Calmante para el dolor duhaldista
Casi como un tiro en la nuca o, si se prefiere otra imagen menos violenta, apartados de la fila luego de haber ingresado en ella, se sienten hombres del corazón de Duhalde como Alfredo Atanasof o José Pampuro. Ellos, que construyeron a Néstor Kirchner, fueron avisados por él mismo de que no serán de la partida. La lista sigue, los esperanzados en continuar eran muchos más, pero el celo santacruceño por mostrarse libre de cualquier presión fuerza el retiro de aliados recientes como si fuesen casi enemigos. Bajo ese clima, hoy arde el duhaldismo. El jefe, mientras, no ofrece respuestas.
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«Gallinero», bautizó el fenómeno, con ironía y enojo, un hombre del Gran Buenos Aires anteanoche, durante la reunión del consejo del PJ bonaerense que cada martes se reúne en la sede porteña del peronismo de Buenos Aires sobre Avenida de Mayo, al lado del Café Tortoni.
«Siempre pasa lo mismo: se arma un gallinero alrededor de los ganadores», dijo alguien en la mesa que compartían «Manolo» Quindimil, Hugo Curto, José María Díaz Bancalari, Jesús Blanco, Patricio García, Graciela Giannettasio, Juan Amondarain y Mabel Müller, entre otros tantos.
El blanco móvil en el safari que empezaron los bonaerenses es el puñado de ex frepasistas que hace tiempo se arrimó a Kirchner aun antes de que Eduardo Duhalde, a pesar del recelo de muchos de sus capitanes, proclame al santacruceño como su candidato oficial; su delfín.
La queja continuó a la hora de la cena en Happening. Carlos Caterbeti, Alfredo Meckievi, Isidoro Laso, Bancalari, García y Amondarain, en otra mesa grande -muchos de los cuales deben lidiar con frentistas y ex frentistas en el Congreso-, retomaron la demonización.
Y la incomodidad se reeditó ayer, cuando los peronistas tuvieron que compartir el techo del Hotel Panamericano -donde Kirchner marcó su postura formal respecto de la renuncia de Menemcon una colección de frentistas como Darío Alessandro, Aldo San Pedro o Graciela Podestá.
Molestos, los duhaldistas veían cómo varios ex aliancistas desfilaban por la TV proclamándose ganadores mientras, reprochaban por lo bajo, algunos hace apenas pocos días -cuando la historia estaba casi definida-se sumaron formalmente a la fórmula Kirchner-Daniel Scioli.
En rigor, la falta de sintonía entre duhaldistas y kirchneristas puros -algunos como Sigal o Bielsa hace más de un año están colaborando con el sureño-no es nueva. De hecho, más de una vez, Kirchner, para compensar al PJ, incentivó el armado de un núcleo no peronista que prosperó a medias.




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