«En Buenos Aires hay mucha clase media tilinga.» Cuando aún no había redoblado su apuesta contra su detención «política» con una huelga de hambre, Raúl Castells, preparándose para una larga estadía en el Chaco, arremetió contra los porteños y bonaerenses y anticipó que su plan era quedarse, no volver a la Capital Federal.
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Y, finalmente, parece que así será: el líder piquetero, que espera el desenlace de un juicio en Resistencia por el copamiento de un casino, ratificó que convertirá a la capital chaqueña en su territorio político y personal porque se quedará a vivir en esa ciudad.
Esa decisión define, además, un cambio de estrategia. El nuevo objetivo del jefe del MIJD es pelear con su partido piquetero la gobernación del Chaco en las elecciones de 2007. Por falta de tiempo de residencia, él no podrá ser candidato a ese cargo. Pero, en cambio, podrá convertirse en ministro. Y eso es lo que proyecta Castells: que un dirigente de su partido compita y desplace al gobierno radical de Roy Nikisch y luego lo designe como superministro responsable de las áreas de Trabajo y Desarrollo Social. «Más allá de lo que resuelva la Justicia, ya tomé la decisión de quedarme a vivir en el Chaco», avisó Castells y explicó que «es una inmensa alegría vivir en esta provincia y trabajar por los más pobres y olvidados del país».
• Estrategia
Actualmente, Castells -con permiso judicial-vive en una vivienda del barrio Che Guevara, un humilde asentamiento en las afueras de Resistencia. Ese será, dijo, su domicilio particular en adelante.
Y desde su comando político empezará a definir la estrategia política para «disputar el gobierno provincial a la UCR».
Pero no perderá de vista su armado en el resto del país. De hecho, el viernes pasado, en Ezeiza, Nina Peloso lanzó su candidatura a senadora nacional por Buenos Aires. Es decir: su mujer salió en busca del «voto tilingo».
La subastadora Christie's de Londres debió retirar de su próxima y espectacular subasta de reliquias cinematográficas, que tendrá lugar el 12 de diciembre, el auto espacial Moon Buggy que Sean Connery, como James Bond, había usado en el film de 1971 «Los diamantes son eternos». El vehículo, que iba a salir con una base de 56.000 dólares, pertenecía a Graham Rye, quien en su momento fue editor de la revista «007», y que se publicaba en los años de mayor esplendor del personaje creado por Ian Fleming.
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