el discurso
Becerra anunciando la creación del Instituto de Postgrado Universitario de Fiscales de la República Argentina. Y cuando los futuros estudiantes se aprestaban a conocer más sobre el pomposo proyecto, de boca del procurador salió disparada la odiada consigna «vamos a descentralizar las fiscalía. Los fiscales van a estar más lejos de los jueces y más cerca de la gente. Vamos a llevar las fiscalías de los barrios».

• Miradas

Azorados, los fiscales intercambiaban cómplices miradas. Algunos se ahogaron de tanto contener la respiración y otros estrujaron sus cabellos. Casi nadie escuchó lo que decía un Becerra que se esforzaba por convencer a sus subalternos de las bondades del plan que sólo será para los barrios porteños. Menos aún escucharon el discurso del presidente Kirchner.

¿Y qué piensa del plan?
, preguntó este diario.

«¿Qué pienso? Pienso que nos empaquetaron a todos»
, dijo un fiscal y se alejó de la Casa Rosada casi corriendo.

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