Entre lo mucho que se ha escrito acerca del retiro (parcial) de Fidel Castro del poder en Cuba, figura un agradecimiento de la señora Hebe de Bonafini bajo la forma de solicitada. «Gracias, Fidel, por todo», dice la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
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«El rol de la Unión Soviética en la defensa de (la dictadura) argentina es bien conocido entre los expertos en derechos humanos; menos conocido es el apoyo que dio Cuba al gobierno militar», escribe Kezia McKeague, investigadora del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), en un trabajo publicado en 2006 sobre el papel cumplido por la delegación cubana ante Naciones Unidas durante los años de la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983).
Según el entonces embajador argentino en Ginebra, Gabriel Martínez, el papel de Cuba fue clave para evitar que el régimen de Jorge Rafael Videla fuese condenado por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. No fue un rol pasivo, sino que La Habana llevaba la delantera en la tarea de reclutar votos favorables al régimen de facto argentino entre los países no alineados. Es decir que, mientras los hijos de Hebe de Bonafini y sus camaradas eran perseguidos a muerte en la Argentina, Fidel Castro se ocupaba de evitar que el régimen de Videla fuese importunado con incómodas preguntas acerca de la brutal represión que estaba aplicando en el país.
«¿Por qué un régimen comunista apoyó a una junta militar fervientemente anticomunista, cuyo principal objetivo era eliminar la subversión de izquierda?», se pregunta con toda lógica Mc-Keague. Pero la investigadora equivoca la respuesta cuando atribuye esa conducta a que Cuba no quería hacerles a otros lo que no deseaba que le hiciesen luego a ella.
La verdadera razón es otra. Desde la crisis de los misiles de 1961, la política exterior cubana quedó totalmente subordinada a los intereses de la Unión Soviética, lo que contradice la creencia de los simpatizantes del régimen cubano de que la isla es independiente desde la Revolución de 1959. A esa subordinación debe Castro su supervivencia.
Socio comercial
En 1976, Moscú era un socio comercial privilegiado de la dictadura argentina. Esto se acentuó cuando Estados Unidos dictó un embargo contra la Unión Soviética por la invasión a Afganistán: el régimen de Videla lo desconoció y siguió proveyendo a Moscú de todo el cereal que necesitaba.
En consecuencia, el bloque soviético, Cuba incluida, debía abstenerse de cualquier condena a la dictadura de Videla. Pero los testigos de esos tiempos parecen afectados de amnesia. Por citar un caso, Eduardo Sigal, hoy subsecretario de Integración Económica de la Cancilleríakirchnerista, que aquellos años era miembro del Partido Comunista argentino, recordó, también en ocasión de la renuncia de Fidel, que «la primera vez que estuve en Cuba fue en plena dictadura militar». Sigal no se siente en la obligación de explicar cómo podía viajar libremente hacia un país comunista desde una dictadura de derecha. Es que, mientras cientos de argentinos eran secuestrados y asesinados, el PC local, también subordinado a Moscú, enviaba delegaciones al mundo con la misión, entre otras cosas, de explicar que Videla era en realidad una «paloma» (sic) y que había que apoyarlo para evitar que el gobierno cayera en manos de los «halcones».
Por aquellos años, los familiares y amigos de los desaparecidos argentinos penaban para ser escuchados en los foros internacionales. El principal obstáculo era el accionar de todos los partidos comunistas del mundo -incluido el cubano- que tenían un importante peso en los organismos de derechos humanos y trababan todas las denuncias para evitar que se cortase el suministro de cereales argentinos hacia la Unión Soviética.
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