24 de agosto 2001 - 00:00

Campaña porteña se largó con una guerra de videos

El cierre de listas de candidatos para octubre (que verifica mañana a las 24) agitó hasta las manos ayer el ánimo de los legisladores porteños, que protagonizaron, una vez más, escenas de pugilato, insultos y cruce de agravios en el recinto y fuera de él. Las víctimas y agresores fueron de diversos bloques, desde los recatados belicistas hasta los peronistas, aliancistas y liberales.

Todo empezó cuando el titular del bloque radical, Cristian Caram, intentó revivir una vieja secuencia de episodios cinematográficos que complicó a legisladores años atrás, pero con la intención de mortificar a uno nuevo, Víctor Santamaría, ladero inseparable de Gustavo Béliz (también editor de films comprometedores), diputado porteño y sindicalista del gremio de porteros. A ese legislador un canal de televisión le dedicó el domingo pasado un programa en el que dejó sospechas sobre el manejo irregular de fondos del sindicato para un plan de viviendas y a Caram se le ocurrió que la película debía ser entregada a la Comisión de Etica de la Legislatura para que juzgue el comportamiento del legislador.

La picardía del radical tuvo dos actos: el primero ocurrió en el mismo instante en que comenzó a sonar la chicharra que llama a los diputados al recinto para sesionar. En esos momentos en cada despacho se enciende el Canal 98 del circuito cerrado de TV que transmite cada sesión, pero ayer en su lugar se pasó el video sobre Santamaría. Ya en el recinto Caram hizo la propuesta de elevarlo a la Comisión de Etica y esa moción encrispó, sorpresivamente, a la izquierdista Vilma Ripoll.

La legisladora, con sentido, lo consideró un acto de campaña, llamó mafioso a Caram y pidió entonces que si se emitía ese video se hiciera lo mismo con uno del hospital Santojanni, donde unas demoradas obras comprometerían a funcionarios radicales.

Para no ser menos, el solitario marxista Abel Latendorff se anotó para que mostrasen filmaciones propias «donde hay diputadas que duermen la siesta durante la sesión». El recinto comenzó a desordenarse y llegó a ser incontrolable la indisciplina de los diputados, algunos de pie, con comentarios entre ellos y la barra, que miraba la sesión con otras preocupaciones (pedían por empleo y viviendas). Igual hizo su discurso el ucedeísta Julio Crespo Campos, sobre reglamentos y cuestiones formales que también censuraban la actitud de Caram. Hasta ese momento conducía el debate Jorge Enríquez, de la UCR, que le pasó el mando al belicista Jorge Srur. Este ya no controlaba la sala, cuando desde la bancada peronista se pidió que se votara por pasar en la pantalla del recinto lo que estaba ocurriendo en ese instante en la Plaza de Mayo, es decir a cuarenta metros de la sesión, el enfrentamiento entre policías y colectiveros.

Refrigerio

La frepasista Vilma Ibarra pidió en vano a Srur que le explicara qué estaban votando, pero llegó la vianda de sanguchito y alfojar para repartir en las bancas y el presidente dio paso a un cuarto intermedio.

Crespo Campos
bajó de su banca y también Enríquez, a los que rodearon curiosos, asesores y diputados. El radical se ofuscó porque dice que el ucedeísta le complica las sesiones.

«Sos un boludito»
, le espetó y, antes de que la mano de Crespo Campos llegara a la cara de Enriquez, los condujeron hacia atrás del recinto, al salón que fue de Eva Perón, mientras el ucedeísta le tironeaba el pelo. «Parecés una colegiala», le gritaba Ripoll.

Allí se desató una trifulca de proporciones, que tuvo un alto vuelo político:
Crespo Campos -a quien sostenían Jorge Mercado y el frepasista Ariel Schifrin, con Caram de escudo para esquivar las trompadas que le lanzaba a Enríquez tomó el tintero en el que supo mojar la pluma Evita y se lo revoleó a su contendiente. Enríquez lo vio venir en el aire y en un quiebre de cintura a lo Nicolino Locche lo esquivó, pero quedó en el medio Schifrin y la pesada reliquia le dio en la espalda. «Gorila», refunfuñaba Mercado, al ver que se hacía añicos la base de mármol del antiguo tintero. Crespo le apretaba el cuello con una mano y Mercado hacía malabares para no posar las asentaderas sobre el escritorio histórico, toda una herejía para el peronista. Amontonados y enrojecidos, los legisladores no pudieron evitar el intercambio de trompadas en un round parejo que no dejó marcas físicas (salvo en la espalda de Schifrin) y que terminó al irrumpir en la sala Cecilia Felgueras. Se recuerda que la radical es vicejefa de Gobierno porteño y por lo tanto presidenta de la Legislatura. Trasformada en árbitro, tocó el silbato y retó a los desaforados diputados, justo cuando Enríquez, ya sin saco ni corbata, se remangaba la camisa. Algo de pudor les dio la dama, o quizá los inhibió que trascendiera el episodio, y retomaron la sesión.

Casi como para empezar todo de nuevo, la peronista
Juliana Marino reprochó: «Esto lo empezaron ustedes», dijo a la bancada que responde a Béliz, en alusión a la trayectoria cinematográfica de la casa. En realidad el primero en ese debut fue Aníbal Ibarra, cuando uno de su tropa -ahora funcionario jerárquico de la Ciudad-portó una cámara oculta para grabar a un radical que hablaba de retornos. La película recorrió despachos y canales, fiel al estilo frepasista y con la conducción de cámaras de Luis Moreno Ocampo. Luego incursionó Béliz en esa práctica, cuando escondido en el dormitorio de la casa de una auditora, filmó a otro radical que estaba a solas con la belicista en el living, hablando de esas cuestiones de porcentajes.

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