El miércoles 19 de mayo de 1976, a pocos días del 24 de marzo cuando se cumplirían los dos primeros meses del golpe de Estado militar que derrocó a la presidenta constitucional de la Nación María Estela Martínez de Perón e inició el régimen de facto llamado luego el Proceso militar, hubo una reunión en la Casa Rosada. Más exactamente un almuerzo con el presidente de la Nación de facto, el general Jorge Rafael Videla, quien luego, en los '80, sería juzgado con otros miembros de las juntas militares durante la gestión de Raúl Alfonsín y condenado a cadena perpetua -junto con Emilio Massera- por los excesos de la represión que en número oficial costó 12.000 vidas de subversivos. En aquel almuerzo participaron, junto con Videla, el mayor escritor argentino del siglo XX Jorge Luis Borges; Ernesto Sabato, ingeniero, comunista declarado en los años '30 y hoy el más famoso escritor nacional vivo; el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), Horacio Esteban Ratti, y el literato Leonardo Castellani. Junto con Videla participó también otro general, José Villarreal, secretario general de la Presidencia. Jorge Luis Borges siempre fue conservador, liberal y crítico del peronismo. Ernesto Sabato exhibía su pasado comunista, el olvido de la física por la literatura y adquiriría un importante papel pocos años después al elaborarse el libro «Nunca más» por una comisión que él presidía. Ese libro incluía todo lo actuado y expresado en el juzgamiento de las juntas militares del Proceso y de lo que allí inicialmente surgía, unos 6.000 desaparecidos. Sabato fue desde la caída del régimen militar anticonstitucional (de 1976 a 1983) un severo crítico del Proceso, además de dirigir el lanzamiento del «Nunca más». Tenía antecedentes de funcionario en otro régimen militar, el de 1955 que derrocó a Juan Perón y lo designó interventor en la revista «Mundo argentino», estatizada.
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La historia, sin embargo, suele hacer zancadillas a muchos hitos que, en el caso de que pertenezcan al mundo de la cultura, suelen diluirse ante la magnitud de su obra. Fue el caso de Picasso, por ejemplo, durante su sospechada convivencia con el régimen nazi que dominaba Francia, que vivió en París sin ningún problema durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Derrotado el nazismo, Picasso se asumió marxista en París y duro crítico del régimen nazi, pero ya terminado. Volvía, ideológicamente, al final de los años '30 en España, donde quedó horrorizado por un bombardeo impiadoso y sangriento del fascismo italiano y el nazismo alemán sobre un pueblo desarmado llamado Guernica. Tanto lo horrorizó que adaptó un cuadro de grandes dimensiones que venía pintando en honor de un torero que admiraba y resultó muerto en una corrida. De esa adaptación nació una de sus más famosas obras y crítica del nazismo, el «Guernica», aunque conviviera luego con esa ideología extremista en París. Pero, ante la tremenda trascendencia de la obra de Picasso, ¿quién se acordaría de ese tropezón ideológico, siendo un genial pintor? La obra de Sabato, en el género literario, dista de la cúspide que alcanzó la pintura y otras formas de arte de Picasso, pero ha sido importante en la literatura argentina. Claro, revolver en estos días el pasado expone a lacras a algunas de las figuras hito hoy de la izquierda local.
Veamos algunas declaraciones tras aquel recordado almuerzo y sobre el golpe de Estado militar del 24 de marzo de 1976 que en estos días fue evocado por el gobierno de Néstor Kirchner como una aberración en cuanto a muertes que produjo, pero menos criticado por la pérdida de la democracia en estos trágicos años:
«Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país», dijo Jorge Luis Borges a los periodistas de Casa de Gobierno.
Declaró Ernesto Sabato: «Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria o ideológica. Tampoco caímos en el pecado de banalidades; cada uno de nosotros vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados». «Se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de una necesaria renovación de su cultura.» Luego agregó Ernesto Sabato: «El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente».
En 1978, Sabato -a dos años del Proceso militar- explicaba su posición en un artículo de la revista alemana «Geo»: «La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder (el 24 de marzo de 1976). Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos. Desgraciadamente, ocurrió que el desorden general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque, entre tanto, los crímenes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha». «Los extremistas de izquierda habían llevado a cabo los más infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes.» «Sin duda alguna, en los últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control.»
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