14 de agosto 2002 - 00:00

Carrió también molesta con su propio internismo

«Dicen que no tenemos propuestas», se quejó Elisa Carrió delante de legisladores nacionales y provinciales del ARI, durante un plenario a puertas cerradas en una sede sindical. Lejos de percatarse de la similitud de esa frase con la que popularizó Fernando de la Rúa en el '99 («dicen que soy aburrido», admitía en un spot televisivo el renunciante presidente), «Lilita» arengó anteayer a la tropa del Congreso a trabajar en su programa de gobierno.

«Hay que contrarrestar esa falacia de que no tenemos plan: por eso, les pido que cada uno de ustedes -de acuerdo con las comisiones parlamentarias en las que trabajanse ponga a organizar grupos de trabajo y que elaboren bate-rías de iniciativas», insistió con tono maternal la jefa espi-ritual del movimiento que animan socialistas, más chachistas, justicialistas y radicales desencantados.

Fiel a su estilo, dedicó varios retos a la heterogénea platea reunida en el local porteño del personal aeronáutico.

«Yo comprendo que ustedes vienen de diferentes experiencias políticas, pero no podemos darnos el lujo de dedicarnos al internismo en medio de esta gravísima crisis», dedicó «Lilita» la primera filípica al auditorio, conformado por los ex duhaldistas Mario Cafiero y Rafael Romá; Alfredo Bravo, Jorge Rivas, Rubén Giustiniani y Oscar González (PS); los antiguos laderos de Carlos Chacho Alvarez, Graciela Ocaña, José Vitar, Eduardo Macaluse y Marcela Bordenave; la intransigente Lucrecia Monteagudo de Cardesa; y las radicales desafiliadas Marcela Rodríguez y Laura Musa, entre otros.

El mandoble a los internistas, del cual nadie se hizo adjudicatario, parecía tener tantos destinatarios como asistentes. La mayoría de ellos -a excepción de la líder que ya superó el trance- vienen de la vieja política y están acostumbrados a pelear por cargos y candidaturas. Carrió no quiere repetir -dice-esos vicios de los partidos tradicionales, razón por la cual sólo admite la posibilidad de boleta única, y con ella a la cabeza.

Todos los participantes coincidieron en que el disgusto de «Lilita» fue provocado por comentarios que recogió en sus giras de campaña por el interior. En varios distritos, se habría enterado de las pujas domésticas entre los socios debutantes del partido del ARI, todavía en proceso de reconocimiento. Por supuesto, no escasean ciertos resquemores con los reunificados socialistas locales, hasta ahora único respaldo legal de cara a los comicios.

Por si faltaran conflictos en el interior, se sumó otro, más que inesperado. Hasta ahora, nadie se había animado a desafiar a Carrió a tal extremo. Al menos, domésticamente. Un antiguo «puntero» del socialismo democrático de la localidad bonaerense de Chacabuco acaba de anunciar que pretende disputar la candidatura presidencial del ARI con la creadora de esta sigla, lo cual rompería la lista única. Se trata de Oscar Gómez Coutrix, pintoresco ex concejal de esa comuna entre 1995 y 1999.

Gómez Coutrix, a quien sus vecinos conocen porque arregla televisores a pocos metros de la plaza de la ciudad de Chacabuco, es un consuetudinario aspirante a la primera magistratura. En 1989, remitió a varias redacciones de medios nacionales sobres con una foto carnet en blanco y negro, para promocionar su testimonial nominación. Su apogeo se produjo cuando el cacique radical de la zona, Osvaldo Rodrigo (ex intendente y factótum del diario «De Hoy»), lo incorporó a las listas de concejales de la UCR, en el '95. Dos años más tarde, reveló Rivas a este diario, se lo expulsó del socialismo democrático, razón por la cual no podría forzar una interna abierta en el ARI. Curiosamente, lo echaron por haberse pasado al radicalismo, el camino inverso de «Lilita».

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