"Vamos a ver si el domingo gana el voto 'Clarín' o el voto conciencia; si triunfan los candidatos de la Bolsa que votan las tapas de los diarios o la gente que nos sigue en las calles", desafió anoche Elisa Carrió, durante una arenga en masa a fiscales del ARI.
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La Federación de Box, tradicional escenario del PJ metropolitano o de expresiones selectas de la izquierda criolla (verbigracia, el PO) en el barrio porteño de Almagro, estaba colmada con 3.000 simpatizantes que recibieron a la candidata presidencial con cánticos surtidos. «Yo te daré, te daré, Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con C, Carrió», alentaban desde el VIP una exultante María América González (creadora del «Rinconcito de los jubilados»), más sus colegas diputados Irma Parentella, Elsa Quiroz y Eduardo Macaluse, y su tocayo Eduardo Jozami. «Si el resultado es adverso -adoctrinó a los fiscales-, habrá que aceptarlo porque ésta es la primera batalla.» «No se amedrenten porque van a aparecer patotas y dinero; al lado de ustedes, estarán los que van a recibir de sus partidos comidas maravillosas: traten de comer algo, pero -por las dudas- llévense un sandwich de mortadela», aconsejó en tono familiar.
Llamó la atención el trabajo artesanal del merchandising de campaña -en la puerta, vendían prendedores del ARI a $ 1, confeccionados a mano por damas de Berazategui-, y la escasez de recursos: de las tribunas pendía un cartel algo desactualizado que rezaba «Carrió presidente, Rivas diputado», en alusión al legislador del Partido Socialista que rompió con el ARI en octubre.
Tanto ahorro afectó sobre todo a Gustavo Gutiérrez, el vice conservador, que no consiguió mención en marquesinas, aunque podrían haberle regalado, por lo menos, una consigna desde las barras. Es cierto que, bajo un traje gris con camisa blanca y corbata, el atildado hombre del PD de Mendoza parecía bastante ajeno a la postal bulliciosa de una movilización de nostálgicos del PI de los '80 y del Carlos Chacho Alvarez de la década siguiente. Igual, Gutiérrez cumplió con el rito de sonreír ante la multitud y de mostrarse inseparable de «Lilita», sin disputarle el monopolio de la palabra. Un vice hecho a medida.
La jefa espiritual llegó, como de costumbre, una hora tarde a la cita en la Federación de Box. «Perdónenme», se excusó ante los movileros que la esperaban apretujados en un cuarto de 4 metros por 2, contiguo al salón principal. «Los fiscales -comenzó sin dejar de mirar las cámaras de TV- tendrán una tarea heroica: custodiar la dignidad nacional». Ante una pregunta, contestó sin hesitar: «Tenemos fiscales en todo el país». «Lilita» se sobresaltó cuando le preguntaron por el crecimiento de Ricardo López Murphy.«Yo hablé con los wichis y me reconocieron que lo conocen muy bien», ironizó. Desopilante, terminó de dar rienda suelta a la vena humorística cuando lo interrogaron sobre qué va a hacer el primer día en el gobierno. Obviamente, si gana el domingo. «Me voy a peinar y hacer el brushing», contestó con una sonrisa maternal. Desde lo alto, una foto olvidada del pastor Jiménez, otro habitué del predio, le devolvió el gesto con ecuménico misticismo. «Las portadas de los diarios están en contra nuestra», reflexionó. «Pero -siguió con el previsible monólogo- así es la lucha contra el régimen». Aludió al fraude, si bien de manera elíptica. «Entre el boca de urna y los resultados, los votos quedarán en manos de Eduardo Duhalde; esperemos que el Presidente se haga responsable», se plantó.
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