7 de febrero 2002 - 00:00

Cacerolazo a Ruckauf

Desvela al gobierno un mail que circula en estos días por la Red, y cuyo texto no contribuye a formarse una buena imagen de los modales del canciller Carlos Ruckauf. El mail, cuya veracidad se intenta comprobar, está firmado por más de 60 pasajeros argentinos, con número de DNI, que en el aeropuerto de Barajas, Madrid, esperaban la noche del 2 de febrero embarcar en el vuelo 1131 de Aerolíneas Argentinas con destino a Buenos Aires.

Cuentan los escandalizados viajantes que, en un momento, apareció el canciller con una acompañante, con el fin de abordar el mismo avión. Un pasajero, entonces, le gritó (poco cortesmente, es cierto) «ladrón y corrupto» -copiando los carteles de varias manifestaciones previas-, pero el ministro, que debería conservar las formas y no entregarse a exabruptos que seguramente habría condenado el conde de Chikoff, le respondió con el gesto del «fuck you»: dedo en alto con el puño cerrado. Un insulto que no sólo es indigno de un ministro, sino que, además, es extranjerizante, algo del todo impropio en estos días de pesificación (el histórico corte de manga, al menos, tenía raíces itálicas).

Sin embargo, los intercambios de gentilezas no habrían terminado allí: cuenta el mail que una mujer que acompañaba a Ruckauf, quien ingresó en un puesto de revistas, se detuvo y devolvió el improperio a quienes hacían la fila: «¡Ladrones! ¿Ustedes de qué se quejan?». O sea, la versión 2002 de «a ustedes no les va mal, gorditos».

•Cambio de vuelo

El sainete prosiguió con otro pasajero, que, a voz en cuello, gritó: «Nos da vergüenza viajar en el mismo avión que usted», a lo que el canciller respondió, saliendo del quiosco: «Entonces tomate otro, payaso». Cuentan los azorados turistas -si es cierto el mail-que, entonces, canciller y acompañante se refugiaron en el mismo puesto, y que se bajaron las persianas.

«Luego de este altercado -concluye el mail-, el canciller no viajó en dicho vuelo, sino que decidió cambiarlo a último momento, presumiblemente por un vuelo de Iberia, 40 minutos más tarde.» Los pasajeros se enteraron de eso cuando iniciaron un cacerolazo en vuelo con los cubiertos, palmas y cinturones de seguridad, y las azafatas salieron a calmarlos.

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