18 de febrero 2002 - 00:00

Cardoso informó en Olivos sobre mensaje de G.W. Bush

Cardoso bromea con Duhalde
Cardoso bromea con Duhalde
Fernando Henrique Cardoso, el presidente de Brasil, llegó ayer a las 20 a Buenos Aires y se internó en la residencia de Olivos para mantener un largo encuentro con Eduardo Duhalde antes de que se inicie la Cumbre Extraordinaria de presidentes del Mercosur prevista para hoy. De ese encuentro participarán los mandatarios de Uruguay, Jorge Batlle; de Paraguay, Luis González Macchi, y de los integrantes del bloque ampliado, Ricardo Lagos (Chile) y Jorge Quiroga (Bolivia). Retomarán las conversaciones de diciembre del año pasado, cuando participaron de otra cumbre que se interrumpió por la caída de Fernando de la Rúa.

Celso Lafer, el canciller brasileño; Sergio Amaral, el ministro de Desarrollo e Industria, y Pedro Malan, el ministro de Hacienda, acompañaron a Cardoso y también participaron anoche de una comida en la quinta presidencial. Malan tiene agendada una reunión con Jorge Remes Lenicov para hoy a las 9.

•Agasajo

El presidente-sociólogo, además, tenía previsto pasar la noche allí y no en el palacio Pereda, sede de la embajada de su país. Un agasajo poco habitual de Duhalde a su colega, que hace tiempo viene reclamando reconstruir la relación bilateral de su país con la Argentina, al parecer desdibujada en la agenda del Mercosur.

Con sinceridad poco común, el embajador de Brasil en Buenos Aires, José Botafogo Gonçalves, explicó el sentido de la cumbre sudamericana: «La visita ayudará a transmitir a la comunidad internacional que el Mercosur apoya a este gobierno», que «no hay alternativa mejor que ésta» y que un eventual adelantamiento de los comicios, como se reclama desde algunos sectores de la dirigencia política -inclusive desde el PJ-«no ayudaría en nada, sólo complicaría porque abriría espacio para la politización de cuestiones técnicas que precisan ser resueltas de inmediato, como la salida del 'corralito'». El diagnóstico de Botafogo, aunque exprese su buena voluntad, no hace sino confirmar lo que Duhalde quiere desmentir: que el gobierno argentino es débil y requiere de una red internacional de contención. Por si hubiera que agregar dramatismo, algunos asesores de Cardoso insistían ayer en que «el presidente está muy preocupado con el mantenimiento de la democracia en la región».

Duhalde y su huésped llegaron a la reunión de ayer con un temario bastante preciso para discutir, por más que algunas de sus cuestiones fueran en exceso ambiciosas -por no decir fantasías-:

El primero de esos temas es el de la convergencia macroeconómica, que para los brasileños debería inducir a la construcción de una moneda común. Cardoso insiste con esta pretensión desde hace tiempo y cree ahora encontrar la hendija ideal para volver a filtrarla: la adopción del mismo signo monetario por parte de la Argentina y Brasil significa un golpe a la idea de dolarizar, que tanto ofende a los brasileños. Al cabo de la reunión de presidentes se anunciará, en línea con esa aspiración brasileña, la creación de un Instituto Monetario del Mercosur, que funcionará como instancia previa a lo que en Europa fue el Tratado de Maastricht, que sentó las bases de la convergencia macroeconómica previa al lanzamiento del euro (el proceso completo de integración llevó a los europeos más de 40 años).

Otra cuestión que estuvo anoche en la conversación entre Duhalde y Cardoso fue la ampliación del Convenio de Crédito Recíproco (CCR), un sistema de pagos de importaciones y exportaciones en el que las operaciones son liquidadas de banco central a banco central y que se estableció con la ALADI. El mecanismo destrabaría el comercio internacional en la región y beneficiaría a Brasil, que tiene tradicionalmente una balanza deficitaria con la Argentina. La idea de recurrir al CCR le fue sugerida a Cardoso por su amigo Sebastiao do Rego Barros (ex embajador en Buenos Aires y actual presidente de la agencia brasileña de control de la energía) no bien se dispuso el «corralito» bancario que paralizó las operaciones de comercio exterior.

Cardoso volvió también sobre otra de sus obsesiones: el establecimiento de cadenas productivas que articulen empresas argentinas con brasileñas en las distintas fases de elaboración y comercialización de un producto, atendiendo a la conquista de terceros mercados.

Duhalde, por su parte, insinuará la conveniencia de que se bajen algunos aranceles, herramienta para combatir casos de desabastecimiento o de descontrol en materia de precios. El gobierno brasileño tiene pensado conceder esa demanda, sobre la base de que existen cláusulas favorables a la baja de tarifas externas para bienes que no se producen en la región.

•Visión propia

Más allá del tratamiento de estos puntos concretos, Cardoso expuso anoche delante de Duhalde su visión sobre la crisis argentina (intentará hacerlo de manera más completa que la que permiten las conversaciones telefónicas: la semana pasada mantuvo tres con Duhalde). Le dijo que el principal problema es de ciclo económico y que sólo revertida la recesión se podrá pretender que se equilibren las cuentas públicas, es decir, que no tiene demasiada lógica insistir en programas fiscales rígidos como el que pretende el Fondo Monetario Internacional. A Duhalde estas ideas le sonaron como una música celestial pero Cardoso debió agregar: «Me temo que esta postura no es la que dominará en el Fondo. Aunque yo hablé con Bush y te puedo asegurar que él garantizará solidaridad política para que se consideren los problemas sociales del país».

Si ésta fue la agenda de anoche, la de hoy será también problemática. La dominará seguramente Batlle, el presidente del Uruguay, país cuyo sistema bancario es víctima del azote argentino con la caída de más de un banco. El Uruguay perdió la condición de «investment grade» a partir de esa corrida, calificación que le hubiera permitido un tratado de asociación con los Estados Unidos similar al que ese país negocia con Chile.

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