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Todo empezó cuando el titular del bloque radical, Cristian Caram, intentó revivir una vieja secuencia de episodios cinematográficos que complicó a legisladores años atrás, pero con la intención de mortificar a uno nuevo, Víctor Santamaría, ladero inseparable de Gustavo Béliz (también editor de films comprometedores), diputado porteño y sindicalista del gremio de porteros. A ese legislador un canal de televisión le dedicó el domingo pasado un programa en el que dejó sospechas sobre el manejo irregular de fondos del sindicato para un plan de viviendas y a Caram se le ocurrió que la película debía ser entregada a la Comisión de Etica de la Legislatura para que juzgue el comportamiento del legislador.
Crespo Campos bajó de su banca y también Enríquez, a los que rodearon curiosos, asesores y diputados. El radical se ofuscó porque dice que el ucedeísta le complica las sesiones.
«Sos un boludito», le espetó y, antes de que la mano de Crespo Campos llegara a la cara de Enriquez, los condujeron hacia atrás del recinto, al salón que fue de Eva Perón, mientras el ucedeísta le tironeaba el pelo. «Parecés una colegiala», le gritaba Ripoll.
Allí se desató una trifulca de proporciones, que tuvo un alto vuelo político: Crespo Campos -a quien sostenían Jorge Mercado y el frepasista Ariel Schifrin, con Caram de escudo para esquivar las trompadas que le lanzaba a Enríquez tomó el tintero en el que supo mojar la pluma Evita y se lo revoleó a su contendiente. Enríquez lo vio venir en el aire y en un quiebre de cintura a lo Nicolino Locche lo esquivó, pero quedó en el medio Schifrin y la pesada reliquia le dio en la espalda. «Gorila», refunfuñaba Mercado, al ver que se hacía añicos la base de mármol del antiguo tintero. Crespo le apretaba el cuello con una mano y Mercado hacía malabares para no posar las asentaderas sobre el escritorio histórico, toda una herejía para el peronista. Amontonados y enrojecidos, los legisladores no pudieron evitar el intercambio de trompadas en un round parejo que no dejó marcas físicas (salvo en la espalda de Schifrin) y que terminó al irrumpir en la sala Cecilia Felgueras. Se recuerda que la radical es vicejefa de Gobierno porteño y por lo tanto presidenta de la Legislatura. Trasformada en árbitro, tocó el silbato y retó a los desaforados diputados, justo cuando Enríquez, ya sin saco ni corbata, se remangaba la camisa. Algo de pudor les dio la dama, o quizá los inhibió que trascendiera el episodio, y retomaron la sesión.
Casi como para empezar todo de nuevo, la peronista Juliana Marino reprochó: «Esto lo empezaron ustedes», dijo a la bancada que responde a Béliz, en alusión a la trayectoria cinematográfica de la casa. En realidad el primero en ese debut fue Aníbal Ibarra, cuando uno de su tropa -ahora funcionario jerárquico de la Ciudad-portó una cámara oculta para grabar a un radical que hablaba de retornos. La película recorrió despachos y canales, fiel al estilo frepasista y con la conducción de cámaras de Luis Moreno Ocampo. Luego incursionó Béliz en esa práctica, cuando escondido en el dormitorio de la casa de una auditora, filmó a otro radical que estaba a solas con la belicista en el living, hablando de esas cuestiones de porcentajes.




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