Néstor Kirchner se muestra celoso por mantener una retórica favorable a la división de poderes y al respeto a las autonomías institucionales, al menos en lo que respecta a la Justicia y el Congreso. Sin embargo cometió un desliz en relación con otra institución, el Banco Central. Fue al hablar de que «me gusta un dólar de 3 pesos». Desde el punto de vista legal, no le corresponde al Presidente y tampoco al ministro de Economía (Roberto Lavagna) la fijación de la paridad cambiaria sino al Banco Central, que goza de autonomía. La independencia del Banco Central parece ser una conquista de los últimos tiempos pero que, como tantos otros dirigentes, Kirchner todavía no percibió: no es culpa suya, seguramente, sino de los automatismos que introdujo en la Argentina la convertibilidad y la ausencia de política monetaria.
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