14 de junio 2004 - 00:00

Cardoso: "Se acabó el Estado dirigista"

Fernando Henrique Cardoso criticó ante el público del porteño Centro Borges su hipótesis de que la mayoría de los políticos irán al Estado con ojos del siglo XIX. El teórico de la teoría de la dependencia sancionó ahora que el Estado del siglo XXI no puede seguir haciendo una intervención dirigista.
Fernando Henrique Cardoso criticó ante el público del porteño Centro Borges su hipótesis de que la mayoría de los políticos irán al Estado con ojos del siglo XIX. El teórico de la teoría de la dependencia sancionó ahora que el Estado del siglo XXI no puede seguir haciendo una intervención dirigista.
De breve paso por Buenos Aires, el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso se hizo tiempo para recibir una distinción, para brindar una charla en la que dejó valiosas claves sobre la actualidad política latinoamericana (y, ¿sin quererlo?, argentina) y para dejarse rodear del respeto reverencial de los muchos que lo consideran un estadista de primer orden en la región.

Cardoso habló el viernes último sobre «Democracia, mercado e integración regional» en un seminario organizado por la Universidad de Tres de Febrero, que además le otorgó un doctorado honoris causa. Carismático y espontáneo, cautivó a la atenta audiencia de funcionarios públicos, empresarios, economistas y diplomáticos argentinos con conceptos que unieron su brillante formación académica y su experiencia de ocho años en el gobierno.

Al hablar de los cambios experimentados por el mundo en las últimas décadas, explicó, sin hacerla explícita, la parábola que recorrió su propio pensamiento, que fue de la izquierda pura hacia una más amable «tercera vía». Al referirse a la actualidad alertó, sugestivo, contra los liderazgos políticos excluyentes y anclados en una visión decimonónica de la relación entre el Estado y el mercado. A continuación, los principales conceptos de la disertación que brindó en el Centro Cultural Borges.

• «El mundo ha cambiado mucho, y los mercados tuvieron mucho peso en ello. En los años '60 y '70 colapsó la forma tradicional de crecimiento mediante la sustitución de importaciones. Esa visión más autárquica y tendiente a la autosuficiencia nacional implicaba la existencia de un Estado fuerte, competente y con una visión muy limitada por las fronteras nacionales.» Cardoso hablaba en general, pero en gran parte de la audiencia de argentinos quedó flotando más de una duda: ¿realmente en el país está claro que ese modelo es cosa del pasado?; ¿no estaremos ahora mismo supeditando buena parte del futuro de la reactivación sólo a la fijación de un tipo de cambio alto?

• «Con la crisis del Estado de bienestar, la caída del ahorro nacional y el aumento del endeudamiento público, el Estado ya no pudo seguir impulsando el desarrollo y descubrimos que era necesario acceder a otras fuentes de capital, que estaba en manos privadas y extranjeras. Se trató de un problema práctico debido a la crisis fiscal de los Estados y a la globalización que ya estaba en marcha», siguió Cardoso con su descripción histórica. ¿Estará esto también claro en una Argentina en la que parece volver a subestimarse el potencial del sector privado, limitando las posibilidades de inversión a las de un Estado que actúa como si fuera capaz de salir mágicamente de su debilidad?

• «Muchos aún no se percataron de que el Estado no puede seguir haciendo una intervención dirigista, no ven que el mercado existe y que lo que el Estado debe hacer es garantizar las reglas de juego y los contratos, velar por los derechos del consumidor. Se trata de un Estado más sutil. Esto todavía no está claro entre nosotros. No aceptamos este juego de redes, que más allá de nuestra visión sencilla todo es más caleidoscópico. Todavía pensamos con categorías del siglo XIX.»

• Hablando de su país, pero aludiendo más que obviamente a la Argentina, señaló que «el desarrollo no se alcanzará sólo en base al mercado brasileño, que por más grande que sea es demasiado pequeño. Las inversiones a gran escala requieren grandes mercados. Se dice que Brasil tiene 175 millones de habitantes, pero de ellos sólo 75 millones son consumidores de un nivel razonable. El mejor ejemplo es la industria automotriz, que hoy tiene una capacidad de producción de 3 millones de unidades por año, pero el mercado interno, si está bien, absorbe algo más de 1,5 millón. Es necesario exportar». * «En Brasil, cada nuevo presidente se siente Pedro Alvarez Cabral, el descubridor del país. No hay una tradición de continuidad de políticas», recordó poniendo el dedo en una llaga que no nos es ajena.

• «Cuando alguien gana el derecho al mando, aunque haya obtenido millones de votos -como me pasó a mí-, tiene que entender que la validez de sus decisiones no puede basarse solamente en esa legitimidad. Cada día hay que validar ese mandato. La deliberación de las medidas tiene que ser amplia. La democracia exige otro tipo de liderazgo, más abierto, en el que las decisiones se tomen contemplando visiones que vayan más allá del estrecho círculo del gobierno». También esta frase hizo volar pensamientos entre los argentinos presentes.

• En referencia al Mercosur, recordó con humor su primera visita de Estado a Alemania.
«Me encontré con el entonces canciller Helmut Kohl, un hombre muy positivo, imponente, físicamente grande. Me habló de su compromiso con la integración y me lo explicó con un solo concepto: el horror a la guerra. El mismo había perdido familiares en la guerra con Francia y había sido educado en el odio a lo francés, pero se dio cuenta de que si no cambiaban las cosas, también él moriría en una guerra. Luego me dio un consejo para el Mercosur: 'Francia y Alemania se unieron, son el eje de la Unión Europea -me dijo-. ¡Pero Alemania es más fuerte, más rica, más poblada y debemos ser generosos. Usted tiene que hacer lo mismo en el Mercosur! (risas)'. En realidad, nunca tuve que ser tan generoso como él porque Brasil no es más fuerte que la Argentina.»

• «La integración supone la formación de un conjunto de instituciones y valores. Pero el mercado no está al margen. La voluntad de integración tiene como estímulo real y concreto al mercado en un sentido amplio: como intercambio y producción de bienes.»

• «Otro problema de la integración es la interconexión burocrática, que en Europa es más fuerte de lo que se imagina y que en el Mercosur aún no. Recuerdo una anécdota de esto. En una de mis visitas como presidente a Uruguay recuerdo que todo marchaba perfecto hasta que un funcionario del Banco Central de mi país firmó una resolución que afectaba seriamente a los uruguayos. Nadie lo iba a creer, pero yo ni sabía que se iba a tomar esa medida, y el que la firmó no debía ni saber que yo estaba en Uruguay. Eso no pasaría si hubiera integración entre las burocracias de los países. Acá se da una crisis cambiaria y ya dejamos de ser ' mercosuristas'. La integración se da por el impulso del mercado y de la voluntad de los gobernantes, pero ésas no son fuerzas suficientemente potentes sin el apoyo de las burocracias.»

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