25 de octubre 2005 - 00:00

Bielsa empezó el ajuste de cuentas tras suma de errores

«Fue un buen resultado, aunque lamento no haber interpretado mejor lo que mis conciudadanos esperaban. Seguramente se debe a mi inexperiencia porque la verdad es que no me faltó apoyo de nadie.» Este ajustado balance lo ensayó ayer por «Radio 10» Rafael Bielsa, oportunidad en la que dio otra muestra de la falta de experiencia: «Tuve que cargar con historia reciente del justicialismo», se quejó. El dardo fue hacia el único sostén partidario que tuvo durante la campaña y contra quien siempre ha creído que conspiró contra su suerte, el jefe de Gabinete y presidente del PJ de Capital, Alberto Fernández.

En la hora de la derrota, donde es más fácil ser magnánimo, el canciller ahondó esa herida que, es cierto, ha sido una de las causas del tercer lugar que logró en el distrito que más le importaba a su Presidente después de Buenos Aires.

Tenía razones para estar herido ya que Cristina de Kirchner no lo mencionó en el discurso de la victoria -lo había hecho Mauricio Macri con Ricardo López Murphy, también un socio perdedor- y lo marginaron a una conferenciade prensa auxiliar en el Hotel Intercontinental cuando el Presidente, su esposa, Daniel Scioli y otros allegados ya se habían retirado.

Estos chisporroteos son comprensibles y hay que registrarlos porque la elección de Bielsa será en efecto estudiada en el futuro como una suma de desaciertos, algo que agranda la dimensión de lo que se jugaba el oficialismo: Capital Federal es el distrito para el cual Kirchner inventó eso que llamó el transversalismo como estilo de gobierno.

La derrota, claro, no es la primera de cara a ese padrón: lo reconoció en abril de 2004 al producirse el efecto Blumberg: «Creí que a la ESMA iban a ir 300 mil y a la marcha de Blumberg 6 mil; terminaron yendo 300 mil a lo de Blumberg y 6 mil a la ESMA».

Conocer el distrito Capital no es fácil y menos cuando se lo aborda desde estereotipos propios de un turista más que de un político. De otro modo el oficialismo que hizo la campaña de Bielsa -en orden de responsabilidades Kirchner, Alberto Fernández y recién después el candidato- hubiera evitado estos desaciertos:

• El cálculo del macrismo era elemental: para ganar bastaba con mantenerse en la franja de 27/30% de votos propios y trabajar para que el resto de los candidatos se mantuviesen en disputa hasta el final. Todo voto que cediese Bielsa lo ganaría Carrió y viceversa; la clave era evitar que alguno de éstos no «volcase» y le dejase sus votos al otro para polarizar con Macri. En ese caso, Bielsa o Carrió ganarían la elección por acumulación de todo el voto de centroizquierda. Es el mismo cálculo que lo hizo ganar en 1993 a Erman González la elección a diputados nacionales con 32,59%: logró mantener a sus adversarios de la UCR (Martha Mercader, 29,99%) y del Frente Grande (Chacho Alvarez, 13,65%) con alta intención de voto disputándose la franja opositora al gobierno de Menem. Lo mismo debía lograr esta vez Macri con Bielsa y Carrió, y lo logró.

Cualquier manual de marketing electoral indica que un candidato debe dedicarse primero a consolidar el voto propio y después salir a buscar el voto ajeno. Eso le indicaba a Bielsa que debía ir a apoderarse del voto de centroizquierda que se referenciaba en Elisa Carrió. Para eso le sobraba -aún más, llegó a 33% de los votos-, discurso para complacer al voto arista. Bielsa, por el contrario, dedicó el primer tramo de la campaña a hostigarlo a Macri, un hombre que se marcó una estrategia blindada a ese tipo de ataques: perder no más de 10 puntos de los 37,55 de su mejor elección anterior ( primera vuelta el 24 de agosto de 2003 contra Ibarra) y forzar a sus adversarios Bielsa, Carrió, La Porta y Zamora a disputarse 53,48 de la mejor elección de sus adversarios (es lo que sacó Ibarra en la segunda vuelta que lo reeligió el 14 de setiembre de aquel año como jefe de Gobierno). Cuando Bielsa se acordó de salir a combatirla a Carrió ya era tarde. Fue en los últimos 15 días y cuando el gobierno se enteró de lo obvio: que 27/30% del voto que lo hacía ganador a Macri era inamovible como piso y, en el mejor de los casos, como techo.

• La última semana fue desastrosa a ese respecto con la denuncia de Daniel Bravo sobre la cuenta de Enrique Olivera. La denuncia perjudicó a Carrió pero los votos que ésta pueda haber perdido no fueron a Bielsa sino a otras franjas del voto de centroizquierda. El dardo lanzado por el gobierno la hizo retroceder a Carrió a la imagen airada que había abandonado en gran parte de la campaña. Acompañada de un moderado como Olivera había alcanzado un aura de «normalidad» muy grata a un electorado como el porteño, proponiendo una rebelión pero ahora con límites. No sólo esa reacción le hizo perder votos: la denuncia le dio a Olivera una visibilidad que hasta ese momento no tenía en la campaña. Se había limitado a mostrarse junto a Lilita y a trabajar en silencio la artesanía electoral en los barrios. Que Olivera apareciera bajo los focos hizo que un sector del electorado que adhería a Carrió por razones ideológicas se sintiera agredido. Desnudaba esa mezcla de convicción y oportunismo que tenía la fórmula CarrióOlivera. Ese electorado migró más hacia la izquierda, no hacia Bielsa, a quien ese mismo electorado lo señaló como autor de una maldad imperdonable. Ese efecto prueba que Olivera sacase menos votos que Carrió (20,66 % y 21,89 %, respectivamente).

En la columna de los desaciertos debe anotarse también la hoja de ruta de la campaña de Bielsa. Eludió cultivar los barrios adonde podía recolectar más votos. Nunca hizo actos en Belgrano, Palermo, Las Heras o Pilar, adonde habitan casi 600 mil electores y donde el discurso del gobierno no es repudiado del todo, por eso Macri moderó su estilo opositor. Se podía recoger allí muchas más adhesiones que en Villa Zavaleta, adonde Alberto Fernández y Bielsa se exhibieron con Kirchner, una villa con 8 mil habitantes la mayoría de los cuales son extranjeros o marginales que no votan. Con razón, Kirchner mismo evitó el último día de campaña insistir en la Villa 20. En todas las villas de la Capital viven cerca de 110 mil personas, es decir que nunca serían clave de un resultado electoral. Con la misma impericia eludió actos de cámaras empresariales o universidades. Un ejemplo, la cena en el Hotel Hilton de las cámaras hoteleras reunió hace 10 días a 1.500 personas; en la cabecera estuvieron dos políticos que conocen el distrito como Aníbal Ibarra y Daniel Scioli. Bielsa ni se disculpó por la ausencia.

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