8 de octubre 2004 - 00:00

Bielsa arriesga puesto por hablar

Imperdible situación de diván: Rafael Bielsa casi descarrila en el reportaje que dio a la oficialista revista «Debate» cuando ensayó un apunte de lo que antes se llamaba «filosofía de la historia». Le preguntan sobre la « latinoamericanización» de la Argentina y encuentra un argumento que nunca podría salir de un kirchnerista: la decadencia del país comenzó en 1930, con el golpe conservador de Uriburu. Con el énfasis de un converso, el canciller explica que aquel militar «se carteaba con Bismarck, le gustaba tomar copas con putas en el Ritz y era nacionalista. Dio un golpe y liquidó sesenta años de democracia argentina».

Esa tesis la podría suscribir un Carlos Escudé, un Rosendo Fraga, un Isidorito Ruiz Moreno o un Juan Archibaldo Lanús, que escribió un libro sobre esa cuestión. Pero jamás un trabajador de la cultura del campo popular, como le gusta a Bielsa calificarse, quien además está anotado para representar al kirchnerismo en las elecciones a diputados nacionales del año que viene. El peronismo en que abreva Bielsa cree que con ese hecho -donde actuó el capitán Juan Perón-comenzó una era de paz y prosperidad que culminaría en octubre de 1945. En la charla insiste en la boutade de que «es una bendición no importarle la Argentina a los E.UU.», avala una opinión de Elisa Carrió - ¡anatema! para el gobierno - y jura que Kirchner será su último jefe.

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